*Por: Lic. Alba Nidia Barragán Peralta

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Una gran multitud de mujeres salieron a las calles unidas en una solo voz “Ni unas más, ni una más, ni una asesinada más”, así fue uno de los cánticos de la megamarcha del 8 de marzo de 2020 en la ciudad de Puebla, mismo que se unió a la voz de las mujeres de todo el país, cuando en las manifestaciones feministas de todo el mundo se conjugaron en ellas nuevas generaciones de jóvenes activistas, así como varias generaciones de feministas que empezaron hace ya varias décadas, todas dispuestas a marchar exigiendo que su integridad sea respetada, por la búsqueda de justicia y de avanzar en la erradicación de las violencias contra mujeres y niñas.

Al respecto, la relación entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y el movimiento feminista está marcada por desencuentros. El pasado 17 de febrero el presidente minimizó las acusaciones en contra del que era candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, por violación y abuso sexual, y las consideró parte de “linchamientos políticos”, por consiguiente, estas mismas mujeres que salieron a marchar el 8 de marzo en el 2020 que desde entonces se mantienen activas, sin distinción de edad, sexo, clase social o religión, lanzaron la campaña en redes sociales “presidente rompa el pacto patriarcal”, mismo que al día siguiente comunicó en la mañanera su defensa, mal informando a la población de lo que él interpreta como romper el pacto. Desde entonces se puede leer en un gran sector de la población la opinión de que las mujeres que participan en manifestaciones son “feminazis” “revoltosas” o “esas no son las formas” sin llevar la atención al fondo del problema que es la gran ola de violencia que azota a las mujeres y que va en un aumento.

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Es devastador saber que en promedio 10 mujeres son asesinadas todos los días. De enero a diciembre de 2020, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (Sesnsp), fueron asesinadas 3 mil 752 mujeres y niñas, de esos crímenes, solo 969 se están investigando como feminicidio, lo que equivalen a 26 por ciento. De acuerdo con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, el problema radica “en la falta de debida diligencia y perspectiva de género en las investigaciones”, lo que ocasiona impunidad. Además de la carencia de cuadros profesionales, las ONG advierten una resistencia de la autoridad, como cuando el 28 de enero de 2020 el fiscal general Alejandro Gertz Manero externó a diputados federales la intención de eliminar el tipo penal de feminicidio.

A raíz de la megamarcha del 8 de marzo de 2020, en todas partes la tendencia para no enfrentar el problema ha sido silenciar a las mujeres y minimizar la violencia y el hostigamiento que diariamente las mujeres de todas las edades deben enfrentar desde sus sitios de movilidad, ante este escenario el movimiento feminista se resiste y alienta a que las mujeres dejemos de caer en la culpabilización de la violencia en que vivimos.

Parte del problema es que existe una idea errónea de lo que se entiende por feminismo. Marcela Lagarde y de los Ríos lo define como el movimiento transformador que pone en el centro los derechos humanos, que quiere construir un tipo de sociedad en la que hacer vivible la vida, edificar unas relaciones de convivencia de mujeres y hombres sin supremacía ni opresión. Dicho de otro modo, se trata de una revolución, porque pretende trastocar el orden del mundo patriarcal, derribar sus estructuras y desmantelar sus relaciones jerárquicas.

Ante este escenario la escritora, periodista y activista mexicana, Argentina Casanova expone que el feminismo es un proceso de lucha que se inició hace más de 200 años, “que no hay un solo feminismo,” que la lucha “no es una guerra contra el hombre, sino una rebelión contra el sistema patriarcal y lo que este significa para la humanidad entera”.

En el mito griego Penélope esperó hasta el final a Ulises, muchos escritores modernos retoman el mito para mostrar que ella puede pasar de la pasividad a la acción, cansada de tanta historia, se eche también a navegar. La representación de Penélope, de la mujer sumisa y obediente, puede derribarse o deconstruirse en nuestros tiempos, es así como el feminismo genera una ruptura en el género como una construcción social y no biológica, originariamente es una construcción teórica creada por médicos, psicoanalistas, etnólogos y sexólogos como John Money o Robert Stoller, el feminismo no cuestiona, de este modo, únicamente la construcción de la feminidad y de la mujer, sino también de la masculinidad el concepto de varón.

Por consiguiente, ante esta ola de violencia ejercida en contra de las mujeres viene bien plantearnos las siguientes preguntas: ¿somos parte de esta violencia que se refleja en el país? ¿estamos asumiendo nuestra responsabilidad como estructura social? ¿en qué medida nos estamos de-construyendo ante este panorama catastrófico que día con día somos testigos de las cifras de feminicidios y de violencia? ¿estamos perdiendo la empatía por cada desaparecida que publicitan en las redes sociales? En mi opinión, el que no seamos parte de la estadística de los índices de violencia, deberíamos ser parte de los que exigen un mejor país, porque al igual que Penélope el mar también es nuestro y tarde o temprano nos alcanzará.

*Maestrante en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana Puebla. Licenciada en Derecho por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

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