Áspera nueva normalidad // No es lo mismo que lo mesmo

Carlos Fernández Vega en su columnas México SA, publicada en La Jornada, señala que de por sí la normalidad normal –valga el término– nada grata resultaba antes de la pandemia, pero la perspectiva de la nueva normalidad que se avecina no es muy estimulante que se diga, tanto en materia de salud pública (habrá que acostumbrarse a convivir con el bicho) como por los efectos económicos y sociales.

El número de contagios se incrementa día a día y ya supera los 5 millones, con Estados Unidos a la cabeza (más de 1.5 millones, sin olvidar que el salvaje de la Casa Blanca defendía la tesis de que sólo se trataba de una gripita) y sus casi 100 mil muertes. Si de primitivos se trata, en América Latina destacan los casos del presidente brasileño Jair Bolsonaro y del mandatario chileno Sebastián Piñera, también creyentes de la gripita.

El panorama, pues, no se vislumbra agradable, y como muestra están las más recientes estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), institución que ayer divulgó su análisis, en conjunto con la Organización Internacional del Trabajo –del que se toman los siguientes pasajes–, Coyuntura laboral en la región; el trabajo en tiempos de pandemia: desafíos frente a la enfermedad por Covid-19. Va, pues.

En los primeros meses de 2020 se propagó por el mundo el Covid-19 y la emergencia sanitaria que originó hizo necesaria la aplicación de políticas de aislamiento social, lo que redundó en la interrupción de las actividades económicas a una escala nunca vista. Se estima que este año la economía mundial registrará una caída del producto interno bruto superior a la observada en varias décadas, y se constatarán grandes retracciones en el volumen de comercio mundial (entre 13 y 32 por ciento).

La reducción de la actividad económica –en China, Estados Unidos y Europa, particularmente– tendrá repercusiones negativas en América Latina y el Caribe en términos de volumen y precio, sobre todo, de las materias primas. Algunos importantes sectores productivos de los países de la región están insertos en cadenas globales de valor en las que Estados Unidos y China desempeñan un papel fundamental.

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Puertos militarizados

Julio Hernández López en su columna Astillero, publicada en La Jornada de San Luis, indica que hasta ahora, era clara la desventaja operativa y política de la Secretaría de Marina (Semar) frente a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

El general Luis Cresencio Sandoval González parecía acaparar todos los encargos importantes de la Presidencia de la República: compras, construcciones, control de migrantes y negocios expresamente asignados al verde olivo. Además, desde luego, de la Guardia Nacional que es una clamorosa prolongación de la Defensa Nacional. Así como el canciller Marcelo Ojeda ha expandido su radio de acción a áreas distintas de las diplomáticas, el titular de la Sedena ha sido facultado para hacerse de áreas de trabajo que de manera natural deberían corresponder a los civiles.

En contraste, el almirante José Rafael Ojeda Durán no ha contado con la atención ni las comisiones delicadas que en los dos sexenios anteriores habían caracterizado a los marinos mexicanos, sobre todo en su relación directa con los órganos de seguridad e inteligencia de Estados Unidos.

Sin embargo, ayer el presidente de México anunció que la Marina se encargará de limpiar la corrupción en los puertos del país. Es decir, que se militariza la operación y control de esos puntos marítimos donde largamente se han enseñoreado el crimen organizado y los negocios empresariales burladores de reglas y pagos adecuados. En su conferencia mañanera, el presidente dijo que en los puertos se seguiría la estrategia aplicada a migración y aduanas. No fue un buen punto de referencia: en aduanas no se ha podido reducir la corrupción y el envío de Horacio Duarte, un cuadro electoral (aspirante a gobernar el Estado de México), a encargarse de ese nudo oscuro, no garantiza cambios más allá del discurso. Y, en migración, el giro lamentable de la tradicional política mexicana, para acatar las indicaciones de Donald Trump, constituye uno de los puntos negativos de la actual administración federal.

El presidente de la República, sin embargo, apuesta a las prendas personales que adjudica al almirante secretario, “honesto e incorruptible”. Por lo pronto, pierde la secretaría de Comunicaciones y Transportes, el ámbito civil formalmente a cargo de Javier Jiménez Espriú, y gana el poder militar, ya no en la vertiente de los soldados sino de los marinos.

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La columna Frentes Políticos, publicada en Excélsior, señala que 1. No, tajante. Luego de que Dolores Padierna, vicepresidenta de la Cámara de Diputados, presentara una iniciativa para la desaparición de fideicomisos estipulados en 14 leyes, para que sus recursos sean administrados por dependencias del gobierno, ya hay voces discordantes. La más oportuna y clara es la de Jorge Argüelles, coordinador de diputados del Partido Encuentro Social, quien dijo no a la propuesta. “Hay fondos con propósitos sociales y de atención a desastres naturales cuya desaparición traería efectos negativos, y por ello rechazamos su desaparición, además de considerarlos importantes para la Cuarta Transformación”, expuso. Una vez más antepone la seguridad de las familias que viven en situación de riesgo ante fenómenos naturales. Y de paso da cátedra de sensibilidad, algo de lo que carecen algunos morenistas. Deberían hacerle caso.

2. Los héroes sin descanso. Las 24 horas, más de 200 elementos, mujeres y hombres de las Fuerzas Armadas reciben materiales, los clasifican, revisan, separan y preparan para cargar camiones y aviones, para su traslado a las 32 entidades del país. El exhangar presidencial se transformó en almacén vovid, donde personal de la Sedena ha movilizado mil 847 toneladas de insumos y equipos médicos. Como parte del Plan DN-III-E se replicó el esquema operativo de un almacén tradicional de la dependencia, con los ajustes para la dimensión de carga que se debe trasladar, explicó el teniente coronel Jorge Alberto Velasco Vera, coordinador logístico del almacén covid. El general Luis Crescencio Sandoval, titular de la Sedena, debe sentirse orgulloso de sus hombres. Siempre cumpliéndole a la patria.

3. Coherencia. El gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, declaró que Acapulco no podrá regresar a la normalidad el 1º de junio, ya que, al igual que en Iguala y Chilpancingo, hay una gran movilidad y en consecuencia, un aumento muy importante en los contagios. “Acapulco no ha reducido su movilidad y por lo tanto la curva de contagios sigue en aumento”, explicó el funcionario estatal. Señaló que si la población no pone de su parte, será muy difícil que Guerrero salga del semáforo rojo y todo lo que se va a hacer a partir del 1º de junio será a través de semáforos. “En este momento estamos en rojo. No estamos descendiendo, estamos en ascenso, por eso nuestro llamado y el del secretario de Salud, va en la misma ruta”. Todos deseamos salir de vacaciones, pero calma y nos amanecemos.

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