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En enero de este año, cuando estábamos aún lejos de la emergencia, nuestro país accedió a venderle a China una cantidad importante de cubrebocas justo en el momento más difícil de la pandemia. Como sabemos, en reciprocidad, ahora que México se encuentra en el momento más álgido del brote, China ha mantenido el abastecimiento de insumos médicos mediante un eficiente puente aéreo acordado entre ambos países.

El embajador de China en México, Zhu Qingqiao, ha declarado en entrevistas recientes, que “en los días más difíciles para China el gobierno y la sociedad de México nos brindaron su valioso apoyo y solidaridad, lo que jamás olvidaremos”. Y que su país está dispuesto a cooperar en la recuperación económica de México. “Somos dos grandes países en desarrollo, con economías emergentes, pensamos —ha reiterado— que las relaciones deben subir a un nuevo nivel tras la pandemia”.

En su momento, la decisión de venderle insumos a China fue duramente criticada ya que México tuvo que enfrentar los primeros momentos de la emergencia sin el equipo personal de protección suficiente. No obstante, el canciller Marcelo Ebrard ha señalado en varias ocasiones que habernos negado a venderles insumos médicos a China hubiera sido una medida “casi suicida” en materia económica, cuyo impacto hubiera sido la pérdida de la confianza en invertir en nuestro país.

Esta historia adquiere relevancia dada la importancia estratégica de la iniciativa china conocida como la “Franja y la Ruta” (BRI, por sus siglas en inglés), originalmente pensada para Europa y Asia, pero que desde 2013 se ha ampliado a toda América Latina. Dicha iniciativa, que rescata la herencia milenaria de la “Ruta de la Seda”, tiene como objetivo formar un conjunto de enlaces marítimos y ferroviarios que, a la fecha, incluyen a 136 países y 30 organizaciones internacionales que se han beneficiado de un total de 90 mil millones de dólares en inversiones provenientes de China, así como intercambios comerciales con el país asiático por 6 billones de dólares.

Esta iniciativa, considerada por China como el proyecto del siglo, forma parte de la estrategia de expansión industrial y de consolidación de la economía de exportación del país asiático. “La Franja y la Ruta” propone el desarrollo de una red multimillonaria de proyectos de infraestructura en Asia, África, Europa y América, principalmente para promover el comercio y otras formas de conectividad, al tiempo que mejora las perspectivas de desarrollo económico entre las naciones socias”. (Koop, 2019)

Recordemos que, bajo la era Trump, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, ha convertido a México en un jugador estratégico para el país asiático dada su cercanía con Norteamérica y la exitosa renegociación del T-MEC. Precisamente, una de las promesas de campaña del Presidente López Obrador fue diversificar nuestras relaciones comerciales y reducir la dependencia respecto a la economía de Estados Unidos. Y desde el inicio de su gobierno, China fue la opción.

Hace un año, durante el Segundo Foro del BRI realizado en Beijing, el gobierno chino destacó la importancia de la participación de México, como potencia regional emergente, como una “fuerza indispensable en la construcción de la Franja y la Ruta entre China y América Latina”.

La pandemia del Covid-19 ha venido a intensificar la necesidad del sector privado manufacturero chino de reconsiderar el destino de sus inversiones. Recordemos que Venezuela, uno de los principales socios de China en la región, se encuentra sumamente debilitada; y que Brasil, en la era Bolsonaro, ha puesto su interés en el mercado norteamericano. De las economías más grandes en Latinoamérica, solo Chile mantiene su dinamismo como integrante de la Iniciativa La Franja y la Ruta.

En esta perspectiva, es momento de que México extienda y profundice las relaciones comerciales con China. Ante la previsible pérdida de dinamismo de la economía norteamericana, nuestro país debe aprovechar la oportunidad y comenzar a explorar con seriedad la posible firma de un tratado comercial y de inversión con el país asiático. Esto no solo nos permitiría afrontar de mejor manera la recuperación económica sino que, además, nos pondría en el camino de convertirnos en el principal socio comercial de China en América.

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