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Ofrece Trump ayuda contra narcotraficantes y se atora elección de titular de CNDH

El camino de Bavispe

Héctor De Mauleón en su columna En Tercera Persona, publicada en El Universal, señala que “Mi corazón está completamente roto. Esto es como un mal sueño del que quiero despertar”, escribió John LeBarón.

Los miembros de su familia atravesaban a bordo de tres camionetas la Sierra Alta en que colindan los estados de Sonora y Chihuahua. Habían salido de una pequeña comunidad mormona conocida como La Mora, en el municipio de Bavispe. En los vehículos viajaban tres mujeres y 14 niños, algunos de ellos de solo unos cuantos meses de edad.

No llegaron.

La familia fue acribillada; sus vehículos, incendiados. “Esto es una zona de guerra. Desde hace tiempo estamos pidiendo ayuda”, reveló luego otro de los miembros de la familia, Julián LeBarón.

John LeBarón escribió en sus redes sociales: “17 familiares se seguían en una caravana de 3 vehículos. 9 fueron asesinados, 6 heridos y 2 ilesos… Fueron emboscados por los cárteles mexicanos; fusilados, quemados y asesinados a sangre fría”.

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La columna Frentes Políticos, publicada en Excélsior, indica que 1. Al mejor cazador se le va la liebre. Conocido en el ambiente político como un buen cabildero, Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, esta vez topó con pared. Apoyar a María del Rosario Piedra Ibarra, para encabezar la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, complicó los consensos y por tanto, la mayoría calificada. La oposición va contra el posicionamiento político del presidente Andrés Manuel López Obrador en favor de Piedra Ibarra y construyó un veto natural en la designación del sustituto del ombudsman Luis Raúl González Pérez. La discusión se ha “ideologizado”, acusó el senador. La tozudez va ganando. Si el actual titular de la CNDH cumple el periodo de su encargo sin tener sustituto, la posición sería ocupada por el primer visitador. A pesar de los oficios de Monreal, se antoja complicada la tarea. Este “atorón” le costará al país.

2. Juguetones. Durante su comparecencia en el Senado, Alfonso Durazo, secretario de Seguridad, analizó con autocrítica el caso Culiacán y aseveró que se deben revisar los protocolos, pero los legisladores panistas lo tomaron a chunga. “Si vemos el tema de la inseguridad debemos reconocer que es una tragedia que lleva décadas”, dijo Durazo; “la paz y la tranquilidad sólo pueden ser fruto de la justicia”, remató. Los blanquiazules con mantas y cartulinas cuestionaron al secretario. La senadora Indira de Jesús Rosales quiso regalarle un muñeco Pinocho, que no fue recibido por el funcionario, pero que sirvió para la foto. ¿Se divierten, amigos panistas? La política de juguetería es lo que les hizo perder el poder. ¿Lo saben, no? Por eso están donde están.

3. Todos deben algo. Con gritos e insultos, los diputados federales iniciaron la sesión de ayer, repartiéndose culpas por la masacre de los miembros de la familia LeBarón. Tras la riña verbal guardaron un minuto de silencio. Dolores Padierna dio el más sentido pésame a la familia LeBarón a nombre de la Mesa Directiva y condenó “enérgicamente los hechos violentos acontecidos el día de ayer contra los integrantes de la comunidad mormona en nuestro país. No debemos permitir que este hecho quede impune. La pérdida de vidas humanas, sobre todo de mujeres y niños, nos indigna. Como sociedad nos obliga a actuar en consecuencia”. Si ha habido violencia con Felipe Calderón, Enrique Peña y Andrés Manuel López Obrador es claro que no es sólo cuestión de un gobierno o un partido, sino del sistema del que somos parte. México es un cuerpo con metástasis.

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El caos mexicano, en la mira de Estados Unidos

Salvador García Soto en su columna Serpientes y Escaleras, publicada en El Universal, señala que en menos de un mes, dos crisis graves en materia de inseguridad y violencia del narcotráfico en México han involucrado directamente a los Estados Unidos: primero, el operativo fallido en Culiacán el pasado 17 de octubre, en donde el gobierno mexicano no pudo retener a Ovidio Guzmán ni cumplir una petición de extradición de la justicia estadounidense, y luego, la terrible masacre de nueve ciudadanos estadounidenses, tres mujeres y seis niños, todos ellos pertenecientes a la poderosa comunidad mormona.

Con esos hechos, la situación caótica de la inseguridad en nuestro país y la estrategia fallida del presidente Andrés Manuel López Obrador para contener la violencia y controlar a los cárteles del narcotráfico, se ha puesto directamente en la mira del radar estadounidense. El impacto de la violencia en México provoca reacciones cada vez más fuertes y directas desde el vecino país, que van desde la preocupación por sus intereses y la vida de sus ciudadanos, hasta la duda y la crítica abierta a la incapacidad del gobierno mexicano para controlar los niveles de violencia.

Ayer mismo, justo cuando el presidente Donald Trump decía que “si México necesita o solicita ayuda para limpiar estos monstruos, Estados Unidos está listo, dispuesto y capaz de involucrarse y hacer el trabajo de manera rápida y efectiva”, lo que subyacía en ese ofrecimiento, que fue declinado por el presidente López Obrador argumentando la soberanía nacional, no era sólo un acto de generosidad de Trump, sino más bien una forma elegante y algo sarcástica de decir que el gobierno mexicano no puede con la crisis de inseguridad en el país y que ya no están viendo, desde la Casa Blanca, capacidad de la actual administración para enfrentar a los “monstruos” que el presidente de los Estados Unidos ve en los narcotraficantes y sus crueles sicarios.

Paralelamente, en el discurso de los medios y los analistas estadounidenses, comenzó a ser utilizado el término de “terrorismo criminal” para definir el acto de barbarie cometido en contra de mujeres y niños de origen estadounidense en la comunidad de Bavispe, Sonora, de la que curiosamente es originario el cuestionado secretario de Seguridad federal, Alfonso Durazo Montaño. Y hablar de “terrorismo” desde Estados Unidos, en cualquiera de sus acepciones, en este caso de “terrorismo criminal”, es abrir la puerta a un terreno que siempre ha rechazado el gobierno de México pero que al gobierno de Estados Unidos le daría elementos legales, de acuerdo a sus leyes extraterritoriales de Seguridad Nacional, para intervenir en cualquier país donde grupos terroristas amenacen intereses o a ciudadanos estadounidenses.

Por eso el canciller Marcelo Ebrard rápidamente entró en acción para “ponerse a las órdenes” de la embajada de Estados Unidos y colaborar con el embajador Cristopher Landau, que definió como “prioridad” de su gobierno defender la vida de sus ciudadanos en el extranjero. Ebrard sabe muy bien que hablar de “terrorismo”, como ya lo intentó hacer el gobierno de Estados Unidos en el crimen contra ocho mexicanos en El Paso, Texas en agosto pasado, equivale a aceptar que Washington tiene injerencia para combatir fenómenos terroristas en territorio mexicano; por eso desde aquel crimen el gobierno mexicano insistió en hablar de “crimen de odio”, y ahora, en el caso del brutal asesinato contra nueve mormones estadounidenses en Sonora, tampoco quieren que se hable de “terrorismo criminal”.

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Un “cuento de hadas”, la estrategia para revertir la violencia

Francisco Garfias en su columna Arsenal, publicada en Excélsior, indica que Gustavo Madero abrió su celular, buscó la aplicación de Twitter, localizó la cuenta de Donald Trump y tradujo tres mensajes que el presidente de Estados Unidos escribió sobre la masacre de la familia LeBarón en la frontera entre Sonora y Chihuahua. El senador panista leyó con énfasis el primer tuit del jefe de la Casa Blanca que dice:

“Los cárteles de la droga se estaban disparando unos a otros con el resultado de que mucha gente de Estados Unidos resultó muerta, incluyendo niños y algunos desaparecidos”.

Madero, originario de Chihuahua, guardó su celular antes de opinar. El tono que usó era de impotencia, de indignación.

Contrastó la forma en que reaccionaron los presidentes de México y Estados Unidos ante la masacre de mujeres, niños y hasta bebés.

Dijo, en referencia a lo declarado por AMLO sobre la masacre: “Es frustrante que el gobierno de Estados Unidos ya esté diciendo qué pasó y el de México esté diciendo ‘vamos a averiguar qué pasó, no sabemos si fue una confusión o fue contra la familia…’”.

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La pólvora en infiernillos

La columna Pepe Grillo, publicada en La Crónica de Hoy, señala que aunque varios legisladores intentaron en el Congreso sacar raja política a la tragedia de la familia LeBarón lo cierto es que ninguno pudo tirar la primera piedra.

El gobierno federal es morenista, es verdad, pero el de Chihuahua está gobernado por el panista Javier Corral y el de Sonora por la priista Claudia Pavlovich.

En el municipio de Bavispe, Sonora, donde ocurrieron los hechos, hay cuatro policías. Su alcalde, Cornelio Vega, llegó por una alianza PRI, Verde y un partido local.

De modo que los jaloneos partidistas sobran. Se gasta la pólvora en infiernillos.

Estamos ante un desafío del crimen organizado en contra del Estado mexicano y no contra una formación política en lo particular.

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La columna Trascendió, publicada en Milenio, indica que después de la llamada con Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador ordenó al canciller Marcelo Ebrard y al secretario de Marina, Rafael Ojeda, recorrer la zona del ataque a los LeBarón, en los límites de Chihuahua y Sonora, que cobró la vida de nueve personas.

El almirante fue convocado con urgencia a Palacio Nacional y salió con el titular de la SRE para volar en un helicóptero de la Marina a Bavispe, con una prisa que no es para menos tras el mensaje del jefe de la Casa Blanca sobre entrarle ya a la guerra antinarco y las duras palabras de la clase política de Estados Unidos, como las del senador Tom Cotton, quien desechó el “cuento de hadas” de “abrazos, no balazos” y llamó a combatir las balas con más balas.

QUE Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Participación Ciudadana, tuvo que esperar 20 minutos a los senadores de la comisión correspondiente debido a que se ausentaron para asistir a la votación del pleno donde se rechazó la legalización de los autos chocolate. El funcionario se quedó solo por la mala organización de los anfitriones, quienes programaron la comparecencia cuando también había sesión.

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