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Sistema anticorrupción nació muerto; protagonistas de corrupción aprueban

Mientras los ciudadanos juegan limpio en la construcción de estructuras de mejoramiento del funcionamiento de la burocracia, la propia burocracia del poder señalada como la responsable del crecimiento de la corrupción es la encargada de aprobar las nuevas instituciones que lucharían contra la corrupción.Mientras los ciudadanos juegan limpio en la construcción de estructuras de mejoramiento del funcionamiento de la burocracia, la propia burocracia del poder señalada como la responsable del crecimiento de la corrupción es la encargada de aprobar las nuevas instituciones que lucharían contra la corrupción.

Más que la ley para designar al fiscal y que la insistencia del PRI en imponer como fiscal de la nación al procurador priísta actual, la disputa por el nuevo fiscal radica en el hecho de que la fiscalía anticorrupción estaría subordinada a la nueva Fiscalía Priísta General de la República –FPGR, o como se le vaya a llamar–; es decir, estará sometida a la dependencia burocrática del PRI, gane o pierda el 2018.

De ahí que el PRI legislativo que se niega a investigar la corrupción real de los exgobernadores Javier Duarte, Cesar Duarte, Roberto Borge y Tomás Yarrington, sabe que la fiscalía y el sistema nacional anticorrupción tienen en la mira al senador priísta Carlos Romero Deschamps y otros legisladores y funcionarios priístas beneficiarios de la corrupción.

El error estratégico en el sistema nacional anticorrupción es dejar, parafraseando la frase conocida, la reforma de la Iglesia en manos del papado corrupto, no de Lutero.

La salida del sistema político priísta al tema de la corrupción que ha ido sumando indignación social en las élites ciudadanos aún no mayoritarias ha sido la aceptación de un sistema nacional anticorrupción, pero como una estructura que nacerá burocratizada, sometida a reglas complejas que no contribuirán a cortar algunas de las raíces de la corrupción y sobre todo aprobada por la estructura política –PRI y oposición– que será la destinataria de las nuevas funciones anticorrupción.

El PRI ha tenido la especial habilidad para construir organismos autónomos que tienen que ver con la transparencia y control de oficinas del gobierno, pero dejando suficientes puertas de escape: el INE es peor que la Comisión Nacional Electoral de Manuel Bartlett en 1988, el Instituto de Acceso a la Información ha sido horadado por reservas de expedientes calientes de funcionarios para congelarlos por años –hasta López Obrador y Claudia Sheinbaum usaron las reservas para ocultar irregularidades en los segundos pisos– y el Instituto Federal de Telecomunicaciones –entre otros– son una pantomima de transparencia.

Y ahora el Sistema Nacional Anticorrupción como institución ha sido acotado por el PRI legislativo, como se ha visto en el tema de la elección del fiscal y la definición de funciones de la fiscalía anticorrupción. Al ser una estructura burocrática que depende de aprobaciones del legislativo, el SNA nació muerto, sin dientes, sin autoridad moral.

El manejo del PRI en el diseño del SNA ha reciclado aquel viejo chiste contado entre gobernadores del viejo régimen: ¿en qué invertir más: en escuelas o en prisiones? La respuesta: en prisiones, porque al dejar el poder había más posibilidades de ir a la cárcel que a la escuela.

El problema no es el fiscal, ni la fiscalía, ni el SNA, sino quiénes aprueban el sistema con limitaciones de funciones: los legisladores del PRI que estarían en la mira de la anticorrupción. El camino más largo es el de una institución presuntamente autónoma pero acotada y el más corto es el de un sistema penal directo asociado a la Auditoría Superior de la Federación que ha detectado casos de corrupción que no encuentran caminos penales para castigar saqueos del erario.

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Política para dummies: La política es el arte de ceder, no de conceder.

Sólo para sus ojos:

• La designación del nuevo fiscal ha entrado en la lógica de estrategias; la clave estará en los candidatos porque pueden ir varios débiles para orillar al inevitable. A eso apostaría la insistencia de poner al priísta Raúl Cervantes Andrade.

• La Fundación Ortega y Gasset en México está desarrollando intensa actividad académica sobre temas centrales de la coyuntura. Y su capacidad de convocatoria es bastante alta.

• Detrás de la tragedia de Juchitán, Oaxaca, se encuentra la forma en que la izquierda se apoderó del municipio y no cambio las condiciones de vida; y a ello se agregó la penetración del narcotráfico en instancias sociales. El municipio de ha convertido en botín de grupos.

• Aunque no quieran aceptarlo y haya una campaña de desprestigio, el Frente Ciudadano por México no sólo ha modificado los parámetros de la elección presidencial del 2018, sino que ya desbancó a López Obrador de la cabeza de tendencias electorales.

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@carlosramirezh

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre Carlos Ramírez

Carlos Ramírez

Periodista desde 1972, Mtro. en Ciencias Políticas (BUAP), autor de la columna “Indicador Político” desde 1990. Director de la Revista Indicador Político. Ha sido profesor universitario y coordinador de diplomados. Cuenta con diversos reconocimientos por su labor y trayectoria periodística y su columna se publica en 24 entidades del país.

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