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Javier Corral acusa peculado por 250 mdp en Chihuahua

El jaque al rey

Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente Personal, publicada en El Financiero, indica que Javier Corral ha puesto en jaque a Enrique Peña Nieto. La acusación por peculado por 250 millones de pesos en contra de su antecesor como gobernador de Chihuahua, César Duarte, colocó al presidente en el centro de la lucha por la sucesión presidencial. Peña Nieto no estará en la boleta, pero por él cruza el descarrilamiento de la campaña presidencial del PRI. Corral lo ha emplazado desde el fin de semana. Peña Nieto, dijo, tiene que responder a los mexicanos. La estrategia detrás de él es clara y la ha delineado Ricardo Anaya, precandidato del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano: hay que eliminar al tercer lugar. Verbigracia, llevando la corrupción de Duarte al corazón de Los Pinos, inhabilitará la candidatura de José Antonio Meade y al final la lucha será entre dos, Andrés Manuel López Obrador y él.

En tiempos de precampaña electoral, donde los aspirantes a la presidencia no pueden pedir el voto ni hacer propuestas, Corral es el mejor instrumento de Anaya para el ataque. La corrupción del neopriismo del nuevo siglo ha construido involuntariamente las condiciones para su vulnerabilidad. El presidente reconoció la gravedad de las acusaciones de Corral, quizá no tanto por el fondo de su alegato, sino porque el ruido que ellas producen impacta en su proyecto transexenal. Peña Nieto fue forzado por las imputaciones de Corral a pelearse con él en el fango, y buscar frenar el daño que les estaba infligiendo.

“El gobierno de la República no puede ni merece ser descalificado, y menos señalado, por no estar respaldando al gobierno de Chihuahua”, dijo Peña Nieto horas después de procesar las imputaciones. “Yo les pregunto a los medios de comunicación si ha habido otro momento en la historia política del país donde algún funcionario del más alto nivel que hubiese sido señalado con sustento o con presumible sustento a la acusación, no esté enfrentando un proceso judicial alguno”. Improvisar en temas complejos no es el mejor ambiente para el presidente. La respuesta es simple: se equivoca, sí ha habido otros momentos de esos.

Secretarios de Estado en regímenes priistas han ido a la cárcel por presuntos actos de corrupción; senadores priistas desaforados para poder ser juzgados por peculado, o gobernadores priistas por vínculos con el narcotráfico. Funcionarios en gobiernos estatales y municipales también fueron a prisión en el pasado. Una diferencia de aquellos años con los tiempos actuales es que nunca fueron tantos priistas, ni con sumas de dinero tan extraordinarias generadas por su presunta corrupción, los que habían enfrentado a la ley. Otra diferencia es que las percepciones otrora con las que se tienen ahora, es que nunca se concibió una corrupción tan rampante como la que se ha vivido en la era Peña Nieto, asociada intrínsecamente con la impunidad.

Las acciones de Corral en el proceso contra Duarte, su antecesor en Chihuahua, ya tienen una primera víctima de altos vuelos, Manlio Fabio Beltrones, quien ante la detención de Alejandro Gutiérrez, uno de sus principales colaboradores cuando era presidente del PRI, por el presunto desvío de 250 millones de pesos para campañas políticas del PRI, tramitó tres amparos ante un juez. Al hacerlo, automáticamente quedó inhabilitado para buscar un cargo de elección popular, porque la ley lo prohíbe al estar involucrado en un proceso judicial. Corral no ha quitado el interés sobre el exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, que aparece en las indagatorias del Caso Duarte de manera indirecta hasta ahora –por lo que se sabe–, por haber presuntamente autorizado la transferencia ilegal de recursos presupuestales para fines electorales. Si avanza sobre esa ruta y procede judicialmente contra Videgaray, el siguiente en la lista será su sucesor en Hacienda, Meade, el precandidato presidencial. De ser así, no tardaría en aparecer en el camino, como se adelantó en este espacio el martes, Luis Vega, el secretario de Finanzas y Administración del PRI, incondicional del presidente Peña Nieto desde que era gobernador del Estado de México.

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El Frente, nepotismo y cambio de régimen

Leo Zuckermann en su columna Juegos de poder, publicada en Excélsior, señala que a los políticos hay que juzgarlos por lo que hacen, no por lo que dicen. Ahí está, por ejemplo, la diferencia entre los dichos de la coalición electoral del PAN, PRD y MC, Por México al Frente, y sus hechos. Quieren, según ellos, cambiar el régimen político del país ya que, en el actual, existen abusos de poder. Y, sin embargo, algunas de sus candidaturas más importantes se las están dando a familiares de sus gobernadores. Una de dos: o el cambio de régimen es pura demagogia o están pensando en instituir el nepotismo en México.

El tema de cambio de régimen ha sido utilizado por los artífices del Frente como justificación para la coalición de partidos de ideologías divergentes. La idea es que se requiere una alianza de la derecha (PAN) e izquierda (PRD-MC) para modificar un sistema político que, a pesar de dos sexenios panistas, sigue teniendo características autoritarias que provienen de la época priista.

El día que se destapó como candidato presidencial del Frente, Ricardo Anaya dijo: “Cambiaron algunas cosas en la superficie del iceberg, sí, y sintámonos orgullosos de esos avances, pero también asumamos con responsabilidad y con seriedad que las estructuras profundas del sistema priista quedaron prácticamente intactas”. Ejemplificó con la alianza del entonces presidente Calderón con la dirigente nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo. Por eso, Anaya propuso un cambio, pero no cualquier cambio, ya que López Obrador representa “ideas viejas y fracasadas”.

La oferta de un cambio de régimen es confusa y, en el mejor de los casos, atractiva para un pequeñísimo segmento del electorado. Distintos políticos del Frente, incluyendo a Anaya, han hablado de formar “el primer gobierno de coalición en la historia de México”. El concepto de “gobierno de coalición” ya existe en el artículo 89 de la Constitución. Al Presidente se le da la facultad de unirse “con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso”, asunto que “se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por la mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores”. Si están hablando de eso, pues claramente no es un cambio de régimen.

Un cambio de régimen implicaría modificar la Constitución para irnos a un sistema semi-presidencial o parlamentario. No me voy a meter en detalles de qué es eso porque no es el tema. Lo que sí voy a mencionar es que este asunto puede resultar muy interesante y atractivo para los avezados en los vicios y virtudes de los distintos regímenes democráticos. Pero creo que a la gran mayoría del electorado le vale un pepino: ni lo entienden ni lo quieren entender; lo que quieren son gobernantes que les resuelvan los problemas que más le preocupan: inseguridad, corrupción, faltas de oportunidades económicas, educación, salud, etcétera.

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Con Meade repiten operación contra Colosio

Joaquín López Dóriga en su columna En Privado, publicada en Milenio, indica que la máscara no oculta su rostro, deja ver al verdadero. Florestán

A últimas fechas he registrado el rumor del relevo del precandidato presidencial del PRI, José Antonio Meade.

Y me remonté a los días que siguieron a la nominación de Luis Donaldo Colosio, el domingo 28 de noviembre de 1993, lo que nunca reconoció Manuel Camacho quien logró al día siguiente, lunes 29, que Carlos Salinas lo designara secretario de Relaciones Exteriores, desde la jefatura del entonces Departamento del Distrito Federal, y 42 días después, el 10 de enero de 1994, hoy hace 24 años, comisionado sin sueldo para la Paz y la Reconciliación de Chiapas, tras el alzamiento del EZLN en las primeras horas de aquel año nuevo.

Aquello, sin sueldo, reforzó la percepción de que, efectivamente, Salinas lo tenía como candidato alterno, lo que el propio Colosio y los suyos llegaron a creer. Hay que recordar el correo que le envió su coordinador, Ernesto Zedillo, el 17 de marzo de 1994 y que publicaría vía Reforma su secretario, Alfonso Durazo, en el que le advertía la necesidad de acercarse al Presidente que había cambiado de prioridad después del 10 de enero, al nombramiento de Camacho, de la campaña ganadora del PRI, a la paz en Chiapas, lo que había aprovechado éste para posicionarse como el relevo. Y eso que para entonces ya había pasado la declaración de Salinas del 13 de febrero del no se hagan bolas, el candidato es uno y es Colosio, lo que no alcanzó a frenar el rumor de los camachistas vía Marcelo Ebrard.

Hoy, casi un cuarto de siglo después, reproducen la estrategia cambiando el nombre de Colosio por Meade, y de Camacho por Aurelio Nuño y que todo lo opera Luis Videgaray. El error que cometen, quienes tripulan esta operación, es subestimar a Enrique Peña Nieto, que no es Carlos Salinas ni juega como él llegó a jugar.

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Osorio y Beltrones, ¡todos contra Anaya!

Ricardo Aleman en su columna Itinerario Político, publicada en Milenio, señala que se equivocan, de cabo a rabo, quienes suponen que Miguel Ángel Osorio deja la Secretaría de Gobernación para disfrutar de un premio de consolación: la senaduría por la vía plurinominal.

También falla el análisis de quienes piensan que “la guerra” lanzada contra Manlio Fabio Beltrones, por Ricardo Anaya, se convertirá en un distractor para el debilitamiento del PRI y de sus candidato presidencial, José Antonio Meade.

Lo cierto es que —a despecho de los malquerientes del PRI—, los de Osorio y Beltrones son casos emblema de la estrategia emergente emprendida por el PRI, para el fortalecimiento de su propuesta de gobierno y de su candidato presidencial.

¿Por qué?

Porque contra lo que muchos creen, el golpeteo sistémico lanzado contra Miguel Osorio y la “guerra sucia” declarada contra Beltrones, no lograrán —no lo han hecho hasta ahora—, el debilitamiento del tricolor y menos de su candidato.

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AMLO y el diputado stripper

La columna Bajo Reserva, publicada en El Universal, indica que tal parece que la distancia entre la farándula y la política es cada vez más corta, sobre todo en tiempos de campaña electoral y en la pelea por los cargos de elección popular. Y en 2018 artistas y políticos andan por la misma brecha. Es el caso del actor, cantante y modelo Sergio Mayer, famoso por el show de strippers “Solo Para Mujeres”, quien fue nombrado por el partido Morena de Andrés Manuel López Obrador como coordinador en la Ciudad de México, al igual que el político-activista Gerardo Fernández Noroña. Nos dicen que sus posiciones serán la catapulta para llegar a San Lázaro como diputados federales. Don Sergio y don Gerardo se registraron el martes, el actor para el distrito 6 de la Magdalena Contreras y el político para el distrito 4 de Iztapalapa. ¡Que comience la función, estamos en elecciones!

Hacen maletas en gabinete presidencial

Muchas maletas suben y bajan en Bucareli, la Secretaría del Trabajo y la Secretaría de Desarrollo Social. La salida de Miguel Ángel Osorio Chong de Gobernación para ir a buscar un escaño en el Senado abre la puerta a Alfonso Navarrete Prida, quien deja la titularidad de Trabajo. Nos dicen que en el sector obrero apuestan a Rafael Avante, pero también está puesto el oficial mayor Manuel Cadena Morales. En la Sedesol se espera que el mexiquense Luis Enrique Miranda Nava deje esa dependencia para también buscar un escaño. Ahí se abre otro espacio, nos comentan, para el que se ha mencionado a la subsecretaria de Hacienda, Vanessa Rubio. Por lo pronto, todo está listo para la salida de don Miguel Ángel, quien ayer se despidió de sus colaboradores.

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La columna Trascendió, publicada en Milenio, señala que a fuerza de alusiones personales de Javier Corral y hasta del involucramiento abierto del presidente Enrique Peña Nieto respondiendo a propósito del caso Chihuahua, el precandidato del PRI, José Antonio Meade, ha debido modificar su discurso y entrarle al intercambio directo con el gobernante panista, quien, como se ha informado, reclama por un faltante de recursos desde la Secretaría de Hacienda.

Meade acusó a Corral de haber multiplicado por cuatro la inseguridad y de usar la tortura y la contradicción cada vez que se le viene encima un problema en Chihua-hua. ¿Tortura? Sí, dijo “tortura”. Delicado señalamiento.

Que por cierto, hablando de ese escándalo por denuncia de desvío de recursos, nos comentan de una irregularidad en la detención de Alejandro Gutiérrez, ex secretario general adjunto del CEN del PRI, el pasado 20 de diciembre, de la que informó el gobernador Javier Corral vía Twitter atribuyéndola a policías estatales.

En efecto, representantes de la fiscalía de Chihuahua se presentaron junto con efectivos de la PF al domicilio del ex senador en Saltillo, Coahuila, pero con un oficio de colaboración sin el nombre del imputado, por lo que los federales decidieron no participar en la captura, se dice, “a todas luces ilegal”.

Que a propósito de la Policía Federal, en efecto su ex comisionado Enrique Galindo ha recorrido diversas regiones de su natal San Luis Potosí, pues anda en busca de un lugar en el Senado para las elecciones de este año, dado el buen nivel de aceptación que, se dice ahí, tiene entre los priistas locales.

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