El pasado 24 de marzo se celebró el “Día Internacional del Derecho a la Verdad” en relación con “Violaciones Graves de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas”, iniciativa de la Asamblea General de la ONU de diciembre de 2010, cuyo objetivo es conmemora y rendir homenaje, a todas las personas que han sido víctimas de la violación de sus derechos humanos (secuestro, tortura, desaparición y muerte).
Las Naciones Unidas señala que: “El derecho a la verdad se invoca a menudo en el contexto de las violaciones manifiestas de los derechos humanos y las infracciones graves del derecho humanitario. Las víctimas y los parientes de víctimas de ejecuciones sumarias, desapariciones forzadas, desapariciones, secuestro de menores o torturas exigen saber qué sucedió. El derecho a la verdad entraña tener un conocimiento pleno y completo de los actos que se produjeron, las personas que participaron en ellos y las circunstancias específicas, en particular de las violaciones perpetradas y su motivación.”
Este día 24 de marzo pero de 1980, también marca un fatídico día pues fue el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, sacerdote católico salvadoreño, acérrimo defensor de los derechos de los pobres; a quien le decían fue “La voz de los sin voz”, para nuestro Colectivo, Monseñor Romero es una de las figuras que nos inspiró, motivando incluso que acuñáramos su sobrenombre desde el 2011 al llamarnos VOZ Ciudadana, para que después en el 2015 evolucionáramos a ser ahora “VOZ Ciudadana por los Derechos Humanos”, (VCxDH)
Monseñor Romero fue canonizado en 2018 por el Papa Francisco: su historia de vida es insigne; siendo sacerdote hizo política desde abajo, con el pueblo, con los pobres y para los pobres; levantó la voz ante los poderosos del mundo, desafiando la injusticia.
Monseñor Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, municipio de San Miguel de El Salvador, segundo hijo de ocho; su padre, Santos Romero, fue empleado de correo/telegrafista, y su madre, Guadalupe de Jesús Galdámez, ama de casa. A los catorce años ingresó al Seminario Menor de San Miguel donde permaneció seis años, pero las necesidades económicas familiares lo obligaron a ponerse a trabajar: primero en minería, y luego como aprendiz de carpintero. En 1937, con veinte años, regresó al seminario y siete meses después fue enviado al Vaticano para continuar con sus estudios teológicos. El 4 abril de 1942 se ordenó como sacerdote, fue párroco y secretario del Obispo Diocesano (1947-1968). En 1968 fue secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador, y el 21 de junio de 1970, recibió la Consagración Episcopal de manos del Papa Pablo VI, como Obispo Auxiliar en la capital del país. Una trayectoria sin aspavientos.
En 1974, Monseñor Romero fue trasladado a la Diócesis de Santiago de María y ahí cambió todo: el detonante fue ser testigo de la represión contra los campesinos que sólo defendían sus derechos. Desde ese momento empezó a caminar junto a ellos en la ruta de la defensa de sus derechos, sin cortapisas, iniciando con hacerlos visibles y dándoles voz.
Al año siguiente –1975–, se agravó la situación en El Salvador: la Guardia Nacional asesinó a seis campesinos, familiares de estudiantes que habían formado parte de una protesta días anteriores, se le llamó “Masacre del vecindario Tres Calles”. Al atestiguar los hechos, Monseñor consoló a los familiares de las víctimas y ofreció una misa. Él no denunció formalmente pero sí de manera informal dando un paso sin retorno: escribió una carta al entonces Presidente, Coronel Arturo Armando Molina Barraza (1972-1979), marcando una clara discrepancia entre el Estado y él.
Si por la carta, o a pesar de ella, el 23 de febrero de 1977 fue nombrado Arzobispo en San Salvador. La clase política y económica del país lo vio con buenos ojos al considerarlo tradicionalista, dedicado a sus feligreses. Días después, 12 de marzo, asesinaron a un sacerdote jesuita y dos comuneros que trabajaban con él, gestando colectivos autonómicos y mutualistas entre los campesinos, parte de su movimiento de dignificación de los derechos humanos.
Entonces el Arzobispo instó al entonces presidente Molina a investigar las circunstancias del crimen; fue ignorado y señaló a la prensa cómplice que censuró sus palabras callando el hecho y entonces su accionar fue definitorio: amenazó con cerrar las escuelas católicas y mantener al clero ausente de los actos gubernamentales. Además, congregó en misa a miles de salvadoreños, lamentando los hechos ante la concurrencia. Ahí se le empezó a llamar: “La voz de los sin voz”. Sus misascomenzaban nombrando las violaciones de los derechos humanos, manifestando públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política por parte de quienes gobernaban el Salvador. Su postura junto a su profundo compromiso lo colocó en la mira del Estado, que lo calumnió y amenazó; y contrariamente la opinión internacional lo aplaudieron y premiaron infinidad de veces.
En esta dicotomía es que el 24 de marzo de 1980, Monseñor Romero, fue asesinado de un disparo directo al corazón por la ultraderecha de su país mientras daba la comunión en la Capilla de la Divina Providencia en el hospital para cancerosos, en su natal El Salvador, un día después de haber hecho un llamado, en la misa, a los soldados salvadoreños a desobedecer las órdenes contrarias a la voluntad divina.
Monseñor Romero “La voz de los sin voz”, Oscar Arnulfo Romero Galavéz, sacerdote católico salvadores es un claro ejemplo de que la lucha en defensa de los derechos humanos va más allá de ser revolucionario, revoltoso, institucional o creyente. Como Monseñor Romero actuó en vida es otra de las muchas formas que hay para buscar dignificar a las personas y sus derechos humanos, esa forma que requiere en algunos casos ser mujer u hombre con un profundo arraigado a la iglesia o alguna religión y con un verdadero compromiso por los pobres vistos no como objetos de protección sino como sujetos de derecho.
*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.


