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La censura a medios de comunicación y Lalo Rivera perdió por exceso de confianza

Por qué el magistrado Israel Mancilla sí tiene que ser sancionado

Rodolfo Ruiz en su columna La Corte de los Milagros, publicada en E-consulta, señala que aunque la presencia del magistrado del Tribunal Superior de Justicia, Raymundo Israel Mancilla Amaro, en un búnker del PAN donde se recolectaban actas de escrutinio, se ha tratado de minimizar con el argumento de que estaba de licencia, hay razones suficientes para pensar que éste incurrió en conductas violatorias de la Ley Orgánica del Poder Judicial del Estado.

¿Si el magistrado Israel Mancilla no estaba haciendo nada ilegal o irregular en el MM Grand Hotel, por qué se fue a esconder a la cocina, entre los estantes donde se almacenan las vajillas, cuando los dirigentes de Morena irrumpieron en el establecimiento?

¿Si había gestionado una licencia para ausentarse de sus funciones y labores como magistrado durante 30 días, por qué se informó de ella hasta la madrugada del miércoles 4 de julio?

Será acaso porque dicha licencia no existía y después se elaboró a toda prisa, sin atender a lo que expresamente establece el artículo 189 de la Ley Orgánica del Poder Judicial del estado: “En toda solicitud de licencia deberán expresarse por escrito las razones que la motivan”.

Como el lector podrá observar en la solicitud sin goce de sueldo, recibida con fecha de 16 de mayo del año en curso, el magistrado Israel Mancilla nunca aclara en su escrito dirigido al Pleno del Tribunal Superior de Justicia las causas o razones que la motivan. Sólo se limitó a pedir que ésta fuera por 30 días a partir del 4 de junio.

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La teoría del complot (una más sobre el MM)

Jorge Rodríguez en su columna A Puerta Cerrada, publicada en El Sol de Puebla, indica que la teoría del complot.

Una vez conocido el desenlace de la incursión perpetrada por las huestes morenistas en el MM Grand Hotel, donde se encontraba en operaciones el búnker electoral del PAN, ahora circula una versión que asegura que los aliados de Luis Miguel Barbosa fueron conducidos hasta ahí, de manera deliberada, por el ex gobernador Rafael Moreno Valle.

Según esta especie, Moreno Valle habría preparado una emboscada para conseguir dos valiosos objetivos políticos: mostrar a los inconformes de Morena como una turba violenta incapaz de respetar la ley y legitimar la elección de gobernador –atizada hasta ese momento por acusaciones de fraude—a través de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales.

Los promotores de esta teoría juran que fue el propio ex gobernador quien, por medio de alguno de sus múltiples operadores, mandó a los barbosistas el “pitazo” de la existencia de un presunto laboratorio electoral para que emprendieran el movimiento que terminaron por hacer y, en el extremo de su desgracia, en un inmueble sin documentación ni papelería ilegal, como el viernes ratificó la FEPADE.

La especie se robustece con el hecho de que algunos de los morenovallistas que ese martes anduvieron por ahí no mostraron interés en apaciguar los ánimos, sino, por el contrario, en calentarlos todavía más.

De ser cierto esto que se comenta, los muchachos de la ya extinta coalición Juntos Haremos Historia habrían caído como infantes en la trampa.

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¿Lo de ayer es el retorno de Rafael?

Enrique Núñez en su columna Contracara, publicada en Intolerancia Diario, señala que conociendo los graves incidentes del martes en el hotel MM, puedo entender el tremendo operativo de seguridad con el que resguardaron las instalaciones del IEE en Puebla, para entregar la constancia de mayoría a Martha Erika Alonso.

Lo que no puedo entender, son los bloqueos a los medios para poder realizar su trabajo.

Todos sabemos del control que ejerce el morenovallismo hacia el interior del IEE, pero lo de ayer es una voz de alerta, que podría estar anunciando el regreso de la represión del ex gobernador, Moreno Valle.

En la sesión de ayer, dejaron afuera del salón del Consejo General a los reporteros y los mandaron al garage frente a una pantalla y custodiados por policías que no les permitían ni ir al baño; los intimidaron sacándoles fotos y videos con un trato francamente indigno e inaceptable.

Ya ni les digo del corte de señal cuando hablaban los representantes de los partidos opositores, como burda prueba del control de los órganos electorales en favor de un grupo político.

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Dos deslealtades que hicieron perder a Eduardo Rivera Pérez

Fermín Alejandro García en su columna Cuitlatlán, publicada en La Jornada de Oriente, indica que más allá de la ola de Morena, la derrota electoral de Eduardo Rivera Pérez se entiende por dos actos de falta de lealtad y cumplimiento de compromisos. El primero fue del propio candidato albiazul, lo cual le provocó un voto de castigo de la militancia panista. Y el segundo, fue del morenovallismo que lo dejó solo y no le cumplió muchos de los compromisos de campaña.

El ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas le acabó dando “un dulce envenenado” a un Eduardo Rivera que, pecó de exceso de confianza y de creer que había resuelto su distanciamiento y confrontación con el ex mandatario. Al final, el morenovallismo lo deja derrotado electoralmente hablando y enfrentado con la militancia del PAN.

Sin duda, Eduardo Rivera Pérez es el gran derrotado de la actual contienda electoral, ya que su carrera política se ve severamente truncada al haber perdido su liderazgo en el panismo tradicional y enfrentar un fracaso mayúsculo en su intento de volver a ser alcalde de la capital.

Por su fuera poco, aún está pendiente un juicio en un tribunal colegiado que determinará si los procesos administrativos que el Congreso inició en su contra, como parte de la represión morenovallista, son zanjados o continúan su curso, lo cual podría significar que nuevamente lo inhabiliten del servicio público.

Rivera Pérez actuó con candidez al suponer que de ser un perseguido de Rafael Moreno Valle Rosas podía ser un aliado, un cómplice del morenovallismo. Ya que quedó evidenciado que el ex mandatario no le cumplió y no lo ayudó a enfrentar el crecimiento de la intención del voto de Morena y su candidata, Claudia Rivera.

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Sacar elección de la cancha de Moreno Valle, el target

Alejandro Mondragón en su columna A Puerta Cerrada, publicada en Status Puebla, señala que hay que quitarle el ruido de la porra, propaganda y fobia al resultado electoral en Puebla para entender lo se traen tras bambalinas.

La candidata más votada en la historia de Puebla es mujer y se llama Martha Érika Alonso con un millón 152 mil 125 sufragios. Por encima, incluso de su marido en 2010 con todos unidos en torno a él y contra el marinismo.

Luis Miguel Barbosa se llevó ni más ni menos que un millón 027 mil 310 votos, lo que lo puso apenas 124 mil 815 sufragios debajo de la ganadora.

Eso del voto diferenciado quedó como el mito genial de los comicios. La ventaja fue resultado de la operación de la estructura.

El único sufragio diferenciado sirvió contra Ricardo Anaya, en la presidencial; y Eduardo Rivera en la capital.

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El factor Nieto

Valentín Varillas en su columna La Tempestad, publicada en Status Puebla, indica que Santiago Nieto Castillo, será quien lleve la responsabilidad principal en la estrategia de defensa de la elección poblana en tribunales para el Movimiento de Regeneración Nacional.

Al haber sido titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales de la PGR, cumple de manera absoluta con los requisitos de idoneidad necesarios para entregar buenas cuentas.

Conoce perfectamente las acciones tradicionales que se ensayan históricamente en cada elección, a lo largo y ancho del territorio nacional, para violar las condiciones de equidad e igualdad de participación y por el otro, sabe cómo contrarrestar el trabajo de los “especialistas” en sacarle provecho a las lagunas de la ley electoral.

En teoría, tiene todo lo necesario para cumplir con la misión que le encomendaron los altos jerarcas de la izquierda nacional: que la máxima autoridad electoral del país, el TEPJF, emita un dictamen de nulidad en el proceso que llevó a la gubernatura de Puebla a Martha Érika Alonso Hidalgo.

Y juran los enterados que hay tela de sobra de dónde cortar.

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Un hospital del odio para Puebla

Arturo Rueda en su columna Tiempos de Nigromante, publicada en Diario Cambio, señala que el morenovallismo requiere una refundación a partir de su evidente agotamiento como grupo político. Aunque han conseguido un logro heroico al colocar a Martha Erika Alonso en Casa Puebla y obtener su tercera gubernatura consecutiva, no hay rastros de alegría popular en las calles, como en 2010 o la conformidad silenciosa de 2016. El virus del odio ha inoculado en miles de poblanos.

No es gratuito el adjetivo “heroico” para la victoria: un grupo de morenovallistas, a sangre y fuego, logró contener el ‘tsunami’ del lopezobradorismo y evitar que la elección federal contaminara la elección de gobernador.

El análisis de los cómputos finales muestra la dimensión del reto: Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencial en Puebla con un millón 754 mil votos, una cifra que rebasó todos los cálculos previos, pues fue la cuarta entidad que más sufragios aportó a la victoria nacional.

Martha Erika Alonso ganó con un millón 152 mil votos, 600 mil votos menos que el tabasqueño pero 124 mil más que Barbosa. Eso significa que entre el candidato presidencial de Morena y el candidato a la gubernatura hubo poco más de 700 mil votos diferenciados.

Lo heroico también enmascara tragedias. Para que Alonso Hidalgo sobreviviera al ‘tsunami’ se pagaron costos altísimos.

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Gritos, Pataleos y Sombrerazos (entre la Marcha “Ciudadana” y la Constancia de Mayoría)

Mario Alberto Mejía en su columna La Quinta Columna, publicada en 24 Horas Puebla, indica que convocada por MORENA a través de sus adictos en diversas organizaciones, la marcha ciudadana fue todo menos eso.

Ahí estuvieron, dictando el guión y los protocolos, la esposa y la mamá de David Méndez, vocero de MORENA.

Igualmente: Norberto “El Zurdito” Amaya y Luis Soriano.

La convocatoria fue tan mala que a través de transmisiones de Facebook Live algunos gritones pedían que la gente saliera de sus casas y se sumara a ellos.

Ya en el zócalo de la ciudad, los oradores —los arriba citados y Manuel Carmona, eterno Jefe de Prensa del priista Germán Sierra— pidieron a gritos que Martha Érika Alonso no se convirtiera en gobernadora de Puebla.

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