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(Segunda de dos partes)

En la entrega anterior nos preguntábamos ¿cómo logró Antanas Mockus, dos veces alcalde de Bogotá, un cambio tan profundo en la mentalidad de los bogotanos, al grado de convertirse en referente internacional como paradigma de gobernabilidad democrática?

El diseño de política pública adoptado por el gobierno de Mockus tenía como eje el reconocimiento a quien respeta la ley y el rechazo a quien intentaba hacerse “el vivo” (nosotros diríamos el gandalla) tratando de evadirla en beneficio propio.

Mediante diversas campañas de comunicación, el gobierno de Mockus logró empoderar a la gente para que los mismos ciudadanos premiaran a quienes respetaban las reglas de convivencia y para que sancionaran, con su rechazo, a quienes las infringían. Muy pronto este comportamiento fue escalando hasta transformarse en un “desprecio social”, pacífico pero efectivo, a todo tipo de acto de corrupción y violación a la ley.

La clave fue que Mockus logró desarrollar “una didáctica social en función de la transformación del sentido ético de … los capitalinos, fortaleciendo una cultura cívica y un respeto por la vida” (Bolaños et al, 2018). Entre los programas impulsados por Mockus destacan los siguientes:

La “Ley Zanahoria”, que logró regular la venta de bebidas alcohólicas en toda la ciudad; el decreto de “Control de Pólvora” que logró evitar la muerte o lesiones en los niños capitalinos bajo el lema “ver y no tocar”; la “Vacuna contra la Violencia” (también llamada “contra la rabia”) que logró una drástica disminución de los comportamientos violentos entre la población.

Las “Tarjetas Ciudadanas” que, al estilo futbolístico, se sacaban según fuera el caso: con la imagen de un dedo pulgar hacia arriba en señal de aprobación (tarjeta blanca) o con un pulgar hacia abajo en señal de desaprobación (tarjeta roja). “El uso de estas tarjetas motivó a los ciudadanos para evaluar comportamientos mal o bien hechos y capacidad para responder positivamente” (Bolaños et al, 2018).

Y finalmente, “Los Mimos”, que logró hacer que los ciudadanos respetaran las reglas de vialidad mediante representaciones de actores (mimos) que “reprendían” a quienes las violentaban.

Fue tal el éxito de los programas de gobierno impulsados por Mockus que Bogotá pronto se convirtió en el centro del debate académico sobre cómo acelerar el cambio cultural en América Latina, particularmente en materia de legalidad. En 2002 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo publicó un reporte denominado “Bogotá: una experiencia innovadora de gobernabilidad local”. En la encuesta de Gallup relativa a la pregunta ¿En Bogotá las cosas están mejorando o empeorando?, la tendencia de la aprobación pasó de 15 por ciento en 1993 a 54 por ciento en 2003 (Basáñez, 2016).

El caso de Bogotá y del exitoso gobierno de Antanas Mockus es un claro ejemplo del poder del liderazgo en el cambio cultural y de valores en una sociedad. Lo que Bogotá nos enseña —dice Basáñez— especialmente en el caso de Latinoamérica, es la lección de que “sí se puede reducir la corrupción, restaurar en la ciudadanía un sentido de dignidad y autoestima, solucionar los problemas de tránsito, transporte, seguridad pública. Sí se pueden cambiar las actitudes de las personas, y aprovechar y reavivar los valores caídos en desuso y que se han tornado disfuncionales…” (Basáñez, 2016).

En fin, la lección de Antanas Mockus es que, con el liderazgo adecuado, es posible transformar una ciudad en un espacio gobernable, con bajos índices de corrupción, delincuencia e impunidad. Y que esto se puede hacer con la amplia participación y empoderamiento de la sociedad civil, sin necesidad de dogmatismos, sin pactos clientelares y con el apoyo de ciudadanos independientes y participativos.

Este 2020, vale la pena reflexionar sobre la necesidad de que, como ciudadanos, le saquemos la tarjeta roja a la corrupción y que le mostremos el pulgar hacia abajo a todo aquel que infrinja las reglas básicas de convivencia. ¡Feliz Año Nuevo!

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