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Tercera Parte
En entregas anteriores hemos hecho un apretado resumen de algunas de las principales tesis de Thomas Picketty, planteadas en su nuevo libro, Capital e Ideología (2019). En esta ocasión destacaremos algunas de las críticas, tanto positivas como negativas.

Jean Pisani-Ferry, economista francés, senior fellow en el think tank Bruegel y profesor en el Instituto Universitario Europeo, escribe una interesante crítica (traducida y publicada en Letras Libres, nov-2019) en la que elogia la audacia de Piketty en el diagnóstico de la situación que vive el planeta, aunque ve poco probable que algunas de sus soluciones lleguen a ver la luz.

En primer lugar, hay que destacar que la obra de Piketty es candidata a ser considerada como una de las más ambiciosas aportaciones de nuestro tiempo, intelectual y políticamente hablando, al debate sobre el futuro de la humanidad. Se trata de un robusto intento por demostrar la necesidad de rectificar el rumbo del modelo económico —y del comportamiento de los actores políticos, tanto de izquierda como de derecha— sustentado en una gran cantidad de material empírico, elegantemente aderezado con una virtuosa “alianza entre precisión estadística y referencias literarias” (Pisani-Ferry).

“El objetivo de Piketty es ofrecer un nuevo paradigma que sustituya el proyecto socialdemócrata”, que aunque puede parecer una “ambición excesiva”, es fundamentalmente acertada, según Pisani-Ferry, dado el nivel de indignación social derivados de la excesiva desigualdad y los riesgos regresivos y autoritarios que se ciernen por el planeta.

Pisani-Ferry afirma que “las democracias hoy necesitan directrices tan ambiciosas como el keynesianismo bienestarista de los años sesenta o el proyecto de gobierno pequeño de los ochentas”, implicando que el esfuerzo intelectual de Piketty podría inscribirse en ese rango de aportación.

A pesar de ello, la principal crítica a Piketty tiene que ver con las propuestas de política pública para aterrizar su modelo de socialismo participativo y democrático. Al parecer, la agenda de justicia social carece de realismo, según Pisani-Ferry.

Recordemos que los tres pilares sobre los que descansa la propuesta de Piketty son: el empoderamiento de los asalariados a través de una reforma radical de la gobernanza corporativa; una masiva redistribución de la riqueza y la renta mediante una “reparación” del sistema fiscal; y la extensión del modelo de federalismo transnacional.

Pisani-Ferry critica la idea de concebir al capitalismo “principalmente como una maquinaria de acumulación de riqueza, y no como impulsor de transformaciones económicas” basadas en la eficiencia social y la innovación. Ello hace que Piketty vea el problema del hipercapitalismo “exclusivamente desde el punto de vista distributivo”.

Respecto a la idea de revertir la excesiva concentración de la riqueza mediante un nuevo esquema fiscal más progresivo, Pisani-Ferry advierte sobre el riesgo de transformar la naturaleza de la propiedad “para hacerla temporal en vez de permanente”, es decir, una transformación “fundamental del régimen de propiedad”.

Pisani-Ferry afirma que “la combinación que propone Piketty de un impuesto al patrimonio confiscatorio, un impuesto de sucesiones muy progresivo y un impuesto sobre la renta también muy progresivo … implica el fin de la propiedad del capital tal y como la conocemos”.

Finalmente, respecto al federalismo europeo, Piketty “propone democratizar la Unión Europea y transferir los poderes tributarios a una nueva cámara que combine parlamentarios nacionales y europeos”. El problema es que los países “no están dispuestos a otorgarle competencias a la Unión Europea en cuestiones tributarias o de redistribución de la riqueza”.

Pisani-Ferry remata su crítica afirmando que “lo que resulta profundamente inquietante en este libro no es el radicalismo de sus planes. Es el contraste entre la meticulosidad de su análisis empírico y su descuido a la hora de plantear políticas públicas”.

En fin, la obra de Piketty seguramente se convertirá en otro best-seller y será referencia obligada del debate sobre la necesidad urgente de rectificar el rumbo del sistema económico vigente sin caer en simplificaciones ni dogmatismos, así como de los riesgos históricos de no hacerlo.

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