
Hace 6 años, cuando ocurrió el sismo del 19 de septiembre en Puebla, Luis Alberto Cabrera, escuchó la alarma sísmica para evacuar el hospital del IMSS de San Alejandro, aunque su vida corría peligro, decidió regresar por 12 bebés prematuros que estaban graves.
Actualmente, es coordinador de Pediatría del hospital del IMSS de Cuautlancingo, pero en el 2017 era residente y encargado de la Unidad de Cuidados Neonatales del Hospital General Regional número 36, que fue el inmueble más afectado y por lo que tuvo que demolerse para construir uno nuevo.
Estaba “rotando” como parte de la guardia que le correspondía en aquel jueves histórico para el centro del país, por lo que tuvo que asegurar a los infantes, ya que por la gravedad en que se encontraban, no podían ser cargados para sacarlos.
Y es que, en esta área, se atendían a bebés que nacieron antes de los nueve meses, con un peso desde 1.8 kilos, cuando en promedio son 2.5, por lo que había algunos que estaban entubados como parte del tratamiento que se les estaban dando, lo que hacía complicado su traslado.
Relató en entrevista con este medio que, tuvo que seguir en una primera instancia las recomendaciones de Protección Civil y resguardarse en la zona de seguridad del nosocomio, cuando les dijeron que el lugar era inseguro, por lo que junto con una enfermera decidió regresar para ver cómo estaban.
“Sabíamos que, si algo pasaba, ellos como estaban intubados, pues el suministro de energía o el oxígeno podía fallar y algo les podría pasar a los niños, teníamos bebés que no podían salir tan fácil, estaba llena la unidad en ese momento, tuvimos que regresar para ver qué hacer”, expresó.
Había bebés intubados
En ese tenor, junto a su compañera enfermera, contó, tuvo que revisar qué menores eran más fáciles y debido a que “prácticamente vivía en el hospital”, conocía bien el estado de cada uno y pudo identificar cuáles podían salir primero y quienes tenían que ser con mayor cuidado.
Agregó que tuvieron que bajar los jefes de servicio para conocer la situación que se tenía, a los que les dijo que cinco niños no estaban intubados y podían salir rápido, aunque tuvo que esperar poco más de media hora para que le informaron a donde tenían que ser llevados, pues no los podían tener en la calle.
Aún recuerda que llegó personal de todo el hospital para apoyarlos, de intendencia, de ginecología y hasta los químicos. Tuvo que dividir con tarjetas rojas los bebés que no podían salir rápido porque debían tener oxígeno permanente, amarillas para los que eran segundo lugar y verdes para los primeros.
Comentó que eran pocos tanques de oxígeno los que tenían, entre residentes y demás personal tuvieron que sacarlos para la Unidad de Medicina de Atención Ambulatoria (UMAA), que se encuentra enfrente, de donde se tuvieron que quitar las sillas de hemodiálisis para poner las cunas que se necesitaban.
Con los papás preocupados porque no podían entrar debido a que era inseguro ingresar, ya que las tuberías de gas se rompieron, agradece a las personas (alrededor de 30) que se sumaron al traslado de los recién nacidos, ya que tuvieron que cargar la cuna junto con el ventilador, el oxígeno y el calor porque eran radiantes, cuidando que no se desconectaran.
“Yo me salí hasta que se llevaron al último pequeñito grave de ahí, ya estaban todos conectados, con médicos, hubo quien llegó a pesar de que no estaban en turno, fueron entre 3 y 4 horas lo que nos tardamos, porque hasta el final sacaron a los más complicados, estamos hablando que son pacientes que, si se desconectaban, prácticamente morían”, relató.
Tuvo miedo que se murieran
Luis Alberto recordó que tenía miedo de que murieran los bebés, pues eran sus pacientes y se sentía responsable de sus vidas, por ello se sintió la obligación de regresar por ello, situación que compartió con otros de sus compañeros, que en un principio tenían la incertidumbre de a dónde llevarlos.
A esto, agregó que afuera del nosocomio se tenía “un caos”, pero se tuvo apoyo de las personas, pues veían que iban a pasar o necesitaban ayuda y se sumaron, ya sea para parar a los vehículos, cargar, abrirles la circulación u otras acciones, lo que dejó una experiencia muy bonita.
En su caso, detalló, tuvo que quedarse toda la noche y la solidaridad de la gente se notó, pues llegaron a darles café, pan o alimento, así como a donar medicamentos, por lo que “no sobaron brazos” de ayuda, lo que mostró la unión de las personas ante este tipo de desastres.
Su amor por la profesión y salvar a los menores fue lo que generó que se quedara, pues no pudo comunicarse con su familia hasta después que le dijo que ya no se arriesgara, por lo que fue hasta el otro día cuando regresó a su casa, pero no solo él, sino todos los residentes.
A 6 años de estos hechos, Luis Alberto aún lo tiene en la memoria, pues fue un momento de incertidumbre del que hay que aprender, pues puede volver a pasar en cualquier rato, por ello deben estar prevenidos, ya que esa es la única forma de evitar que se vuelva a dar una preocupación así.
“Siempre hay cosas que se aprenden, siempre hay que tener una línea de a donde caminar, eso es lo más importante que me dejó de conocimiento, fue un aprendizaje muy grande y sobre todo, que los mexicanos siempre vamos a dar la mano cuando alguien lo necesita, pero que tenemos que estar prevenidos para que nos vaya tan mal”, enfatizó.





