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La feroz intensidad de las desigualdades

“El hábito de la desigualdad nos visita y ciega desde siempre y asumimos,

sin darnos cuenta, la intensidad de esas desigualdades”
Ángeles Guzmán Ramos, marzo 1996

Ángeles Guzmán Ramos fue mi madre. Empezó a escribir su tesis para licenciarse en antropología social a los 70 años y se recibió a los 71, en un aula del Edificio Arronte, entonces sede de la escuela de Filosofía y Letras de la BUAP. Hace unos días leí que las estadísticas de analfabetismo siguen siendo altas y que el índice mayor se da entre mujeres, y entonces recordé la tesis que mi madre hiciera hace casi 20 años años y que se centraba en cuatro estudios de vida de mujeres analfabetas.

Quiero que el espacio de mi columna le de espacio a la voz de mi madre, a la sabiduría de su tesis que en su momento no supe valorar del todo. Aquí, un resumen de la introducción a la misma y los motivos, vivos aún, que le llevaron a escoger el tema de la misma.

“La idea de hacer una investigación sobre mujeres de colonias populares surgió en mí del trato que sostuve con vecinos de la Colonia Colombres y San Antonio Abad, con quienes me reuní semanalmente durante dos años a estudiar la Biblia. Esas reuniones se desarrollaban dentro de la concepción religiosa de algunos jesuitas de los años ochentas, influenciados claramente por la Teología de la Liberación , particularmente de Rafael Soler S. J., quien ejercía su ministerio en la colonia Colombres y se había ganado la confianza de los vecinos. En ellas estudiábamos un curso de Javier Sarabia S.J. que requería la participación activa de la gente a través de pláticas y dinámicas de grupo.

Estas actividades motivaron en especial a las mujeres, quienes expresaban sus inconformidades y opiniones de manera mucho más abierta que los hombres. Hablaban, acogidas por el curso, encontrando una forma de dar sentido a sus vidas, plagadas de problemas de difícil solución. Como estudiante entonces de la carrera de antropología, tuve la inquietud de hacer una investigación sistematizada de la experiencia narrada por cuatro mujeres con las que establecí un vínculo especial: Dolores, Mati, Laura y Viki.

Sus historias me parecieron dramáticas muchas veces, enternecedoras otras, pero sobre todo relevantes por su capacidad de mostrar la lucha cotidiana que tienen que librar las mujeres de las clases populares para sobrevivir en una sociedad como la nuestra, con marcadas diferencias sociales y una profunda distancia entre la esfera de acción y de poder entre el hombre y la mujer.

El método que utilicé fue el biográfico, basado en la información proporcionada a través de pláticas y entrevistas grabadas, ya que da la oportunidad a la persona de analizar su propia historia por medio de la palabra hablada, y así, personas analfabetas pueden referirse a sí mismas y al mundo que las rodea de forma espontánea y natural. En las historias de vida que presento, lo importante no es mostrar los acontecimientos, sino la forma en que ellas los viven y los interpretan.

La selección que hice fue entre mujeres del grupo de Biblia que tenían más interés en mejorar sus vidas, mujeres inquietas, con un fuerte sentido del yo, que se consideraban dignas de mejor suerte. Escogí a las más activas, a la mujer que ante la oportunidad de ser escuchada muestra otra cara. Mi trabajo se basa en la certeza de que el estudio de estas vidas puede ayudar a mejorar la comprensión de las mujeres de los grupos más pobres de la ciudad que generalmente han migrado del campo, donde la pobreza se entiende erróneamente como un fenómeno natural y en donde la creencia de la superioridad masculina acentúa la inferioridad de la mujer como género.

Una de mis metas es transmitir la comprensión y responsabilidad que siento por quienes desde su condición de mujeres, hijas, madres, hermanas, abuelas, enfrentan todo tipo de problemas sociales, económicos, y psicológicos, sin perder por ello su capacidad de gozo y la esperanza de una vida mejor.

Finalmente debo decir que me propuse registrar las voces que protagonizan este trabajo para ofrecerlas al oído y las reflexiones de quienes jamás las conocerán de otro modo. Escuchar a otros puede ayudarnos a romper un sistema de valores que no tiene por qué ser eterno, aunque tantas veces nos parezca impenetrable. Mientras las escuchaba y al poner por escrito la ferocidad y viveza de sus palabras, me di cuenta de qué manera estas mujeres, doblemente marginadas por su condición de género y clase, son, sin embargo, parte esencial del heroísmo, la sabiduría y la barbarie que cruza la historia oculta de nuestro país.

Son ellas quienes forman y sostienen el núcleo familiar, quienes educan o deforman, quienes protegen y fortalecen o quienes devastan o redimen. Aunque cuatro historias de vida son una muestra demasiado pequeña, me pareció que en el hecho de confiarme sus vidas, sentían que ayudaban a otros seres humanos con quienes compartían problemas iguales. Mi condición de mujer y desde luego mi edad fueron aspectos que permitieron ganarme su confianza y establecer un vínculo de cariño. Yo creo que si tuvieran acceso a la educación, si pudieran al menos leer y escribir, estudiar la primaria y la secundaria, sabrían más sobre la sociedad en la que están inmersas, para así defenderse de quienes las oprimen, empezando por sus maridos, y procurarse una vida mejor.”

Hasta aquí dejo lo que tomé de la introducción de la tesis de mi madre, nombrada por ella “Yo lo que quiero es saber“. Ese fue el título que escogió, porque concluyó que ese era el anhelo más grande de las cuatro mujeres que permitieron dar vida a su trabajo, y también la clave que mi madre vislumbró como parte de la solución a los problemas de marginación, pobreza y desigualdad existente en las vidas de las mujeres de sus cuatro casos de estudio. Cuando ella terminó su tesis, 40 mil mujeres en la ciudad de Puebla eran analfabetas.

En datos de Inegi 2015, el estado de Puebla es el sexto estado con más analfabetismo en el país, solo arriba de Veracruz, Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas. Aunque en el sexenio que termina se bajaron casi dos puntos porcentuales, aún el 8.3 % de las personas mayores de 15 años no saben leer y escribir, cerca de 350 mil personas, de las cuales más de 200 mil son mujeres.

Una de las claves para abatir la desigualdad es la educación. El recorte presupuestal para 2017 deja intocado y mucha grasa y pellejo en el ya de por sí gordo presupuesto destinado al Congreso de la Unión, al INE y al presupuesto para los partidos políticos, mientras que el presupuesto destinado a educación sufrirá recortes drásticos, según lo documenta con lucidez la página de Integralia dirigida por Luis Carlos Ugalde.

Sí, son feroces las desigualdades, pero con un presupuesto razonable podrían no ser irremediables ni eternas. Aún hay tiempo para analizar, priorizar y corregir desde todas las trincheras posibles el presupuesto 2017 y sus recortes.

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre Verónica Mastretta

Verónica Mastretta
Licenciada en Relaciones Internacionales (UDLAP), ha sido Consejera Nacional de la Comisión para el Desarrollo Sustentable, Regidora presidente de la Comisión de Ecología y Medio Ambiente, integrante de la Unión de Grupos Ambientalistas así como de la asociación Participación Ciudadana.
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