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lunes, abril 19, 2021

¿Tendrán claro lo que ordenan?

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Reflexiones de un maestro.

¿Tendrán claro lo que ordenan? ¿Sabrá Nuño a qué se refiere cuando pretende -atrás de un escritorio- promover la inclusión de niños, niñas y adolescentes, con necesidades especialesa los grupos regulares, sin el acompañamiento y el auxilio del personal especializado en los grupo que le requieran, sin las instalaciones adecuadas y sin la capacitación pertinente que debiesen recibir maestras y maestros en servicio, mediante la que les enseñaran cómo enfrentar estos retos? Ojalá que todos los estudiantes tuvieran acceso a la infraestructura escolar y al material educativo «adecuado para atender sus necesidades particulares». Cierto que maestras y maestros, deben tratar a todas y todos los niños por igual y realizar el máximo esfuerzo para que aprendan y se eduquen -en la medida de lo posible-. Empero, les cargan la mano y les declaran culpables de todos los males habidos y por haber. La sociedad debiese considerar que las niñas y los niños pasan tan sólo entre 3 y 6 horas diarias en los salones de clase (dependiendo del nivel) de los 185 días que comprende el calendario escolar (555-1110 de un total 8 760 hrs.) y que su influencia es limitada y más, si se considera que muchas de las madres y de los padres de familia, no ayudan o porque no saben, no pueden o no quieren. Y qué decir de lo que aprenden de sus cuates, en la televisión, en la calle, en internet y en las redes sociales.

En honor a la verdad, creo que de manera consciente nunca -o por lo menos he tratado- discriminé a nadie por motivos de raza, religión, género, origen étnico o nacional, edad, discapacidades, condición social, condiciones de salud, opiniones, preferencias sexuales, estado civil «o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas» como se establece en el artículo1º de la Constitución y que respeto y promuevo los derechos humanos, y, en particular, los de las niñas y niños con los que trabajo, aunque en ocasiones a maestras y maestros les cueste trabajo, fundamentalmente tratándose de las y los compañeros de escuela, incluido el director, las y los supervisores y jefes de sector que nos han tocado, quienes -en muchos casos- se comportan, más que como compañeras y compañeros como la divina garza y de la actitud, en la mayoría de las ocasiones injusta, que adoptan madres, padres de familia. Se pasan.

De la misma manera, me complace destacar y presumo que exalumnos míos a quienes mucho pondero, han destacado a pesar de sus limitaciones personales. Como Álvaro, invidente que se inscribiera en la carrera de mecánico automotriz que se impartía en un plantel del Conalep y casi terminara su carrera técnica o Lalo, quien se desempeña como asesor en materia de inclusión y equidad de un grupo parlamentario de la Cámara de Diputados y, adicionalmente, es campeón nacional e internacional del deporte que practica y quien superó la parálisis cerebral con la que naciera. Alumnos y alumnas invidentes y con muletas, asisten a la escuela y forman parte del equipo de fútbol. Quisiera atribuirme los triunfos, empero, los éxitos que comparto, se deben fundamentalmente al apoyo y a los desvelos que madres y padres de familia dedican a sus hijos, sacrificando incluso el logro de su propio desarrollo.

Creo como maestro que todo parte del respeto. Pero este es un valor que se adquiere en casa. Las niñas y los niños aprenden -en primera instancia- por imitación de su madre y de su padre, de sus hermanas y hermanos, de su entorno, de sus amistades, de los medios masivos de comunicación, de la calle y del comportamiento de las autoridades. Estos últimos , que sin más desparpajo, vilipendian a sus oponentes políticos en foros internacionales -como el de la Unesco realizado recientemente en la Ciudad de París- por sustentar opiniones contrarias a las que manifiestan quienes gobiernan el país, escudados en la modernidad. ¡Cómo niegan lo que pregonan! Respeto es considerar opiniones diversas a las que divulgamos y darles su valor; verse en los zapatos del otro y considerar que podrían existir opiniones divergentes a las nuestras y tomar decisiones respetando al otro, sin imponerlas por la vía de los hechos y de los pactos por México, así sean -que no lo son- justas y convenientes. En eso consiste la democracia. El Programa Nacional de Convivencia Escolar (PNCE) reza en alguno de sus apartados que quienes estamos frente a grupo, maestras y/o maestros, debemos como «propósito del tema. Favorecer que el alumno reconozca la importancia de respetar las diferencias en los demás para mejorar la convivencia», cuestión que se incumple cuando Nuño, descalifica a uno de sus oponentes en su carrera imaginaria por la presidencia de la república, quien se le adelanta en las preferencias electorales, señalándolo de populista.

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Confieso que no sé qué me causa mayor conflicto. Si lidiar con los abusos del director o directora y de sus jefas y jefes que también son míos, o con el lenguaje mordaz, ofensivo y poco solidario que utilizan muchos de nuestras y nuestros compañeros o, con sus actitudes poco amistosas que rayan en los enfrentamientos verbales. O, con los reclamos de madres y padres de familia cuando con o sin razón, reprochan llamados de atención que recibe alguno de sus vástagos por ejercer violencia y acoso escolar en contra de sus compañeras o compañeros en el patio o salón de clase. Confieso, que me agravian responsabilidades que no puedo cumplir por carecer de la infraestructura escolar adecuada, así sean sólo rampas, letreros en braille, contactos de luz a la altura adecuada para quienes asisten a la escuela en silla de ruedas y deben encender una computadora, guías para el traslado de invidentes o débiles visuales, acompañamiento especializado y que, en muchas ocasiones, debo declararme incapaz para integrar adecuadamente a todas mis alumnas y todos mis alumnos con sus compañeras y compañeros, cuando las autoridades educativas de todo rango y nivel, solamente están interesadas en el llenado de formatos y de informes internacionales bajo los que pretenden mostrar que algo hacen, aunque los resultados reales, sean nulos y quienes lo requieren, sigan marginadas y marginados en la práctica.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

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Gustavo Santín Nieto
Director del Instituto Universitario de Puebla (IUP).
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