Editorial Ángulo 7
En este espacio vertirmos la opinión de nuestro medio, siempre con una visión contructiva Credito: Elaboración propia

Las recientes acusaciones entre las dirigencias estatales del PRI y el PAN en Puebla reflejan la fragilidad de la alianza opositora y el desgaste político del tricolor. Tras la derrota en tres de los cuatro municipios en las elecciones extraordinarias, la pugna entre ambos partidos evidencia la crisis interna que atraviesa el priismo.

El líder estatal del PRI, Néstor Camarillo Medina, acusó a la dirigencia panista de negociar con Morena y calificó al PAN de traidor. Sin embargo, la respuesta del panista Mario Riestra fue tajante: el PRI sobrevive gracias al blanquiazul, que le ha permitido mantenerse vigente en el escenario político.

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El reclamo priista carece de sustento si se considera que su militancia ha disminuido y que sus estructuras de movilización electoral se han debilitado. En contraste, el PAN ha mantenido una base más sólida, lo que le permitió aportar más votos en los comicios de 2024. Aun así, el PRI ha capitalizado posiciones plurinominales sin reciprocidad hacia sus aliados.

Las declaraciones de Camarillo, quien descartó cualquier alianza con el PAN en 2027 y rechazó la postulación de panistas bajo las siglas priistas, parecen más un intento de deslindarse de su derrota que una estrategia política viable. Mientras tanto, el PAN, con Riestra al frente, busca consolidarse como la verdadera opción opositora.

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El desgaste del PRI es evidente. Si bien ha buscado cobijo en coaliciones, su presencia en Puebla se reduce con cada proceso electoral. La confrontación con el PAN no hace más que acelerar su declive.

A medida que el escenario político se reconfigura, el priismo debe replantear su rol. Seguir dependiendo del PAN mientras lo acusa de traición es una contradicción que solo profundiza su crisis de identidad y liderazgo.