Frankenstein o el moderno Prometeo es una novela de Mary W. Shelley (Londres, 1797-1851). Publicada por primera vez en 1818, fue revisada por la autora en 1831. Contra lo que pudiera pensarse, no es una novela de terror como nos han hecho creer las diferentes adaptaciones que de ella ha hecho el cine, sobre todo el hollywoodense, sino de ciencia ficción que cuestiona los alcances de la ciencia y la tecnología.
¿Qué pasaría si quien te ha dado la vida te rechazara? ¿Si tus congéneres te discriminaran y persiguieran guiados sólo por tu apariencia externa?
Cuando Víctor Frankenstein, estudioso de las ciencias naturales, logra dar vida a una criatura formada por diferentes partes de cadáveres, se arrepiente y lo abandona a su suerte:
«¡Ah! No había mortal capaz de soportar el horror de aquel semblante… Yo lo había observado durante el tiempo en que estuvo sin terminar; entonces era feo.»
Abandonada, la criatura logra encontrar una familia campesina encabezada por un anciano ciego, donde observándolos, aprende aquello que nos hace humanos: el amor, el afecto, la gratitud, el lenguaje, la lectura; pero también el rechazo, el odio y el miedo.
Y se lamenta:
«¡Oh, ojalá hubiese permanecido eternamente en mi bosque natal, y no hubiese conocido otras sensaciones que las del hambre, la sed y el calor!»
Frankenstein
Cuando por fin decide presentarse a la familia, recurre al anciano y le demanda protección, la que él le promete, sin saber que sus hijos lo rechazarán por su monstruosidad:
«En ese instante oí los pasos de mis protectores más jóvenes. No tenía un instante más que perder; y cogiéndole la mano al anciano, exclamé: ¡Este es el momento! ¡Sálveme y protéjame! ¡Usted y su familia son los amigos a quien busco! ¡No me abandone en la hora de la prueba suprema!»
Enojado por la incomprensión e intolerancia humanas, la criatura se vuelve contra su creador, sus amigos y familia, a quienes asesina.
«Me reprochas el haberte creado… Acércate, pues, para que pueda apagar la chispa que tan imprudentemente encendí, le dice Víctor a su creación.»
Y la criatura le reclama:
«Quieres matarme. ¿Cómo te atreves a jugar con la vida y la muerte?»
Pero también buscará una reconciliación con Víctor Frankenstein, a quien le pide le haga una compañera para dejar esa sensación de soledad y desamparo:
«Lo que pido de ti es razonable y modesto; te exijo una criatura de otro sexo, pero horrenda como yo… Es cierto que seremos monstruos y viviremos lejos del resto del mundo; pero por esa razón nos sentiremos más unidos el uno al otro…. ¡Oh, creador mío, hazme dichoso!»
Sobre el sentido de la vida
La novela más que horrorizarnos, llama a reflexionar acerca de la existencia humana y el sentido de la vida ante las adversidades. Por lo que en determinado momento también se convierte en un reclamo al creador.
¿Que era yo?, llega a preguntarse la criatura.
«Hasta ahora, nunca había visto a un ser como yo que se pareciese a mí…
No había tenido un padre que cuidase de mi infancia, ni una madre que me bendijese con sus sonrisas y cariños.»
Al tener conciencia de lo qué es, reflexiona:
«¡Qué extraña cosa es el conocimiento! Una vez que ha penetrado en la mente, se aferra a ella como la hiedra a la roca… aprendí que sólo había un modo de olvidar… y es medio era la muerte….»
A más de doscientos años de publicación de Frankenstein, el tema de la inmortalidad y la creación o prolongación de la vida siguen tan vigentes que cineastas como Guillermo del Toro y Tim Burton han continuado adaptando el mito del monstruo:
Frankenstein (2025). Según críticos, la cinta del mexicano recoge fielmente el espíritu de la novela de Mary Shelley: libertad y libre albedrío. Frankenweenie (2012). Donde un pequeño llamado Víctor, logra regresar a la vida a su perro Sparky. Frankenstein. Mary Shelley, Alianza Editorial, España.
Frankenstein. Mary Shelley, Editores Mexicanos Unidos.
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