Inicio » Columnistas » Vida y Milagros » Las locomotoras revolucionarios suelen descarrilar

Las locomotoras revolucionarios suelen descarrilar

Por Verónica Mastretta

¡Cómo hemos discutido y disentido entre amigos acerca de todo el conflicto que rodea  la implementación de la reforma educativa!  Si tú lees esto, te quiero preguntar algo que yo no me he sabido contestar satisfactoriamente: ¿Si en tus manos hubiera estado el poder mejorar el sistema educativo mexicano a partir de 2012, qué hubieras hecho con tan complicado reto? ¿Qué cambios, qué modificaciones a la ley, qué forma de evaluar a los maestros? ¿El IEEPO (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca) lo hubieras seguido dejando bajo el control del sindicato oaxaqueño, de la CNTE?

¿Hubieras preferido dejar el sistema prendido con alfileres tal cual estaba a cambio de una relativa comodidad política? ¿Hubieras consentido que las resistencias a todo cambio se basaran en bloqueos continuos en carreteras, en especial las que conducen a Oaxaca o Acapulco? ¿Las marchas permanentes que toman de rehén a la ciudad de México?  ¿Mejor nadar de muertito, mirar para otro lado  y dejar que nuestra sistema educativo siguiera congelado, usado por gobiernos y sindicatos para sus fines políticos más que para mejorar la educación, sin evaluaciones ni movilidad por méritos? ¿Aceptar fatalmente que nuestros indicadores de desempeño en materia educativa siguieran por los suelos? 

 Yo no he escuchado a nadie de los que opinan y juzgan mal a la reforma educativa que me sepa decir con claridad qué hubiera hecho, qué hubiera cambiado y cómo, para que el sistema educativo se mejorara y se pudiera medir con eficacia. Sólo escucho dos versiones en blanco y negro de cada uno de los lados. Buenos o malos, ángeles y demonios, según quien cuente las cosas, aunque en estos temas siempre hay matices y múltiples formas para resolver el mismo problema. Las versiones simplistas y maniqueas, del lado que sea, me parecen inútiles.  

¿Qué hubiera hecho la más sabia de las personas para llevar a cabo una cirugía mayor a nuestro deficiente sistema educativo? Las  pruebas de su deficiencia estaban sobre la mesa: los niños mexicanos no salían bien evaluados en la prueba Enlace. La mayoría rebrobaba. Si el resultado final era ese, era necesaria la completa revisión  de todo el sistema, no solo la evaluación de los maestros, sino de las conductas de los mandos superiores, de líderes y autoridades, de las políticas públicas y presupuestales, de las condiciones de las escuelas en que dan clases los maestros, tan distintas en las ciudades y comunidades rurales, tanto, que derivaban en escuelas públicas de primera y de quinta debido a los abismos materiales y rezagos sociales entre unas y otras. Era y sigue siendo necesario revisar el corporativismo sindical muy bien aprovechado y coptado por los gobiernos locales y federales en turno para sus fines personales o partidistas.  Es innegable que todo necesitaba una revisión. 

La herramienta que encontraron y en la que coincidieron las fuerzas políticas mayoritarias en el Congreso a partir de 2012 fue el construir y cabildear la reforma educativa.  Esa medida era indispensable y lograron construirla. Lo que sigue, que es implementarla, ha sido, es y será, muy complicado y requiere de  buena voluntad e inteligencia de parte de todos los actores involucrados.

Mover a México resulta más difícil que mover a mano a un elefante desmayado atravesado en una carretera ¿Cómo lograr mejorar la educación pública, cómo evitar el caciquismo magisterial, cómo erradicar la corrupción gubernamental, cómo devolver autoridad moral a las autoridades? ¿Porqué, si la ley lo limita, existe un partido político dependiente de un sindicato, el SNTE, el voluble Panal inventado mañosamente por Elba Esther?  Otra vez te pregunto, porque yo estoy a obscuras ¿Qué propondrías tú? ¿Qué hubieras hecho tú si hubieras tenido el poder de hacerlo?

Cada bando dice que lo resolvería de un plumazo. Hay unos que dicen que despertando al pueblo, suave manera de decir “que se arme la bola”. Con los años me he convencido  de que los problemas sociales solo se resuelven de fondo con la bendita pero menospreciada gradualidad. A la gradualidad se oponen los que creen en la velocidad. Y ahora, a la velocidad se han apostado ambos bandos, los que quieren implementar la reforma y los que se oponen a ella.

Marx escribió un día que “las revoluciones son las locomotoras de la historia, porque avanzan más rápido que los movimientos políticos y que el pensamiento de los partidos revolucionarios. El problema principal es que la locomotora descarrila a menudo”. Habría que añadir a su frase que las revoluciones terminan devorando a sus hijos. Robespierre, Dantón, Marat, todos muertos en la revolución francesa, y junto con ellos, millones de franceses, los más jóvenes, los que más tenían derecho a vivir.

La revolución mexicana se tragó a Madero, Villa, Zapata, Carranza, Obregón. Todos muertos. Y con ellos se fueron a una tumba temprana miles de sus seguidores. En pocos años lo que surgió fue la presidencia imperial.  Ni que decir de Trotsky y la factura que acabó pagando en México con un piolet clavado en la cabeza, además de los millones de rusos muertos en aras de la revolución.Hoy tienen a Putin gobernándolos, una figura de enorme poder, con una policía secreta temible y un sistema de cortes y poderosos muy parecida a la corte del zar.  Si, ya sé que dirán que soy una conservadora recalcitrante, pero lo que Marx llama con elegancia  el “descarrilamiento de la locomotora” suele dejar miles de muertos y aplastados a su paso. Y después del descarrilamiento suele regresarse al lugar a donde se estaba para empezar de nuevo,aunque primero hay que recoger el tiradero. Por eso me gusta la gradualidad. Según yo para allá íbamos. Las facturas del descarrilamiento de la locomotora ya vimos quiénes las pagan: jóvenes anónimos, policías anónimos, reporteros de periódicos locales cuyos nombres se olvidan en un día. Al final la explicación será la misma: “Sepa la bola”.

Oigo muchas críticas extremas de ambos lados, pero no he oído una propuesta de cómo cambiar la educación para cambiar al mundo sin que el país estalle en pedazos. De todo esto sí sé unas cosas: las plazas no deben venderse sino concursarse. Si los malos gobiernos a eso indujeron, qué bueno que eso se extirpe. Y si creo que debe evaluarse a todos los maestros de manera periódica, justa, sencilla, y con opciones para mejorar su desempeño.

También creo en el avance por méritos académicos en el servicio magisterial, y en que deben construirse garantías para que sus voces sean cuidadosamente escuchadas. También que la reforma educativa requiere de gradualidad y criterio para implementarla, porque el mosaico de las escuelas, las comunidades y los maestros de México no es homogéneo, ni tampoco las condiciones en que los maestros trabajan. Tampoco lo son las condiciones de los niños, muchos de ellos con enormes carencias de salud, alimentación y mínimo bienestar. Creo que las autoridades educativas de México tienen que entender esa diversidad al ir implementando la reforma. El que va de prisa va despacio, no sea que tratando de implementar la reforma construyan sin saberlo una locomotora de esas que descarrilan y dejan un reguero de muertos.

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

Sobre admin

x

Check Also

Posibles e imposibles de la propuesta ambiental de Andrés Manuel

Sí es posible la restauración del medio ambiente cuando éste se ha deteriorado enormemente. Sí ...

El misterio de la máquina rota

“La privacidad ya no es una norma social”: Mark Zuckerberg, creador de Facebook Comentarios de ...