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Estereotipos políticos en oferta

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“El lenguaje de las democracias es siempre voluble”. Robert Michels

Cuando la sensación de seguridad de recuperar las presidencias municipales de Puebla y sus conurbados en este 2021 estaba llegando a sus más altos niveles en los organismos directivos del panismo local, un prietito en el arroz blanquiazul ha venido a generar incomodidad, inconformidad, hasta alcanzar el indeseado nivel de confrontación entre dirigencia estatal y militancia: el método de selección de los candidatos a ocupar tan ansiados cargos. Por el grado de altisonancia destaca en este tiempo la problemática que está planteando al respecto la militancia de San Andrés Cholula: designación o elección por la militancia. La designación de Francisco Fraile como aspirante único a ocupar la candidatura a la presidencia municipal ha sido vista por las bases del partido como una imposición derivada del hecho simple de que éste ocupa la secretaría general del Comité Directivo Estatal panista que encabeza la presidenta Genoveva Huerta; es decir, se le ve como su segundo y deducen de ello la preferencia para el nombramiento. El punto de conflicto somete al partido al establecimiento de una definición clara y crucial para su desempeño político: ¿es partido demócrata o democrático?, ¿sólo en el discurso se dice partidario de la democracia, o en la práctica la ejerce y lleva a cabo con hechos? La actitud y posición política de los dirigentes frente a sucesos de esta naturaleza son reveladores del carácter real, intrínseco, de cada partido político.

Una característica discursiva y de actitud política que sobresale en la generalidad de los liderazgos del albiazul, en todos los niveles, ha sido la proclividad a preferir la descalificación del crítico o adversario por encima del sano debate político argumentado. En este caso, si los inconformes señalan que es Óscar Huanetl Mixcoatl, presidente del Comité Directivo Municipal de San Andrés Cholula, quien ha pedido directamente a la dirigencia estatal, mediante escritos de fechas 9 de marzo y 5 de agosto de 2020, “aclarar las razones por las que propuso la designación como método de selección de candidatos”; significa que una parte del propio partido es la que, guardando debidamente las formas, haciendo su petición por escrito, de manera pacífica y respetuosa, está solicitando la explicación, las razones, de una decisión partidista que afecta los derechos políticos de la militancia al impedirles la posibilidad de participar en un proceso electoral que puede hacer efectiva la prerrogativa constitucional de ser votados para el desempeño de un cargo público de elección popular. Por las fechas de los escritos, pasaron nueve meses sin que la destinataria directa de ellos diera respuesta al solicitante.

Esa falta de respuesta y la continuación de los actos de designación de un solo aspirante por voluntad oficial unipersonal, configuran los rasgos de una imposición política que hizo a la militancia pasar de la petición por escrito, a la protesta callejera de hecho. Una nota periodística sobre la protesta reseña: “Los inconformes exigieron la remoción de (Genoveva) Huerta y se pronunciaron contra la imposición de candidatos, con el cierre de la vía Atlixcáyotl, la quema (de) piñatas con la imagen de la dirigente estatal, así como la clausura simbólica de las oficinas del Comité Directivo Estatal, donde arrojaron escombro”. La lideresa ha fustigado la protesta con expresiones que se convirtieron, no en argumentos, sino en severas descalificaciones: “No querían ser reconocidos como ajenos al PAN”; “hubo mano negra detrás de esa protesta”; “los panistas no cierran calles ni vandalizan”. Frente a la protesta interna, ¿qué sentido tiene, para la dirigencia estatal y para el partido, acusar a los disconformes de no ser miembros de ese instituto político? En el irrespetuoso ninguneo de la militancia está la razón simple para que, a su vez, pidan la renuncia de la dirigente estatal mientras los dimes y diretes suben de tono.

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La lógica y la realidad inmediatamente se manifestaron en contra de la descalificación. Lamentablemente el discurso de ajenidad, titiriteo y moralina con que se etiquetó a los inconformes fue considerado el útil para sostener la imposición que es objeto del rechazo. Un estereotipo de presunta buena conducta de “los auténticos panistas” se ofreció como paradigma acreditante de la ajenidad al partido de los inconformes: los panistas no cierran calles ni vandalizan. Contradictoriamente, el dardo hiriente de la “mano negra” con que se les acusa de incapacidad de acción propia, hace evocar el clásico “sí son, pero no son”. El afán de consumación de la imposición orilla a sus impulsores a presentarla como un acto de civilidad política que no debería encontrar oposición entre panistas porque, éstos, son bien portados y no hacen esas cosas. El estereotipo que se privilegia es la aceptación acrítica de las determinaciones de los dirigentes; la sumisión.

La situación se ha tornado incómoda pues los inconformes han llevado hasta el Comité Ejecutivo Nacional su petición de respeto a la voluntad de la militancia en la selección de los candidatos, mediante un escrito con la firma de más de 600 miembros del partido, que representan el 75 por ciento del padrón de militantes registrados en San Andrés Cholula, según afirma el propio presidente del Comité Directivo Municipal. La definición institucional del partido pasa por la aclaración de las posturas que los dirigentes mantienen hacia la militancia; el conflicto exige una explicación pública sobre el papel político que en la vida del partido se asigna a la militancia, y dar satisfacción a la petición de “aclarar las razones por las que propuso la designación como método de selección de candidatos”. Una explicación adicional correrá a cargo del hasta ahora beneficiario del método adoptado, ¿aceptará la designación a pesar de la inconformidad de la militancia?

A decir del panista Mario Riestra, esta forma de disputa por el método de selección de candidatos ha sido puesta como ejemplo de mala práctica política por el columnista Luis Rubio -“Viene lo bueno”, Reforma, 17 enero- en cuya opinión “si los partidos de oposición nominan candidatos susceptibles de ganar con una narrativa creíble y esperanzadora (y, desde luego, no se canibalizan unos a otros (sic) como en Puebla) el resultado abriría oportunidades”. El problema del discurso basado en estereotipos, de conducta o al hablar, es que hay que descifrarlos para entenderlos debido a su escasez de análisis de los hechos sociales y la suplantación de referencias reales por aspiraciones ficticias sin viso de alguna autocrítica en los emitentes. En San Andrés Cholula el discurso de la dirigencia estatal abandonó la condición de sano debate y discusión de opinión traduciéndose en conflicto declarado. De la opinión de Luis Rubio hace falta descifrar quiénes deben tener la “narrativa creíble y esperanzadora”; si los partidos de oposición al nominar a los candidatos, o los candidatos para ser susceptibles de ganar. ¿Faltó narrativa creíble y esperanzadora en la dirigencia al nominar a Francisco Fraile, o éste posee esa narrativa para ser candidato susceptible de ganar? Recurrir a los estereotipos no resuelve los problemas, los agrava. Ahora son panistas de 9 municipios los que protestan mediante el hashtag NoAlAgandalleDeGeno. Ojalá concilien y zanjen sus diferencias para que puedan concentrarse en lo importante: ofrecer un proyecto político social que interese a los poblanos.

Heroica Puebla de Zaragoza, a 24 de enero 2021.
José Samuel Porras Rugerio

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

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