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A sus 72 años, Miguel rescata personas en desastre de Huauchinango

Leticia Ánimas Vargas/E-consulta

A los 52 años, Miguel comenzó su carrera como rescatista. Al jubilarse de Pemex su esposa no lo quería en su casa todo el tiempo y tuvo que buscar algo qué hacer, así llegó a la Radio Brigada Nacional de Ayuda y Protección Civil.

Lo que a nosotros nos satisface es poder ayudar, esa es nuestra recompensa. Si no nos dan las gracias: ¡bendito sea dios! y si no nos las dan, pues igual, dice Miguel Islas Reyes, un huauchinanguense que hoy tiene 72 años, 20 de ellos dentro del grupo.

Desde que la depresión tropical Earl entró a devorarse a la Sierra Norte poblana la noche del sábado pasado, Miguel y los 20 voluntarios de su agrupación de rescate no han parado. Coordinados por la Unidad Municipal de Protección Civil, lo mismo han trabajado en el rescate de personas que en la notificación de riesgo a los vecinos que viven en las márgenes de los ríos o las laderas a quienes animan a ponerse a salvo y trasladarse a algún albergue o con familiares.

Era para volverse loco: en sólo 12 horas, de las ocho de la noche del sábado a las ocho de la mañana del domingo pasado, sólo en el teléfono de emergencias 066 se recibieron más de dos mil reportes de incidentes provocados por las lluvias solamente en el municipio de Huauchinango.

“Aunque quisiéramos atender a todos, fue necesario dividir el trabajo y establecer prioridades. A nosotros nos tocó acudir al rescate de las personas que quedaron atrapadas en sus automóviles, también había tres autobuses de pasajeros atorados en la carretera México-Tuxpan. Había que llegar a como diera lugar, pasar por varios deslaves, una cantidad de lodo impresionante, sólo en el tramo que va de la central camionera a la gasolinera Los Pinos”, apuntó.

Lo principal era salvar vidas. Hubo quienes no llevaban ni un rasguño, otros estaban heridos, “algunos con fracturas en las piernas.”, apuntó al tiempo de señalar que en sus 20 años de brigadista ésta es la contingencia más crítica que le ha tocado atender.

“No llevamos la cuenta de cuántos servicios hemos dado. Hemos participado en diferentes formas de ayudar. La noche del sábado, la madrugada del domingo. Hemos estado en todas las formas y en todos los lugares. Ahí andamos”.

Lo que hacemos, afirma, sólo es por el gusto de ayudar. Su función es totalmente altruista: ellos compran su herramienta, pagan sus viáticos -como gasolina-, a veces hasta alimentos y sostienen a su agrupación con el producto de sus diferentes empleos. Miguel, por ejemplo, es obrero jubilado de Petróleos Mexicanos (Pemex)

“Con lo poquito que ganamos, ahí nos la vamos llevando. En esto no tenemos salario, pero cada quien tiene su trabajo y ahí nos vamos cooperando. Lo hacemos nosotros por nuestra cuenta. Nosotros no tenemos por qué cobrar por lo que hacemos. Así lo dice nuestra acta constitutiva. Si lo hacemos es porque cada quién pone de su dinero para lo que necesitamos”.

Aun así, la Brigada tiene carencias: dice que una herramienta fundamental son las motosierras, tienen una, pero les hace falta por lo menos otra. “Que hay que echarle gasolina, pues le echamos de nuestra bolsa también. Así es”, dice don Miguel, enfundado en una blanquísima camisa y portando un sombrero panamá.

Él, cuenta, llegó al grupo cuando se jubiló de Pemex: “no me quería quedar sin hacer nada. Estoy fuerte y mi esposa no me quiere nomas ahí metido en mi casa”, bromea.

Pero desde el sábado en la tarde el trabajo se multiplicó: había que ir a atender las peticiones de auxilio y había muchos derrumbes. No podían entrar, ni salir. Pero eso no los desanimó: “hemos buscado la manera de solucionar las cosas”.

Cuando se le pregunta si cree que la gente reconoce su trabajo, Miguel suelta una leve carcajada: “mire una parte de nuestro reglamento dice que nuestro objetivo es servir. El servir, el poder ayudar nos satisface. Si no nos dan las gracias, pues ¡bendito sea Dios! y si nos las dan, pues igual. Hay casos en que uno se da cuenta que a la gente le es indiferente. Pero nosotros hacemos esto, lo hacemos sin ningún compromiso para ellos”.

Miguel reconoce que ha sido importante coordinarse con la Unidad Municipal de Protección Civil, no sólo en la emergencia planteada por la tormenta Earl, sino porque por primera vez en 20 años de formación de la brigada están recibiendo capacitación en la materia.

“No podemos dejar de prepararnos, porque queremos servir y servir mejor, y aclara: “somos brigada nacional porque así lo dice nuestra acta constitutiva desde 1976, no porque nos queramos adornar”, señala al tiempo que se quita el sombrero para una fotografía.

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