Soy Amaranta, alma pueril de vientre infértil que para resarcir un poco de su pena cotidiana se somete al margen del estudio llenándose de cursos, clases diplomados y proyectos que la alejen de percibir lo vacía que se encuentra en esta oleada de soledad a la que la somete la vida y entre una de sus tantas ocupaciones que tienen la finalidad de evasión de su ser, ese miedo a quedarse consigo misma, instalada en lo deplorable de su esencia; se somete a largas horas de lectura y muchas veces genera asociaciones de temáticas encontradas que a la simple mira parecerían inconexas, disimiles y abruptamente contrastadas. Ante mis manos llegó un libro de Horacio y frente al fanal de mi mirada emergieron las composiciones líricas de aquel filósofo de antaño con delimitaciones de un estoicismo epicúreo. La lectura me dio a inferir que uno de sus mayores intereses giraba en torno a reforzar la insignia del momento presente porque el pasado ya ha quedado atrás y el futuro es incierto y es así que mentalmente hilé las letras del autor de tiempo arcaico, con las consideraciones contemporáneas de una vertiente psicológica apelada con el nombre de Mindfulness en donde se hace hincapié en vivir en el aquí y el ahora y esto me incita a hurgar entre mis resquicios mentales para construir la tesis de que el “aurea mediocritas” de la que nos habla el autor en sus odas hace referencia a la aurea mediocridad entendiendo por mediocridad un término mezquino de mediana vulgaridad y apelando el adjetivo aurea como algo valioso, tan valioso que es parecido al oro. Se habla de una mediocridad fulgurante porque en su conjunto ambos términos refieren una dorada medianía que alude a la pretensión de alcanzar un deseado punto medio entre los extremos, esos polos opuestos que son el futuro y el pasado y situarse en ese paraje intermedio que es el presente, viviéndolo sin darle a nuestras pasiones un desmesurado desenfreno que le brindé a nuestro carácter una asimetría desproporcionada y es por ello que se le atribuye belleza al vivir el aquí y el ahora, porque así se vincula al existir el hábito virtuoso irremisiblemente voluntarioso y consistente que determina una relación exitosa espacio-temporal que se delimita racionalmente por una especie de regla recta por medio de la cual se brinda una sabiduría práctica que le resta altivez a la terrible incertidumbre del destino del tiempo venidero e insatisfacción a los pasos ya dados en las horas que nos anteceden y generar un estado anímico que como actuar de una madre acertada le brinda democracia al máximo exponente de la vida, el presente.

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