Primera de tres partes

A finales de septiembre del año en curso, las comisiones unidas de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural, y de Estudios Legislativos, que presiden los senadores de Morena, José Narro Céspedes y Ana Lilia Rivera Rivera (@Ana_LiliaRivera), aprobaron una iniciativa de Ley presentada por las senadoras Ana Lilia Rivera y Laura María de Jesús Rodríguez Ramírez (@jesusardgz), del Grupo Parlamentario Morena, con proyecto de decreto por el que se expide la Ley Federal para el Fomento y Protección del Maíz Nativo. el proyecto de decreto por el que se expide la Ley Federal para el Fomento y Protección del Maíz Nativo (Lffpmn) (https://bit.ly/2R8JeRd).

La Lffpmn, que actualmente se encuentra en estudio en la Cámara de la/os Diputada/os para su aprobación, ha causado intensas discusiones entre los grupos que la impulsan y sus detractores, acuerpados en el Consejo Nacional Agropecuario y en la Asociación Mexicana de Semilleros, que agrupan a productores agrícolas comerciales, así como a las corporaciones trasnacionales, asociadas en México en el consorcio AgroBio. Son estos organismos los que promueven la iniciativa de Ley Federal de Variedades Vegetales (LFVV), mediante el diputado federal de Morena, Eraclio Rodríguez Gómez, presidente de la Comisión de Desarrollo y Conservación Rural, Agrícola y Autosuficiencia Alimentaria.

La esencia de la propuesta de la LFVV, es que reconoce la propiedad intelectual sobre las innovaciones en materia de variedades vegetales, designada como derecho de obtentor que, según la iniciativa de Ley, resulta de vital importancia para los agricultores mexicanos, pues con su aprobación, se ampliaría el abanico de opciones disponibles de semillas de nuevas y mejores variedades en los diversos cultivos estratégicos y de alto valor para México. De este modo, se puede garantizar que la productividad se mantenga en constante aumento para conseguir la soberanía alimentaria del país, bajo un modelo de sustentabilidad, de asegurar la conservación y el aprovechamiento de la biodiversidad, y la creación de empleos bien remunerados que propicien el arraigo al medio rural.

La LFVV, recupera los puntos sustantivos del Acta UPOV 91, impulsada por las empresas trasnacionales que promueven que las semillas nativas sean patentadas y, por lo tanto, privatizadas. Esta Ley tiene su origen, según Eraclio Rodríguez, en los diversos tratados de libre comercio celebrados por México, los cuales exigen el compromiso de adoptar las disposiciones normativas del Acta UPOV 91. El Convenio de la Unión Internacional para Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) en su acta de 1991(https://bit.ly/2R0EY5W) contempla varias disposiciones para lograr un sistema eficaz de protección de variedades, que incentiven la generación de innovaciones en beneficio de la sociedad y para poder hacer frente al desafío del cambio climático, el hambre en el mundo y el desarrollo del medio rural.

Como se demostrará más adelante, se trata de un discurso que no ha coincidido con la firmeza de la realidad que ha desdeñado, conceptos y creencias que son propias de los países capitalistas con mayor crecimiento económico, los cuales han logrado su supremacía mediante la violencia colonial desplegada contra los habitantes del tercer mundo, considerados como inferiores, según su propia tabla de desarrollo.

Por su parte, la Lffpmn, reconoce que México es centro de origen del maíz, donde evolucionaron a través de miles de años, unas 64 especies diferentes de este grano, que es un alimento básico y símbolo de nuestra cultura. Propone: a) declarar al maíz nativo como patrimonio alimentario nacional; b) fomentar el desarrollo sustentable del maíz nativo c) promover la productividad, competitividad y biodiversidad del maíz nativo, así como las actividades de los productores originarios de maíz nativo; d) establecer los mecanismos de protección al maíz nativo, en cuanto a su producción, comercialización, consumo y diversificación constante. Además de: f) permitir a la población ejercer su derecho a la alimentación en condiciones de no discriminación y a consumir productos derivados del maíz libres de organismos genéticamente modificados (OGM), y g) enfrentar el cambio climático mediante su uso racional y equitativo.

Para coadyuvar a la adopción de políticas y programas públicos necesarios, propone crear el Consejo Nacional del Maíz (Conam) como órgano de consulta del Poder Ejecutivo Federal para la coordinación, planeación formulación, ejecución y evaluación de programas que se establezcan en materia de protección del maíz nativo. Además, la ley plantea crear el Programa Nacional de Semillas, a cargo de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural con la coadyuvancia y supervisión del Conam, para: a) crear bancos de semillas para el almacenamiento, mejoramiento y preservación del hábitat y de las tierras; el fomento a la diversificación del maíz y constituir un activo frente al cambio climáticos; b) asegurar el abasto de semillas en condiciones de equidad; c) proteger y fomentar el maíz libre de OGM; d) garantizar la eficiencia, productividad, competitividad, sanidad y biodiversidad del maíz y productores, así como de comunidades, ejidos y pueblos que originariamente han trabajado el maíz nativo, y e) impulsar la investigación y el desarrollo de tecnología necesaria para conservar las características del maíz nativo.

Mucha/os autora/es han escrito sobre la Lffpmn y/o su contraparte la LFVV-Acta UPOV 91 (https://bit.ly/2TyCdL4; https://bit.ly/2TOfQl5; https://bit.ly/2TCzcJC; https://bit.ly/34578RH; https://bit.ly/2ub3mJk; https://bit.ly/2uWy6Ou; https://bit.ly/30BYskw; https://bit.ly/365DNGY; https://bit.ly/2tvyrHy; https://bit.ly/3aohf7B; https://bit.ly/2twGe87) y sus aportaciones seguramente serán consideradas en la discusión que se lleve a cabo en la cámara de la/os diputada/os federales.

No obstante, tanto en la exposición de motivos de ambas leyes, como en las críticas hechas, se han omitido dos cuestiones que, desde mi parecer, son esenciales considerar, sobre todo en la Lffpmn, si se quiere que la misma sea concordante con el problema que intenta solucionar. La primera que, a su vez, da origen a la segunda omisión, tiene que ver con la segregación que se hace de la semilla del maíz de sus formas de manejo, donde el grano es un elemento de un complejo proceso que integra otras prácticas de cultivo, las cuales son manejadas de distinta forma, según el tipo de productor de que se trate. Per se, no hay “semillas milagrosas”, sean nativas o hibridas, ya que su productividad depende de la forma en que son manejadas por los productores, y no sólo del empleo de la semilla que, ciertamente, es un recurso importante del manejo, pero no el único.

En las dos próximas entregas que haré al Portal Angulo 7, me centraré en diferenciar estas dos formas de manejo de maíz que son antagónicas; la primera, impulsada por la/os indígenas y la/os campesina/os, se basa en la construcción de pisos de plantas y en el diálogo de saberes. Es en este sistema agrícola denominado milpa, donde se han sembrado, reproducido y evolucionado, las multiples variedades nativas de maíz que existen en el país. Pero, en los pisos de plantas, también se siembran otros cultivos, máxime frijol y calabaza, así como una gran diversidad y abundancia de arvenses. La mayor parte de los granos producidos, son destinados para la autosubsistencia de las familias indígenas y campesinas. La segunda forma de manejo, es promovida por la agricultura comercial y se funda en el manejo de monocultivo de semillas hibridas y/o transgénicas de maíz, así como en la aplicación abusiva de agrotóxicos.

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