Sin dudad las labores que está realizando el general Francisco Sánchez González al frente de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) para combatir la corrupción son un acierto. Ahora, de lo que se trata, es de que se piense en la formación de quienes buscan ser los garantes de la justicia.
Los hechos recientes, como la baja del entonces director de la Policía Auxiliar, Alejandro Ramírez Ulloa, puso al descubierto como todavía existen estructuras rancias que no se alinean a la nueva forma en la que se hace gobierno.
Dicho elemento habría sido dado de baja por presuntos actos de corrupción, puesto que fue denunciado en redes sociales por cobrar moches para “brincarse” las pruebas de control y confianza.
Desde entonces, Sánchez González puso manos a la obra para combatir la corrupción al interior de la SSP, puesto que no de no hacerlo, solo se afectaría a estructuras de la democracia del país.
Por ello, es un acierto está decisión, que los mando de la Policía Estatal se estén rotando periódicamente. Esto no solo permitirá que las malas prácticas no se instalen en una región, sino que, además, permitirá saber si esas malas prácticas ya estaban ahí o cuál es su origen.
Encima, generará una competitividad interna sana para incrementar sus resultados. Y también coadyuva a que los mandos de la Policía Estatal no generen vínculos con grupos delictivos.
Solo falta mirar a las academias, a los lugares donde, desde jovencitos, la autoridad implementa formas de impartir la justicia de una manera muy cruenta y voraz. Sin duda, poner el dedo ahí sería más que primordial.





