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La protección de Norberto Rivera a pederastas y el “destape” de Anaya

En vilo candidaturas morenovallistas al 2018

Rodolfo Ruiz en su columna La Corte de los Milagros, publicada en E-consulta, señala que quienes aún no terminan de zanjar sus mutuos enconos y diferencias para ponerse de acuerdo sobre cómo se repartirán las diferentes candidaturas del PAN en la entidad poblana son Ricardo Anaya Cortés y Rafael Moreno Valle.

El ex mandatario estatal quiere ser el gran elector, es decir ser el que designe en Puebla a la totalidad de los candidatos locales y federales de Por México al Frente (PMF), sin intromisiones del CEN del PAN.

Sin embargo, Ricardo Anaya y su sucesor en la dirigencia nacional panista Damián Zepeda Vidales pretenden acotarlo, por la fundada sospecha de que Moreno Valle podría traicionarlos dada su cercanía con el presidente Enrique Peña Nieto y con el abanderado presidencial del PRI, José Antonio Meade Kuribreña.

El pleito es tan notorio que este domingo, en el destape de Ricardo Anaya Cortés en el World Trade Center de la Ciudad de México, los grandes ausentes fueron los morenovallistas. Al acto asistieron todos los gobernadores emanados del PAN, con excepción del poblano José Antonio Gali Fayad.

También faltaron los senadores y legisladores del PAN, con excepción de Juan Pablo Piña Kurczyn, quien es el poblano más cercano a Ricardo Anaya y su compacto grupo político.

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Va de nuez: ¿impondrá Anaya candidatos en Puebla?

Jorge Rodríguez en su columna A Puerta Cerrada, publicada en El Sol de Puebla, indica que Rafael Moreno Valle no haya asistido al mitin convocado por Ricardo Anaya Cortés para realizar su auto-destape como precandidato presidencial del Frente solo puede significar una cosa, que estos dos personajes todavía no concretan arreglos para caminar juntos en la contienda electoral que se avecina.

El ex gobernador poblano y aspirante perdedor a la candidatura presidencial del PAN no asistió este domingo al evento multitudinario de Anaya, que se celebró en el Salón Olmeca del World Trade Center de la Ciudad de México.

La ausencia de Moreno Valle refleja que no tiene acuerdos con el ex dirigente nacional de su partido, lo cual sirve para alimentar la expectación que hay en Puebla acerca de la identidad de los perfiles que irán como candidatos de esos tres institutos políticos: PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

Si bien a nivel local se han hecho los amarres posibles para tratar de que sea aquí donde se definan las candidaturas, lo cual no está garantizado, la incertidumbre entre los seguidores del morenogalismo seguirá vigente, por lo menos hasta después de Navidad y Año Nuevo.

¿Impondrá Anaya candidatos en Puebla?

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Los santos óleos a RMV

Enrique Núñez en su columna Contracara, publicada en Intolerancia Diario, señala que la liga de la que hemos hablado en los últimos días está a punto de romperse.

La ausencia de Rafael Moreno Valle y todo su grupo político es una clara muestra del momento que vive la relación entre el virtual candidato del Frente Ricardo Anaya y el frustrado suspirante.

Decíamos en una reciente entrega que Moreno Valle perdió una magnífica oportunidad, cuando Margarita Zavala renunció al PAN dejando al poblano la posibilidad de negociar su capital político a precio de oro, a cambio de levantarle la mano.

En ese momento, sumarse a la candidatura de Ricardo Anaya podía darle a Moreno Valle una suculenta rebanada del pastel.

Sin exagerar, podía pedir la candidatura para su esposa, la senaduría plurinominal para él —con la coordinación parlamentaria incluida— y en un golpe de suerte hasta la dirigencia nacional del partido.

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Se acabó el mito de que RMV nunca pierde una elección ni un proceso interno del PAN

Fermín Alejandro García en su columna Cuitlatlán, publicada en La Jornada de Oriente, indica que la inminente candidatura presidencial de Ricardo Anaya Cortés vino a romper la idea, el mito, de que Rafael Moreno Valle Rosas nunca perdía ni una elección constitucional ni un proceso interno del PAN, tal cómo él mismo lo definía. Ahora no solamente ha quedado marginado de la lucha por la presidencia de la República, sino se encuentra en el riesgo de ser derrotado –desde adentro del panismo– de su único bastión: la titularidad del Poder Ejecutivo de Puebla.

Se sabe que en los últimos 15 días Moreno Valle intento hacer los últimos esfuerzos para conciliar con Ricardo Anaya Cortés un acuerdo para Puebla, antes de que el segundo dejara el sábado pasado la presidencia nacional del PAN, como preámbulo para buscar la postulación presidencial. Ese empeñó tuvo como respuesta el silencio, la evasión, del líder panista de trabar una negociación con el ex gobernador poblano.

Y es que en el círculo cercano a Ricardo Anaya se tiene una idea clara: nadie le cree a Rafael Moreno Valle que podría trabajar a favor de quien seguramente va a ser el candidato presidencial de la coalición Por México al Frente, que es como ahora se llama la alianza formada por el PAN, el PRD y el Partido Movimiento Ciudadano (PMC).

Moreno Valle pretendía dejar pactada una negociación antes de que Anaya fuera relevado de la presidencia del PAN, en la cual se garantizara que Martha Erika Alonso Hidalgo y Jorge Aguilar Chedraui serían candidatos albiazules a la gubernatura de Puebla y la alcaldía de la capital del estado, respectivamente, a cambio de que el morenovallismo se sumara a la segura postulación de Ricardo Anaya y dejara de ejercer una fuerte beligerancia contra este último.

Como una manera de presionar, por órdenes de Moreno Valle, el morenovallismo activó –en las últimas semanas– al senador Javier Lozano para ejercer un golpeteo permanente y agresivo contra Anaya, al que calificó de político “demencial”, sin capacidad de ganarle al PRI y al que va a ser su candidato, José Antonio Meade Kuribreña. Todo ello con el objetivo de crear, desde las redes sociales, la idea de que la militancia albiazul no quiere al político queretano como abanderado en los comicios de 2018.

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El Morenovallazo de Anaya

Alejandro Mondragón en su columna Al Portador, publicada en Status Puebla, señala que el alumno superó al maestro.

“Ricardo Anaya es hechura de Moreno Valle”, presumían a la menor provocación los operadores del #GóberBala cuando el hoy candidato presidencial del Frente Ciudadano por México peleaba por la dirigencia nacional del PAN.

“Anaya hará lo que yo le diga”, decía el propio Rafael Moreno Valle, quien el jueves por la noche salió echando pestes de una reunión con Anaya, a quien amenazó por negarle ser el Gran Elector en Puebla y ser exhibido por sus traiciones en Coahuila y el Estado de México en los pasados comicios locales.

Anaya para doblegar y derrotar, sin aniquilar, a Moreno Valle tuvo que convertirse en él: autoritario, gandalla, torcedor de estatutos y reglas del PAN para despojar a todos de la candidatura presidencial.

El Frente Ciudadano por México se confeccionó como traje a la medida de Anaya. El sastre y cliente eran uno solo: el propio Ricardo.

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Nicolás Aguilar y los pecados de Norberto

Valentín Varillas en su columna La Tempestad, publicada en Status Puebla, indica que más que por haber cumplido a cabalidad con el deber de salvar las almas de sus fieles, Norberto Rivera, recién jubilado Arzobispo Primado de México, será recordado por haber sido una de las principales cabezas de la protección clerical a sacerdotes involucrados en abusos sexuales en contra de menores de edad.

El éxito de esta penosa cadena de encubrimientos, se debe en buena medida a las excelentes relaciones que supo tejer con lo más granado del establishment político, empresarial y social del país.

Las buenas conciencias, sus herederos e incondicionales, encontraron invariablemente en Norberto un cómplice que les permitió evadir la acción de la justicia de los hombres y de paso, un hipócrita consuelo para sus espíritus en pena.

Como el más alto jerarca de la Iglesia católica mexicana, por décadas negó obsesivamente que Marcial Maciel fuera culpable de los delitos que cometió en contra de decenas de niños y jóvenes inocentes.

El Legionario mayor fue, faltaba más, uno de los mecenas más generosos para la apostólica y romana, lo que le ganó amplia influencia y derecho de picaporte con varios Papas.

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Tras el berrinche morenovallista, el reacomodo en Puebla

Arturo Rueda en su columna Tiempos de Nigromante, publicada en Diario Cambio, señala que el berrinche de Rafael Moreno Valle por el portazo a sus aspiraciones presidenciales es monumental, pero lo que en verdad debería preocuparle es el cómo ocurrió. No es la derrota, si no el porqué de ella lo que lo ayudará a sobrellevar un trance que amenaza a todos sus flancos, incluido el apertrechamiento en el gobierno de Puebla: las brutales inversiones de dinero no dieron rendimientos en ningún partido y tampoco sus aliados en Los Pinos apostaron por él. Y eso pasó porque todos, amigos y enemigos le han colocado la misma etiqueta: no confiable, lo que para otros equivale a traidor.

Por supuesto que la traición es una de las armas fundamentales de la política. No hay ningún practicante de la real politik que no haya incurrido en ella y tampoco nadie que pueda aventar la primera piedra. Sin embargo, ésta sólo funciona como excepción y no como regla. Vaya: el problema de la traición es cuando se vuelve norma y no excepción.

Un problema añadido es la alharaca de la traición. Por definición y al transgredir las reglas del Arcana Imperii, clavar un cuchillo siempre será mejor hacerlo en secrecía, es decir, que se enteren los menos posibles. Por el contrario, el grupo morenovallista ha hecho de sus traiciones un festín para que todos se enteren. Que todos vean sus manos llenas de sangre.

Hacer un recuento sería interminable, pero el más reciente reúne ambos defectos. En la elección del Estado de México, Moreno Valle operó contra la candidata Josefina Vázquez Mota con tres objetivos principales: la fobia personal hacia ella, echarle la mano al presidente Peña Nieto y su equipo político, pero sobre todo, hundir a Ricardo Anaya en su apuesta personal.

Los tres fines sin duda eran legítimos. En política se vale la fobia, regresar favores y tratar de hundir a tus rivales. Nada que reclamar. El problema fue que Moreno Valle acordó públicamente apoyar a Josefina, además de sumarle a sus aliados mexiquenses del grupo de Ulises Ramírez. Pero detrás del acuerdo estaba el cuchillo. Y no sólo eso: el grito pelado de que iba a hundirlos. Casi logró todos sus objetivos, sin embargo al panismo nacional le quedó claro quién era el ex gobernador. Ganó a corto plazo, pero perdió a largo plazo.

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