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Cambiar y adaptarse al entorno actual: imperante para las organizaciones

Un cambio nunca resulta fácil por benéfico que sea, puesto que representa un trastorno drástico en la vida, el cual no sencillamente se afronta. Por naturaleza, los seres humanos se hallan predispuestos a temer a la incertidumbre. El miedo a lo desconocido es algo difícil de desechar, sin embargo, no resulta imposible. Una vez que se decide comenzar una nueva etapa sin importar correr riesgos, el desasosiego queda muy atrás y tal vez es en ese momento cuando se podrá ver el inicio de los triunfos.

La permanencia en el planeta está llena de cambios y por ello es absurdo negarse y resistirse a que sucedan. Normalmente el primer temor que se tiene ante las transformaciones, es que el resultado de la modificación a realizar sea desfavorable; no obstante, raramente se tiene presente qué sucedería si el cambio detonara en una mejora importante. Son pocas las personas cuyo pensamiento inicial es optimista al pensar en cambiar, precisamente por esta situación es que muchas veces se presenta un estancamiento que puede abarcar todos los ámbitos, como lo son: personal, comercial y organizacional.

En el caso de las organizaciones, la monotonía de la vida empresarial propicia que mucha gente confíe en que cuando las circunstancias han alcanzado una zona de estabilidad, siempre permanecerán de igual manera a pesar del tiempo. Sin embargo, aunque pasen los años y todo parezca seguir tan sólido como siempre, el entorno cambia; por tanto, el día menos pensado lo estable se vuelve inestable y es en ese momento cuando más difícil resulta afrontar la situación, debido al hecho de nunca haber pensado en cómo sobrellevar un cambio imprevisto. Por dicho panorama, resulta importante poner atención diariamente en lo que sucede alrededor de las organizaciones, eso ayudará a la previsión, lo que como consecuencia llevará a tener una visión más clara del futuro, y por tanto, permitirá enfrentar los cambios necesarios con mayor serenidad.

El exceso de confianza en la rutina corporativa suele volverse arrogancia, pues hace pensar que todo se tiene bajo control, y que como consecuencia, no es necesario hacer un mayor esfuerzo para mejorar, pues al fin y al cabo lo que ahora se posee, estará siempre ahí. Cuando se inicia cualquier actividad empresarial, a menudo, el esfuerzo que se le imprime es el máximo; no obstante, con el paso del tiempo, cuando las situaciones se han convertido en algo normal para la vida cotidiana de la organización, suele bajarse el nivel de desempeño. Al  llegar a este punto, en muchas ocasiones se cree que haciendo más o menos, los sucesos seguirán siendo iguales, pues ya se tiene fama y posicionamiento en el mercado; pero qué gran sorpresa resulta cuando los hechos no ocurren así, pues nadie esta exento de ello, ya que la vida cambia de un momento a otro y más aún en el ámbito organizacional.

La mayoría de los empresarios prefieren quedarse con lo poco o mucho que tienen asegurado, por malo que esto sea; pues resulta más cómodo hacerlo así que atreverse a probar experiencias diferentes, aunque estas últimas pudieran brindar resultados favorables. Muchos individuos pertenecientes a este ámbito, son a menudo conformistas y no aspiran a mejorar por el miedo que les produce pensar en el proceso de adaptación que se tendría que afrontar si se realizaran innovaciones y se plantearan cambios acordes al entorno. Pensar así, representa una enorme limitante para el desarrollo corporativo y organizacional; pues para muchos es preferible la resistencia y el estancamiento, antes que explorar un territorio nuevo que quizá podría estar lleno de obstáculos, aunque esto último pudiera propiciar beneficios futuros.

Además del miedo, en las organizaciones existe otro factor importante que propicia que los individuos se resistan al cambio: la imposición, pues como afirman algunos teóricos, “cuando el cambio se impone la gente se opone”. Esto resulta lógico, pues los hechos forzados y no sustentados en una explicación, nunca dan buenos resultados. Si se quiere propiciar un cambio en alguna persona o en alguna organización, lo mejor es proporcionar todo lo necesario (información, confianza, soluciones, etc.) para que la gente comprenda el por qué de las modificaciones, y así pueda tomar consciencia respecto a los beneficios que estas transformaciones pueden traer consigo. Por imposición el cambio no existirá, la gente tiene que querer ser partícipe de éste.

Es verdad que las transformaciones no siempre resultan favorables, sin embargo, en todos los ámbitos es necesario arriesgarse para poder ganar. Si no se prueban nuevas maneras de actuar o de pensar, es imposible afirmar que éstas resultarían benéficas o perjudiciales. Conjuntamente con ello, muchas veces no existe otra salida más que cambiar, pues cuando las situaciones ya no tienen solución y la permanencia en ellas implica pérdida y deterioro, es preferible dar un giro drástico a los hechos, puesto que se podrían ganar muchos más beneficios modificando los patrones establecidos, que practicando los ya conocidos.

De los errores se aprende y de las buenas decisiones se obtienen triunfos, así que en ambos sentidos existe ganancia, por tanto, no hay pretexto válido para no cambiar cuando así lo ameritan las circunstancias; aunque por supuesto, esto siempre se debe hacer con responsabilidad, planeación y convicción. Para cambiar, primero es necesario liberarse de todos aquellos hábitos desfavorables en cualquier rubro, después se deben hacer a un lado los temores y finalmente es imprescindible salir de la monotonía; esa es la manera de modificar lo que ya no funciona o es obsoleto.

Nunca se podrá pasar por la vida y más aún en el ámbito organizacional, sin que un cambio toque a la puerta, por ello es importante aprender a liberarse de las rutinas cuando sea necesario. Un proceso de adaptación a lo nuevo no resulta fácil, sin embargo, todas las personas y corporaciones tienen la capacidad de afrontarlo adecuadamente. Las circunstancias del día a día son como una rueda de la fortuna,  a veces se está arriba y a veces abajo, por ello hay que estar siempre prevenidos y dotarse de las suficientes herramientas que permitan hacer frente a los sucesos del entorno y sobrevivir triunfantemente en él, a pesar de todo.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre Nahir González Sosa

Nahir González Sosa
Nahir González Sosa es Licenciada en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Administración por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha desarrollado proyectos y laborado en todas las áreas afines a su preparación. Actualmente se dedica a la consultoría en asuntos de Comunicación, Publicidad, Mercadotecnia, Desarrollo Organizacional y Recursos Humanos. Es especialista en análisis de medios de comunicación y procesos de educación para la recepción.
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