La comunidad Lgbtttiq en Puebla, al igual que en otras partes del país, ha ganado visibilidad en los últimos años gracias a su lucha constante y a las marchas que alzan la voz con un claro mensaje: “Aquí estamos”. Sin embargo, surge la pregunta: ¿es responsabilidad exclusiva de este sector promover sus derechos, o es una tarea que también le corresponde al resto de la sociedad?
A pesar de vivir en pleno siglo XXI, las personas de la diversidad sexual aún enfrentan prejuicios y estigmatización en Puebla. Este fenómeno no es únicamente el resultado de un supuesto atraso, sino que está profundamente arraigado en el devenir histórico de la entidad.
Puebla fue un estado clave durante la época colonial, donde la Corona española no solo fomentó la producción, sino también la religión y las artes. Esto se refleja en la gran cantidad de iglesias en la zona metropolitana. Sin embargo, junto con ese legado cultural se instauraron valores que promovían la “familia tradicional”, entendida como una estructura en la que solo se conciben parejas de hombre y mujer, con roles estrictos: el hombre como proveedor y la mujer como cuidadora.
Este esquema también dictaba que la mujer debía ser recatada, permanecer en casa y no contradecir a su esposo. Estas ideas han persistido, incluso cuando la sociedad ha cambiado y las relaciones humanas se han transformado al compás de los avances científicos y sociales. En muchos casos, estos valores morales se colocan por encima del progreso humano, dificultando el reconocimiento de nuevas formas de convivencia.
Comunidad Lgbtttiq en Puebla: combatir prejucios
En este contexto, la comunidad Lgbtttiq de Puebla se enfrenta a un fuerte andamiaje cultural y a una presión social que, llevada al extremo, ha derivado en crímenes de odio. Entre 2014 y 2024, se han registrado 26 de estos delitos en la entidad.
El caso más reciente ocurrió en noviembre de 2023, cuando Melani fue asesinada. A pesar de la gravedad del hecho, nunca se identificó al culpable. Este tipo de impunidad evidencia la necesidad urgente de un cambio estructural que no solo involucre a la comunidad Lgbtttiq, sino a toda la sociedad.
En conclusión, la lucha contra la homofobia y la discriminación no es responsabilidad exclusiva de las personas de la diversidad sexual. Es tarea de todos los poblanos replantear nuestras creencias, derribar prejuicios y trabajar juntos para construir una sociedad más justa, incluyente y equitativa.





