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La propuesta de AMLO de empleo a “ninis” y la mercadotecnia del PRI

El Frente, el escorpión

Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente Personal, publicada en El Financiero, indica que una de las fábulas más célebres atribuidas a Esopo es la del escorpión y la rana, donde el batracio ayuda al depredador a cruzar el río y ve materializados sus dudas y temores cuando, a la mitad del camino, le cruza su venenoso aguijón. Las fábulas tienen una finalidad didáctica ética y universal, que llega a una expresión sublime cuando la rana que le pregunta por qué ha podido hacer algo así, ya que morirán los dos ahogados. “No he tenido elección -dice el escorpión, en una de las frases más citadas a los largo de los siglos- es mi naturaleza”. Es la moraleja de cómo hay quienes sacan su maldad sin importarles las consecuencias, incluso dañándose a sí mismos, que se puede aplicar mecánicamente a Ricardo Anaya, el autoproclamado candidato de una coalición armada a su gusto y necesidades. Pocos como él simbolizan mejor las ambiciones sin escrúpulos.

Una de las fábulas más célebres atribuidas a Esopo es la del escorpión y la rana, donde el batracio ayuda al depredador a cruzar el río y ve materializados sus dudas y temores cuando, a la mitad del camino, le cruza su venenoso aguijón. Las fábulas tienen una finalidad didáctica ética y universal, que llega a una expresión sublime cuando la rana que le pregunta por qué ha podido hacer algo así, ya que morirán los dos ahogados. “No he tenido elección -dice el escorpión, en una de las frases más citadas a los largo de los siglos- es mi naturaleza”. Es la moraleja de cómo hay quienes sacan su maldad sin importarles las consecuencias, incluso dañándose a sí mismos, que se puede aplicar mecánicamente a Ricardo Anaya, el autoproclamado candidato de una coalición armada a su gusto y necesidades. Pocos como él simbolizan mejor las ambiciones sin escrúpulos.

Anaya presionó y chantajeó a un grupo de dirigentes del PRD que, mermado su peso electoral en los últimos años, se enfrentó a la disyuntiva de, o aceptaba las condiciones del exlíder del PAN para ungirlo como candidato de un Frente Ciudadano que se rebautizó como Por México al Frente, o quedaba expuesto a que Andrés Manuel López Obrador, quien los ha descalificado de manera sistemática por aventureros oportunistas, les chupara cuadros, militantes y votos sin que pudieran hacer nada por impedirlo. Los líderes perredistas no lo admiten abiertamente, pero carecen de argumentos objetivos para refutar que su destino, sin el Frente y sin el PAN, significaba la muerte como partido. Esa dirigencia está convirtiendo a la izquierda reformista mexicana en el Partido Verde del PAN, utilitario y desechable en el momento que sea un lastre.

El escorpión está montado sobre la rana amarilla cruzando el río hacia la contienda presidencial. ¿Cuánto tardará en traicionarlos? Ya lo verán e irán comprobando si así sucede, concede Héctor Serrano, líder de Vanguardia Progresista, una de las corrientes del PRD y la más cercana al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, a quien no le dieron la oportunidad, si pudiera llamarse así, de que Anaya lo traicionara. Ellos hicieron el trabajo sucio, sin que Anaya se manchara las manos. El precandidato del PAN, y del PRD y de Movimiento Ciudadano, se ocupará de ellos en el futuro, si fuera necesario. ¿Cómo se puede afirmar con tal contundencia tal escenario? Porque, como le dijo el escorpión a la rana, está en su naturaleza.

Hace 13 meses se describió en este espacio la forma como Anaya ha traicionado sistemáticamente a quien le ha ayudado. Lleva alrededor de 15 años haciéndolo y sería ingenuo pensar que no se repetirá. El domingo, al anunciar que buscaría la presidencia, comenzó a picar a los suyos. Anaya disparó sus dardos envenenados contra los dos expresidentes panistas. Sobre Vicente Fox, expresó: “En el 2000, cuando ganó Vicente Fox, muchos soñamos con que la derrota del PRI traería todos los cambios anhelados. Pero seamos francos y hagamos autocrítica de esta circunstancia: no cambiamos el régimen. Un ejemplo que pinta de cuerpo entero es el Pemexgate”.

El gobierno de Fox investigó el desvío de más de 500 millones de pesos de Pemex a la campaña de Francisco Labastida y dos años después de comenzar la averiguación, la concluyó sin procesar a nadie. El Instituto Federal Electoral –hoy Instituto Nacional Electoral– multó al PRI con mil millones de pesos por no haber reportado esos gastos. “Al líder del sindicato petrolero no se le tocó ni con el pétalo de una rosa -añadió Anaya- y ese sistema corporativo y clientelar del PRI permaneció prácticamente intacto”. No lo dijo el precandidato, pero en esa elección también se investigó a la organización privada Amigos de Fox, a la que el IFE documentó al menos 46 millones de pesos de financiamiento ilícito en la campaña presidencial. Tuvo menos consecuencias que el Pemexgate porque el gobierno panista, donde el principal asesor de Anaya, Santiago Creel, era secretario de Gobernación, se negó a aportar la documentación solicitada. Un diputado priista denunció en su momento las irregularidades. Ese diputado estuvo el domingo codo a codo con Anaya, el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes.

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¿Quién tendrá el control de la campaña, Meade o Peña?

Leo Zuckermann en su columna Juegos de poder, publicada en Excélsior, señala que de acuerdo con la mercadotecnia electoral, el candidato es el activo más importante de una campaña. Es el que tiene que salir a ganarse los votos con base en una estrategia previamente diseñada. Fundamental en este esfuerzo es el coordinador de la campaña. Debe ser una persona que tenga toda la confianza del candidato. Y cuando digo toda, es toda porque, de lo contrario, lo que acaba ocurriendo es que hay un coordinador en el papel, de mentiritas, y otro de verdad, el que efectivamente goza de las confianzas del candidato. Cuando comienzan este tipo de divisiones, las tensiones dentro del equipo se incrementan, lo cual suele tener un desenlace electoral adverso.

No es gratuito que el argot electoral haya tomado prestados conceptos militares. Una campaña por conquistar el poder se parece a una guerra para conquistar un territorio. Existen muchas similitudes. El candidato, en este sentido, es el comandante supremo que debe entrar en acción cotidiana de acuerdo con los dictados que se diseñan en el cuarto de contienda. Un war room que debe estar unido y disciplinado en torno a un coordinador que es el alter ego del candidato.

Tomemos el caso de la exitosa campaña presidencial de Peña (ganó por un margen razonable de votos las elecciones de 2012). El candidato se dedicaba a lo que mejor sabía hacer: salir a ganarse los votos. Atrás, sin embargo, había un equipo compacto, eficaz y unido coordinado por el hombre de todas las confianzas del exgobernador mexiquense: Luis Videgaray. El candidato contaba, además, con el apoyo de múltiples grupos dentro del PRI, incluyendo, de manera importante, varios gobernadores que Peña había ayudado a llegar al poder.

Vayamos, ahora, al caso de José Antonio Meade. Sabemos que se trata de un candidato externo del partido. En este sentido, no tiene un grupo político dentro del PRI que lo apoye. Tendrá que ganárselos. Cuenta, sin embargo, con el apoyo del Presidente y del que sigue siendo su hombre fuerte, Luis Videgaray.

Detrás de Meade hay, además, un conjunto de tecnócratas muy eficaces que vienen de sus épocas de estudiante en el ITAM y que han crecido con él en la administración pública. Son los amigos cercanos de Pepe. En primerísimo lugar, José Antonio González Anaya, hoy secretario de Hacienda; Mikel Arriola, quien será el candidato a la gubernatura de la Ciudad de México por el PRI; Abraham Zamora, Jaime González Aguadé, Miguel Messmacher, Osvaldo Santín, Virgilio Andrade y Moisés Orozco. Agréguese la subsecretaria de Hacienda, quien podría ser la próxima secretaria de Desarrollo Social, Vanessa Rubio, y el nuevo gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León.

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Cuando las medallas de oro se juntan contra la de bronce

Joaquín López Dóriga en su columna En Privado, publicada en Milenio, indica que el partido soy yo, digo, él, digo, ellos. Florestán

No cabe duda en que ante el éxito obtenido por Andrés Manuel López Obrador que le ha permitido permanecer como candidato presidencial vigente a lo largo de tres campañas, en las que suma por lo menos 15 años de proselitismo, Ricardo Anaya ha acercado discurso y métodos a los del tabasqueño.

En cuanto al discurso, el de la renta universal para todos los mexicanos, con sus mismos argumentos: combate a la corrupción, reducción de los ingresos de toda la burocracia y recorte al gasto público, suma que da, afirman ambos, para esa pensión generalizada, que insisto, yo apoyo, pero no veo de dónde, por más cuentas que uno y otro hagan. También su fobia al priismo, declaraciones adelantadas de triunfo, control del partido, y ahora del Frente, y autodesignación de sus respectivas candidaturas presidenciales sin la menor consulta a la base ni a los órganos de gobierno de sus partidos.

Los dos utilizaron su propio dedo, el autodedazo.

Otra coincidencia es que ambos reivindican el primer lugar, ya se declaran ganadores de las elecciones del 1 de julio, y van contra quien afirman que ocupa el tercer lugar, José Antonio Meade, al que terminan, en su intento copiado de descalificar, dándole presencia y conocimiento que necesita, donde es superado por ellos.

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¡Crítica y doble moral…!

Ricardo Alemán en su columna Itinerario Político, publicada en Milenio, señala que un seguimiento periodístico elemental reveló que en la semana del 27 de noviembre al 3 de diciembre —días posteriores al destape del candidato presidencial de PRI—, más de 80 por ciento de los opinantes, analistas y comentaristas políticos cuestionó, con toda razón, “el dedazo” a favor de José Antonio Meade.

El saludable ejercicio critico cuestionó no solo el “agandalle” de Luis Videgaray —quien le arrebató el destape a Peña Nieto—, sino el señuelo del propio Presidente al llamar “despistados” a quienes creyeron el “destape” prematuro del canciller.

Sin embargo —como era normal—, la crítica se centró en la fea “liturgia” del viejo PRI y su recurrencia en la selección del candidato presidencial mediante “el dedo” del gran electoral, cuya decisión final, “el dedazo”, es el arranque y punto de partida de otra cuestionable práctica; “la bufalada”.

Es decir, que luego del “dedazo”, los búfalos de la política —expresión que identifica a lo más acabado de la antidemocracia— salen en tropel de quién sabe dónde y corren a adorar al elegido, al que le descubren impensables méritos y cualidades, y al que expresan lealtad a toda prueba.

Como saben, todo el boato que acompaña al destape del candidato presidencial del PRI es uno de los más acabados ejemplos de antidemocracia, a la que PAN y PRD dedicaron severas críticas por más de medio siglo, en el caso de los azules, y casi tres décadas, en el de los amarillos.

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La Presidencia 2018, a billetazos

La columna Bajo Reserva, publicada en El Universal, indica que ¿Quién da más? La oferta de compra del voto está a todo lo que da, nos hacen ver. El aspirante a la candidatura del PAN, Ricardo Anaya, abre la chequera del dinero público y ofrece una renta universal básica para acabar con la pobreza. Es decir, todo ciudadano, por el solo hecho de ser mexicano, tendrá derecho a recibir un monto de dinero para que tenga acceso a “un mínimo vital que le permita vivir acorde a su dignidad”. En el caso del aspirante a la candidatura de Morena, Andrés Manuel López Obrador, tendrá un mamacho de billetes para cada ocasión. Que si usted es estudiante, tendrá lo suyo; que si usted es joven, y ni estudia ni trabaja, tendrá lo suyo. Y si usted es viejito, tendrá el doble de lo que hoy recibe. Ahora sólo falta saber cuál es la propuesta del aspirante a la candidatura del PRI, José Antonio Meade —que de dineros sabe algo—, para conocer cuánto está decidido a pagar por el voto a su favor. Total usted, con sus impuestos, paga.

Los “soldados” de AMLO

El máximo general de Morena tiene listas a algunas de sus tropas políticas que desplegará por el país, para apuntalar la estructura para la batalla electoral de 2018. Nos dicen que el plan de AMLO va adelantado y que ya están señalados algunos de sus principales operadores en varios de los estados, con el fin de que hagan su trabajo y reúnan el mayor número de votos. Nos comentan que, por ejemplo, Ricardo Monreal y su hermano, el senador David Monreal, fueron comisionados para Zacatecas y una parte de Durango, mientras que Miguel Barbosa y Manuel Barttlet se encargarán de todo el territorio poblano. Así comienza la operación de don Andrés en la búsqueda de llegar a Palacio Nacional.

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La columna Trascendió, publicada en Milenio, señala que al registrarse como precandidato, Andrés Manuel López Obrador prometió la contratación “como aprendices” de 2.3 millones de ninis, jóvenes que ni estudian ni trabajan, pagando a cada uno 3 mil 600 pesos al mes, para lo que se necesita invertir 99 mil 360 millones de pesos, equivalentes a 94 por ciento del presupuesto de la Sedesol en 2018.

Las preguntas inmediatas fueron de dónde obtendrá esos recursos y, si usa los de Sedesol, qué pasará con los programas Fomento a la Economía Social, Liconsa, Diconsa, 3×1 para Migrantes, Fonart, Atención a Jornaleros Agrícolas, Empleo Temporal, Estancias Infantiles y Comedores Comunitarios, entre muchos otros.

Con el típico discurso del ahorro en el gasto corriente no salen las cuentas.

Que el coordinador del PAN en la Cámara de Diputados, Marko Cortés, sorprendió incluso a sus aliados de PRD y MC al retractarse ayer de su compromiso público y reiterado de sacar a como diera lugar el nombramiento del próximo auditor superior antes de concluir el actual periodo de sesiones.

Cortés tuvo que apechugar la línea que el nuevo presidente de Acción Nacional, Damián Zepeda, fue a dar a los diputados federales de su partido en el Palacio de San Lázaro para rechazar la terna de finalistas para la Auditoría Superior de la Federación, que la bancada albiazul había avalado apenas el jueves pasado.

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