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El tratado salinista de 93 ya tronó, pero Los Pinos esperan un milagro

Nueva York. Aunque pudo haber sido un viaje de vacaciones de fin de año, el exsecretario de Hacienda y artífice de la visita de Donald Trump a México a finales de agosto del año pasado y en plena campaña presidencial, Luis Videgaray Caso, estuvo aquí en Manhattan donde el presidente electo tiene su sede de poder antes de llegar físicamente a la Casa Blanca.

Y como en política no hay coincidencias, esas reuniones secretas de funcionarios mexicanos con miembros del primer círculo de poder de Trump han carecido de un sentido estratégico, y peor si se cumple con la versión filtrada de que Videgaray podría ser designado próximo secretario de Relaciones Exteriores del presidente Peña Nieto. Videgaray regresó a México el mismo martes que se anunciaba en los Estados Unidos. el retiro de la instalación de una planta de Ford en San Luis Potosí.

Los datos develan algo peor que la improvisación: la ausencia de una verdadera estrategia de políticas de gobierno: Videgaray estaría en la lógica de restaurar la relación personal de Peña con Trump que se dañó no con la visita sino con algunas opiniones posteriores del presidente mexicano para mitigar el efecto negativo de la misma.

El gobierno mexicano parece darle mayor importancia a la relación personal entre mandatarios que a los problemas de reorganización del tratado de comercio libre que entró en funcionamiento el primero de enero de 1994.

Sin embargo, las empresas estadounidenses que han cancelado sus planes de instalar plantas en México para quedarse en los Estados Unidos son apenas la punta del iceberg del problema mayor: el agotamiento de las posibilidades del tratado de comercio libre en cuanto a llegada de inversiones productivas estadunidenses a México.

Y México se ha encontrado de pronto ahogado en su propia incompetencia: el tratado comercial de Salinas de Gortari se centró en la apertura comercial y en la atracción de inversiones extranjeras, se olvidó de reconstruir sus modelos de desarrollo industrial, agropecuario y turístico y se centró sólo en la ventaja comparativa de mano de obra eficaz y barata.

La cancelación de proyectos de inversión estadunidense es un foco de alarma para lo que viene: no el fin de la globalización sino una guerra por el apropiamiento de inversiones; la campaña electoral de Trump se basó en el compromiso empresarial de evitar que las empresas estadunidenses se vayan a otros países que funcionan como paraísos fabriles que significan mayores utilidades a los inversionistas.

México desaprovechó las ventajas industriales del tratado: el porcentaje de productos nacionales agregados bajó de 45 por ciento en el 2001 a 37 por ciento en 2015, disminuyó su presencia como país exportador sin reexportación de valor agregado nacional y su participación en la exportación mundial sin reexportación pasó de 1.15 por ciento a 0.89 por ciento. Estos datos revelan el fracaso del tratado: de detonador industrial a México como maquilador vergonzante.

Trump ha definió una guerra de empresas con México, mientras México busca sólo restaurar la relación personal a nivel de presidentes. Y lo peor es que Trump seguirá presionando a empresas estadunidenses para que cancelen instalaciones en México para evitar la pérdida local de empleos, mientras el gobierno mexicano parece sólo interesado en un tema: la buena relación de Trump con Peña Nieto.

Al final, la posición clave del gabinete presidencial en relación con los Estados Unidos no es la cancillería sino la Secretaría de Economía encargada de los modelos de desarrollo nacional.

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Política para dummies: La política es la habilidad para adelantar jugadas en el tablero del poder.

Sólo para sus ojos:

• Las protestas contra el aumento de las gasolinas en nada ayudan a debatir la profundidad del problema. Los precios de bienes y servicios públicos con el efecto de una causa mayor: la desorganización en la estructura presupuestal ingreso-gasto.

• El silencio, la pasividad y la ausencia de una política de comunicación social del gobierno federal ante las protestas por las gasolinas son un regalo envuelto que los Reyes Magos le llevaron a Andrés Manuel López Obrador. El gobierno y el PRI le han dejado todo el espacio de crítica al precandidato presidencial de Morena.

• Y aunque pareciera que no, hay indicios de que los gasolinazos tendrán un espacio electoral en la votación para elegir al próximo gobernador mexiquense.

• Por eso bien dicen que mal empieza la semana al que ahorcan en lunes. Las protestas se manejaron desde las redes sociales la semana pasada fueron tan obvias que preveían la violencia que estalló el martes. Pero la policía guardó distancia para evitar choques. Lo grave fue que políticamente no hubo decisiones de gobierno para encarar las protestas.

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carlosramirezh@hotmail.com
@carlosramirezh

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre Carlos Ramírez

Carlos Ramírez
Periodista desde 1972, Mtro. en Ciencias Políticas (BUAP), autor de la columna “Indicador Político” desde 1990. Director de la Revista Indicador Político. Ha sido profesor universitario y coordinador de diplomados. Cuenta con diversos reconocimientos por su labor y trayectoria periodística y su columna se publica en 24 entidades del país.
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