La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Puebla demuestra la importancia que tiene la entidad para el gobierno federal y, en especial, que la Cuarta Transformación tiene un fuerte impulso con su proyecto de consolidación del humanismo mexicano.

El respaldo de los gobernadores, incluso emanados de la oposición, se suma a la aprobación de más del 75 por ciento de los ciudadanos a la presidenta. Existe confianza de los ciudadanos en ella por los resultados que muestra a unas semanas de cumplir el año al frente del gobierno federal.

Estadios seguros

Sin embargo, para que esa Cuarta Transformación realmente se consolide es necesario terminar de tejer las redes que la sostienen. Este reto no se puede dejar bajo la responsabilidad de la federación.

Ya Puebla destacó en las últimas elecciones (2024 y judicial) su orientación y convencimiento por sumarse al humanismo mexicano.

BANNER

Por ello, la presidenta depositó su confianza en el gobernador de Puebla y, con ello, tiene la certeza de que sus proyectos estratégicos, como el saneamiento del río Atoyac, la planta del automóvil eléctrico Olinia y la fábrica de diseño de software Kutsari, pueden llegar a buen puerto.

Te puede interesar:

La Cuarta Transformación avanza con Sheinbaum

El reto, sin embargo, se mantiene en el tejido fino de la red que consolidará la Cuarta Transformación en Puebla. Para fortalecer ese tejido, es necesario evitar cualquier practica irregular que recuerde al pasado neoliberal que tanto hirió a la entidad.

De ese modo, para que los proyectos de la presidenta Claudia Sheinbaum realmente se consoliden en beneficio de Puebla, no solo se requiere que estos cuenten con el presupuesto, personal o infraestructura necesaria.

Su implementación debe tener las características del humanismo mexicano y no dejar lugar a dudas de que se encuentran alejadas de las viejas prácticas. Y es que, en caso contrario, tanto los ciudadanos como la presidenta, no tardarían en notarlo.

No está de más enlistar algunos aspectos a evitar: asignación de cargos por acuerdos o “amiguismo“, proyectos sin consulta, malas condiciones laborales de trabajadores del Estado, persecución judicial, criminalización de la protesta, clientelismo político, impunidad y un largo etcétera del cual Puebla no quiere volver a escuchar.