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sábado, junio 12, 2021

Huitzilan: un futuro con claridad

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Este 21 de marzo, Antorcha cumplirá 37 años de lucha en Huitzilan de Serdán, un municipio ubicado en la Sierra Nororiental de Puebla. La realidad política le impuso al pueblo huitzilteco y poblano duras y dolorosas pruebas, mismas que han sorteado exitosamente. Y aquí está el campesinado poblano: radiante, orgulloso y con ánimo de triunfo. Los huitziltecos se forjaron en el crisol de la lucha política, en la primera línea de fuego. Caminaron por entre la injuria y la metralla, y sufrimos bajas; pero las ideas más grandes y progresistas de la humanidad no se pueden aniquilar. Y por eso, visto en su conjunto, nada ha detenido a nuestro movimiento jamás. En Huitzilan tampoco. Por el contrario, avanzamos, avanzamos y avanzamos, como decía nuestro querido Manuel Hernández Pasión, un hijo del pueblo ejemplar y un edil trabajador, inteligente y sensible, que fue asesinado el 10 de octubre de 2017.

Huitzilan es un pueblo que se ha transformado. Antes de 1984, la Unión Campesina Independiente (UCI) y los caciques de la familia Aco explotaban y sometían a un pueblo al que obligaban a sembrar maíz y café, con salarios de hambre. Los campesinos, pobres y hambrientos, se endeudaban en las tiendas de raya de los Aco, cuyo objetivo real era arrebatarle por la fuerza las tierras y las siembras a los deudores. Los abusos de todo tipo eran la constante. Bajo el yugo de los caciques, los indígenas vivían en la miseria y apenas podían comer tortilla, que complementaban con quelites, plátanos verdes o frijol. Sus viviendas eran de palo con techos de rollos de paja ajilados. No había dinero para láminas de cartón o lazo y mucho menos para viviendas de piedra y cemento. Eso no existía. Las camas de la mayoría de las familias eran de hojas de plátano. Como no había clínicas ni doctores, se curaban con aguardientes, agua con sal o yerbas del campo. Un enfermo grave debía ser trasladado, en una silla que cargaban sobre la espalda, a Zapotitlán. Desde 1979 hasta 1984, los pistoleros de los Aco y los de la UCI mantuvieron una lucha por el poder. Del 79 al 81 la migración empezó a ser una constante. Las tiendas cerraban y solo quedaban abiertas las de los caciques. La lucha por el poder en el municipio dejó un saldo de 150 indígenas muertos. Los rebeldes eran asesinados a plena luz del día, sus cuerpos se abandonaban en las calles para que se los comieran los perros y para que, descompuestos, sembraran terror entre los campesinos huitziltecos.

El municipio se transformó de manera total porque, en 1983, los campesinos buscaron la ayuda del Movimiento Antorchista. Sebastián Manzano, Ramírez Velázquez, Martín Castillo, Francisco Luna, Mariano Pasión y otros valientes indígenas huitziltecos, se reunieron con el líder de los antorchistas Aquiles Córdova. Ahí, planearon varias acciones, entre las que destacaron cuatro: competir por la presidencia municipal en las elecciones de ese año, solicitar ayuda al gobierno estatal y federal, convencer a los huitziltecos emigrados de regresar a su tierra y entrar, con la protección del pueblo, al municipio para luchar por el progreso. Con Ramírez Velázquez como presidente electo, Antorcha entra a Huitzilan el 21 de marzo de 1984.

Los viejos huitziltecos, protagonistas de esta historia, conocen bien la transformación. Saben que en 1970 sólo el 15 por ciento de las casas tenía energía eléctrica y que ahora la tiene el 100 por ciento; saben que en 1970 sólo el 15 por ciento de las familias tenía agua entubada y que ahora la tiene más del 90 por ciento; saben que de las mil 482 viviendas que existían (según el Inegi) sólo 10 estaban conectadas al drenaje público y que ahora el 90 por ciento de la población cuenta con este servicio. Los viejos huitziltecos tienen presente que en 1984 sólo había un kilómetro de calles empedradas y que ahora el 90 por ciento de las calles tiene pavimento hidráulico. También están conscientes de que en 1984 en la cabecera municipal sólo había un kínder, una primaria y una telesecundaria y que las tres estaban cerradas (el 22 de enero de 1982, la UCI asesina al maestro Abelardo Bonilla, profesor de telesecundaria en la comunidad de Mazapa, Zacapoaxtla, que asistió a Huitzilan a un partido de basquetbol con sus familiares. El asesinato llevó a la SEP a cerrar la telesecundaria Martha Molina Sosa, la primaria Niños Héroes y el preescolar) y que ahora en Huitzilan hay un total de 50 planteles educativos: 19 preescolares, 18 primarias, siete secundarias, cinco bachilleratos y una Normal Superior. Los huitziltecos más viejos saben que en 1984 sólo existía una clínica del IMSS, en Totutla, y que ahora la salud de los pobladores se atiende en tres clínicas, 19 casas de salud y un hospital de primer nivel, que es atendido por ocho médicos y 13 enfermeras. Además, las 27 canchas públicas del municipio están techadas, cuentan con una gran unidad deportiva que tiene gradas, pista de atletismo, gimnasio al aire libre, áreas de juegos, campo de futbol profesional y cancha de futbol rápido, así como un auditorio con capacidad para 7 mil personas. Hay, en efecto, muchos otros logros que podríamos enumerar, pero con lo dicho es suficiente para demostrar una cosa: la calidad de vida de los huitziltecos ha mejorado y eso es producto de su unidad para defender su derecho a una vida mejor en contra de los caciques y pistoleros, que usaron todos los recursos, el asesinato incluido, para negarles el progreso del que ahora gozan.

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Pero aquellos valientes hombres y mujeres que, en marzo de 1984, llevaron a Antorcha a Huitzilan, poniendo su pecho como único escudo contra el feroz fuego de los caciques, requieren la ayuda de los jóvenes. Los jóvenes deben estudiar su historia, admirar las luchas libertarias de sus antepasados y heredar su espíritu de rebeldía. Manuel era un ejemplo de esto. Manuel nació con la llegada de Antorcha a Huitzilan de Serdán y fue un parteaguas en la historia de nuestra joya en la Sierra Nororiental. Cada época pare al hombre que necesita y Manuel fue el hombre que necesitaba Huitzilan en esa fase definitoria de la lucha: era un líder antorchista que reunía en grado eminente todas las cualidades de un buen luchador social, además de sus prendas personales (era lúcido, sencillo, bueno, trabajador y valiente) procuró conocer las causas profundas de los problemas de México para aplicar la medicina correcta a esos males. Los jóvenes deben seguir este ejemplo, convertirse en líderes de su pueblo, llenarse de valor, inteligencia, claridad política, honradez y laboriosidad, para seguir desarrollando al municipio hasta erradicar por completo los males que aún lo aquejan. Ésa es la tarea de los jóvenes. Ése es el reto y ojalá que lo hagan suyo.

Esta semana, el licenciado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ehécatl Lázaro Méndez, presentará al público su libro De revolucionarios a pistoleros. Historia de la Unión Campesina Independiente, de la Editorial Esténtor, que es una investigación histórica bien documentada sobre esta organización que nació en 1974, tras separarse de la Central Campesina Independiente, y que más tarde llegó a Huitzilan a destruir a balazos a un pueblo. Los jóvenes de Puebla, pero sobre todo los jóvenes huitziltecos, deberían de leer este libro.

Hoy, como dice el corrido “Sentimientos de un pueblo”, de don Filiberto Hernández Bonilla, “Huitzilan ya ve el futuro con claridad, hoy ya no llora, solo suspira, hay mejor vida y prosperidad”, gracias a la unión, la conciencia y la lucha de un pueblo entero y a la bravura de una organización que decidió, como nadie lo quiso hacer, entrarle al problema en 1984 y resolverlo. La bravura y la valentía con que defendieron su libertad, ensancha hoy los corazones y cerebros de todos los antorchistas de México. Una historia de lucha y triunfos los respaldan y les aseguran una victoria contundente.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

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Aquiles Montaño Brito
Periodista. Tomo café, luego existo. Vocero de Antorcha en Puebla. Estudiante de la Maestría en Letras.
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