
Por: Mtra. Alejandra Alpuche Vélez
La actualidad se caracteriza por diversas situaciones y rasgos como múltiples cambios en los trabajos durante la vida profesional. Anteriormente, una persona encontraba un trabajo y el objetivo era seguir en una organización y avanzar lo más posible en ella; ahora las nuevas generaciones cambiarán al menos cinco veces de trabajo durante su trayectoria laboral.
Por otra parte, están los movimientos geopolíticos globales; con las redes sociales y la posibilidad de comunicación actual que se tiene, no sólo la información llega más rápido, sino también se generan movimientos que traspasan las fronteras como el #MeToo. Las pandemias son otro factor; se dice que si no existiera la gran movilidad en el mundo que existe en la actualidad, el COVID-19 en otra época probablemente se hubiera quedado en epidemia; así como también se comenta que ésta no será la última pandemia que nos toque vivir.
También existen brechas en el aprendizaje; además de las diferencias en los sistemas educativos en el mundo, después de la pandemia y la desigualdad educativa como respuesta a esta situación, lo cierto es que existe rezago en los aprendizajes de los estudiantes en todos los niveles educativos. El multiverso y cambios tecnológicos exponenciales; la realidad virtual, la inteligencia artificial y sus aplicaciones como en el chat GPT presentan cambios y actualizaciones diariamente sino es que por horas. La opción de teletrabajo modifica los entornos laborales, los horarios y las condiciones.
El cambio climático, que provoca crisis ocasionadas por accidentes, desastres naturales entre otras consecuencias; así como movimientos demográficos y migración generados por el mismo cambio climático y la brecha económica, y de condiciones de vida digna entre países. Todas ellas, entre muchas otras realidades, obligan de cierta manera a preguntarse ¿qué sigue? Y ¿qué nos depara el futuro?
Independientemente de las posibles respuestas a estas preguntas, la única certeza que tenemos es precisamente que el futuro es incierto, y que siempre habrá alguna manera de que lo que viene supere cualquier escenario que nos hayamos imaginado. En este sentido, ¿cómo debemos prepararnos para ese futuro?, ¿qué tipo de educación se requiere?, ¿qué necesitan y necesitarán los estudiantes?
Éstas y otras preguntas deberían desatar una genuina reflexión sobre lo que hacemos en el presente, así como sobre lo que puede pasar si seguimos haciendo lo mismo y no cambiamos en nada los procesos educativos actuales; descartando así completamente estos rasgos de la realidad que nos indican que la vida cambia, cambia mucho y cambia súbitamente. En ese sentido, seguir haciendo lo mismo o lo que “siempre se ha hecho” no será suficiente ni sostenible a largo plazo si estamos convencidos de que los procesos educativos forman para la vida de las personas y de la comunidad en general.
Por lo tanto, lo que va a permitir que las instituciones y los sistemas educativos puedan enfrentar éstos y otros retos es trabajar en la innovación deliberada, continua y sistemática en los procesos, ambientes, programas, capacitaciones y plataformas. Pero no como resultado de presiones políticas o económicas locales o internacionales, sino de un proceso consciente de análisis de la realidad y del contexto.
Una innovación que tampoco consista en “copiar y pegar” lo que otros en otras realidades han hecho; sino más bien una innovación que parta de contextualizar la realidad, es decir, situar los temas, los hechos y sus protagonistas en el contexto para así reconstruir y visualizar los lugares y las circunstancias, y de esta manera poder hacer los cambios y los ajustes que se requieren.
Lo anterior implica que los agentes del sector educativo estén siempre en búsqueda de nuevas y mejores maneras de hacer las cosas; de sistematizar y analizar prácticas; de compartir aciertos y evaluar errores; así como de construir conocimiento de manera colectiva, es decir, de seguir aprendiendo para innovar deliberadamente.
*Maestra en Administración y Gestión de Instituciones Educativas por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Licenciada en Educación por la Universidad Iberoamericana Puebla. Se ha desempeñado profesionalmente en el acompañamiento y asesoría pedagógica a estudiantes, docentes y equipos de trabajo en los niveles de educación básica y media superior. Actualmente colabora como subdirectora de la Preparatoria Ibero Puebla, además de ser docente en la Licenciatura en Procesos Educativos de la Universidad Iberoamericana Puebla.
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