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Columnistas

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Por Carlos Ramírez*

Al cumplirse este viernes veinticinco días escolares de suspensión unilateral de clases y en medio de gritos, policías y movilizaciones, el problema de la CNTE y sobre todo de la Sección XXII de Oaxaca tiene cuando menos cuatro puntos clave:

1.- La exigencia de la Coordinadora de “abrogar” las reformas a los artículos 3º y 73 constitucionales y las tres leyes reglamentarias que fueron aprobadas por los canales legales y que no pueden anularse por presión callejera de una minoría de maestros.

2.- La redefinición de las relaciones laborales. El empleador utilizó reformas legales para una nueva relación con los trabajadores de la educación en materia de evaluación de capacidades; la relación laboral es de la SEP con el SNTE, no con las secciones. Y los trabajadores tienen mecanismos legales para oponerse, como la huelga, pero cumpliendo procedimientos legales.

3.- La insurrección social de los maestros de la Coordinadora y otras organizaciones políticas en contra de las reformas legales para defender el viejo Estado priísta de bienestar y la “alianza histórica” del Estado con los trabajadores que sostuvo el PRI desde el cardenismo hasta el lopezportillismo.

4.- La reactivación de la vieja disputa por la definición del modelo de desarrollo que se agudizó en 1977 entre el modelo neoliberal y el modelo estatista, que luego estalló con la expropiación de la banca en 1982 y que ganó el neoliberalismo en 1993 con la globalización y el tratado de comercio libre del salinismo. Sólo que en una fase de debilitamiento político e ideológico del estatismo y una crisis financiera de la globalización.

Ante la carencia suficiente mayoría para dar la batalla por los cauces legales, la CNTE optó por la vía que le ha redituado posibilidades en sus plazas estatales: marchas, plantones, paros de labores y violencia en las calles. Sin embargo, hasta ahora la Coordinadora ha fracasado como una fuerza social capaz de empujar una alternativa integral de modelo de desarrollo, por lo que ha jugado con las apariencias: movilizarse en torno a banderas extremas de cambio de rumbo de desarrollo para ganar ventajas gremiales que benefician sólo a los trabajadores de las secciones, a costa de otros sectores sociales que tendrían que sacrificar fondos presupuestales. Mejores salarios sin acreditar capacidad vía evaluación.

La lucha de la CNTE se centra en el modelo educativo porque la educación históricamente representa una definición del rumbo político del país; en el pasado, en el que se formaron los maestros de la CNTE, la educación era la esencia política del PRI populista. A partir de 1991 la educación se quedó sin discurso ideológico cuando Salinas de Gortari anuló el concepto de Revolución Mexicana de los documentos del PRI. Sin ideología, la educación dejó de ser una masa prioritaria.

De ahí el hecho político de que la CNTE quiere, paradójicamente, la restauración del modelo ideológico del PRI y del Estado priísta vía un enfoque educativo para el Estado priísta, la liberación ideológica y la lucha social. Pero la CNTE se quedó sin partido: el PRI ya no es estatista y el PRD y el PAN están aliados con el PRI en reformas estructurales de desmantelamiento del viejo PRI; y a los maestros disidentes sólo le quedan las alianzas con los tradicionales grupos antisistémicos, anarquistas y radicales que luchan en las calles.

El problema real no radica en la agenda sistémica de la CNTE más allá de la educativa, sino que ha tomado como rehén al sistema educativo y a los niños que pierden clases todos los años por demandas de bienestar personal de los maestros y sus exigencias políticas e ideológicas.

Recuento: hoy jueves suman veinticuatro días escolares en paro en las escuelas controladas por la CNTE.

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