Es un acierto que el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, reivindique el trabajo y la labor comunitaria para mantener limpios los accesos a los municipios con el programa de faena comunitaria. Esto implica que los funcionarios y diputados, entre otros, dejen el escritorio.
Hasta el momento, se han realizado siete ejercicios de este tipo, en los cuales incluso un alcalde fue reconocido por fomentar esta labor. Más allá de la viralización en redes, es necesario analizarlo desde una perspectiva más amplia.
¿Cuándo habíamos visto a una autoridad estatal realizar este tipo de acciones? Regularmente, cuando un funcionario tiene esta iniciativa, simplemente se toma la foto y listo. Con Armenta Mier, esto parece tener un enfoque distinto.
El siguiente paso es replicar este programa de faena comunitaria a niveles más específicos, es decir, llevarlo a barrios, colonias y fraccionamientos. No solo contribuiría a que la población tenga un entorno digno, sino que también fortalecería los lazos entre los ciudadanos.
A largo plazo, esto podría convertirse en una estrategia para la reconstrucción del tejido social, ya que implica que la ciudadanía asuma el cuidado de su entorno. Para ello, el estado tendría que desarrollar una estrategia que provea los insumos necesarios a los pobladores.
Si se brindan los recursos adecuados, la gente se involucra, pues si algo caracteriza a los mexicanos es su espíritu colectivo. En esa línea, adoptar esta óptica permitiría construir una política más inclusiva, tomando en cuenta las necesidades expresadas en los recorridos.
De lo contrario, este programa, que ha iniciado con el pie derecho, podría caer en un vicio común de administraciones pasadas: convertirlo en una campaña política. En ese caso, sería un desacierto.





