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La otra pandemia: la crisis del sistema de partidos y del mismo sistema político

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Fernando Manzanilla publicó el lunes pasado un artículo intitulado “La Coalición ´Va por México ya perdió la elección’’ (Vid. E- Consulta, marzo 22, 2021), que a mi parecer es el más inteligente y agudo que se ha escrito en los últimos tiempos en Puebla.

Ahí escribe: “Ni siquiera han comenzado las campañas electorales rumbo a los comicios de junio y la coalición “Va por México” ya cometió varios errores estratégicos que, sin duda, le costarán la elección. El principal de ellos: haber fallado en su intento por “ciudadanizar” la coalición; pero, además, haber fracasado en su tentativa de articular un mensaje contundente en el sentido de que su proyecto representa una verdadera alternativa de cambio”.

Totalmente de acuerdo: la Coalición “Va por México” no sólo no “ciudadanizó” su plataforma de candidatos, sino postuló a individuos (no menciono nombres porque algunos de ellos son mis amigos) que no tienen ni prestigio político ni prestigio moral, y que únicamente se han distinguido por su búsqueda incesante de poder.

De ese modo, subraya el ex Secretario de Gobernación, dicha Alianza perdió la oportunidad de presentarse ante nuestros conciudadanos como una “alternativa” frente a Morena. Ante la crisis que enfrenta esta organización —debido principalmente a la pésima actuación de sus autoridades (sobre todo en el municipio de Puebla) —-, ciertamente la Coalición “Va por México” tenía la oportunidad de posicionarse favorablemente ante el electorado. Pero prefirió seguir por el camino trillado de favorecer a cuadros marcados por el desprestigio político (y moral).

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Pero lo interesante del artículo no es sólo ese tema, sino su observación de que la crisis de dicha Coalición “no solo evidenciará la profunda crisis del sistema de partidos en México, sino que mostrará la incapacidad del sistema político mexicano para renovar sus propios mecanismos de representación política a partir de fórmulas de mayor participación ciudadana. Y, efectivamente, como lo han mencionado diversos actores políticos y analistas, el riesgo de una ruta como esta podría ser un mayor desencanto y desinterés ciudadano en participar en la construcción de una democracia sólida y dinámica”.

Manzanilla da en el clavo : ciertamente los partidos –incluyendo Morena—han puesto de relieve su incapacidad para “renovar sus mecanismos de representación política”, hecho que pone de manifiesto la crisis del sistema político mexicano para superar sus limitaciones ancestrales.

Lo que ha salvado al país del derrumbe político es el liderazgo de AMLO. De no ser por este factor, la 4T estaría muy cerca del precipicio debido a la falta de capacidad política de la mayoría de la clase política de Morena, que, como nos lo muestra el caso de Puebla (y de otras entidades) no saben otra cosa que pelearse como perros (con todo perdón para los perros) los cargos políticos.

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Al igual que “Va por México”, Morena no se ha esforzado por “ciudadanizar” a sus candidatos, sino le ha dado preferencia a sus cuadros más desgastados. Frente a dicha situación, no descarto la posibilidad de que tarde o temprano AMLO decida —como él mismo lo ha advertido— lanzar a Morena al basurero de la historia, como lo hizo con el PRD.

Empero, el problema es más complejo: tal como apunta Manzanilla, el problema estriba en el sistema de partidos y en el mismo sistema político. Pese a los avances innegables logrados en las últimas décadas, no hemos logrado abrirle paso a una democracia que escape al control de las camarillas que se han apoderado de los partidos (incluyendo Morena).

Ha llegado ya la hora de examinar a fondo esta problemática. En su ya clásico libro Los Partidos Políticos, Maurice Duverger escribía: “la organización de los partidos no está, ciertamente, de acuerdo con la ortodoxia democrática. Su estructura interior es esencialmente autocrática y oligárquica: los jefes no son realmente designados por los miembros, a pesar de las apariencias, sino cooptados o nombrados por el centro; tienden a formar una clase dirigente, aislada de los militantes, una casta más o menos cerrada sobre sí misma. En la medida en que son elegidos, la oligarquía del partido se amplía, pero no se convierte en democracia” (vid. Fondo de Cultura Económica, México, 1984, pág. 448).

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El gran problema, reconocía Duverger, es que la humanidad no ha encontrado hasta el momento verdaderas alternativas a los partidos como instancias representativas de la voluntad popular.

Mientras tanto, en lo que concierne a la crisis del sistema político mexicano, esperamos que pronto encontremos una alternativa, para evitar que el país se nos vaya de las manos. AMLO hace trabajos….no milagros.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

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