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Mucha tecnología y muy poca lectura

Por Nahir González Sosa

En la actualidad, medios de comunicación como internet y televisión, asumen cada día más, un rol sumamente preponderante en las sociedades. Esta situación resulta preocupante, pues significa que dichos medios son elementos de gran peso en la vida de los individuos, contribuyendo así a que la sociedad en su mayoría, se vuelva cada vez más autómata y menos pensante.

Los mencionados mass-media han llegado a reemplazar a los instrumentos que en épocas anteriores proporcionaban profundos conocimientos a los seres humanos. La mayoría de las personas ahora sólo se dedican a tomar en cuenta los mensajes que la televisión o internet ponen a su alcance, sin preocuparse por investigar más a fondo sobre los tópicos difundidos.

Como consecuencia, el cerebro desarrolla sus capacidades intelectuales de manera limitada, puesto que no se ve forzado a ir más allá en el conocimiento, debido a que a través de la televisión y a través de internet, obtiene demasiada información –fidedigna o no- que puede usar para subsanar sus inquietudes, de manera simple y rápida; sin necesidad de un mayor trabajo mental, aunque siempre corriendo el riesgo de  creer en falsedades y de asumir posturas que posiblemente son el resultado de la manipulación de quienes de manera poco seria o informal, emiten mensajes a través de los mencionados medios de comunicación.

Anteriormente, quizás, las mentes humanas buscaban ir más allá para obtener conocimientos, pues debido a la dificultad para acceder a diversas informaciones, la gente se veía en la necesidad de adquirir por otros medios la educación pertinente; es decir, la mejor manera de llenar los vacíos de conocimiento era acudiendo a la consulta de libros y posiblemente a otros medios formales como los periódicos.

Es cierto que en el ciberespacio también se cuenta con libros y periódicos en versión electrónica, al igual que en ciertos canales de televisión se pueden encontrar contenidos valiosos y relevantes; sin embargo, a pesar de que dichos medios masivos en algunos casos pueden ser sumamente favorecedores para la educación y la cultura -debido a que facilitan el acceso a información apreciable y fidedigna-, muy pocas personas son las que usan las mencionadas herramientas como un escalón para el desarrollo intelectual; la mayoría de la gente solo se enfoca en el uso de estos medios como vehículos de entretenimiento y distracción, pero no como instrumentos que otorguen una aportación significativa al pensamiento de los individuos.  

Debido a la influencia negativa creciente que medios masivos como televisión e internet han tenido en los últimos años, el nivel de lectura en México ha disminuido aún más. La mayoría de los ciudadanos mexicanos, en general, leen muy poco o nada, de manera formal.  Según estadísticas recientes, en el país ni siquiera se alcanza el promedio de un libro al año por persona. De acuerdo a la Unesco, México ocupa el penúltimo lugar en lectura respecto a 108 naciones evaluadas. Esto resulta sumamente alarmante, pues refleja un creciente analfabetismo funcional (capacidad para leer textos desde un punto de vista gramatical, pero sin comprenderlos ni analizarlos a fondo, lo cual repercute en la nula puesta en práctica de lo abstraído a situaciones de la vida cotidiana) imperante en la sociedad mexicana. 

Al parecer, tanto padres de familia, como escuelas, gobierno y por supuesto, el individuo mismo; han sido culpables de la situación mencionada, ya que todos ellos y la mayor parte de la sociedad, no fomentan la obtención de conocimientos para su propia vida o para la de sus cercanos, solo fomentan el entretenimiento.

Muchos padres de familia no prestan interés ni le dan la importancia que deberían, al hecho de crearles el hábito de la lectura a sus hijos desde que son pequeños. Varios de ellos piensan que es innecesario, pues creen que mientras sus hijos sean niños o jóvenes, no resulta relevante que se cultiven a través de la lectura; incluso creen que leer un libro o algún material serio, es demasiado para la “corta edad” de sus “pequeños”. Como consecuencia, prefieren que los niños y jóvenes se dediquen a realizar actividades más sencillas, como ver televisión o navegar por internet. 

Sin embargo, no se dan cuenta que con estas actitudes paternalistas lo único que propician es truncar el desarrollo intelectual de sus descendientes, ya que la capacidad mental de ellos podría dar para mucho más; no obstante, en estos casos resulta imposible favorecer esta evolución, debido a que los mismos padres son quienes limitan los alcances cerebrales de sus hijos. 

En el caso de las instituciones escolares, algunas tampoco tienen como principio de actuación fundamental inculcar la lectura a sus alumnos, por tanto, en sus procesos de enseñanza-aprendizaje, no fomentan de manera notable este ejercicio. Sin embargo, hay algunos centros de estudios que ponen todo su empeño en propiciar el hábito de lectura en su alumnado, para generar así el desarrollo de un pensamiento crítico y constructivo. No obstante, esto resulta insuficiente, ya que el mayor problema radica en los hogares, puesto que ahí es donde verdaderamente comienza la educación de las personas. 

La familia juega un papel preponderante para definir lo que será el desarrollo de cualquier ser humano en todos los ámbitos. Sin la correcta orientación de los padres de familia, los hijos difícilmente podrán establecer una relación adecuada con el hábito de leer, pues el ejemplo que ellos más tomarán en cuenta para evolucionar en materia educativa, será el proporcionado en casa; incluso a pesar de ser ya, personas adultas. 

Muchos padres piensan que la mayor responsabilidad educativa radica en las escuelas y creen que ellas son quienes mayor incidencia tendrán en la vida de sus hijos, pero no es así, las escuelas sólo son instrumentos que ayudan a reafirmar los hábitos aprendidos en el hogar, a pesar de que infundan conocimientos.

En cuanto al gobierno, éste no tiene planes sólidos de desarrollo educativo que fomenten la lectura en las escuelas. Hay una fuerte ausencia de estrategias verdaderamente funcionales, las mayores acciones gubernamentales que se llegan a hacer al respecto, son campañas publicitarias sobre el tópico; sin embargo, no basta promover la lectura para que la gente decida leer, ni siquiera promover a un libro para que éste se venda aunque no sea leído; todo radica en la educación recibida, situación por la cual, resultaría forzoso ajustar los métodos de enseñanza-aprendizaje existentes en el actual sistema educativo.

Además de lo mencionado anteriormente, la mayor culpabilidad ante la incultura y la ausencia de hábitos de lectura, es del mismo individuo (en el caso de que sea adulto y desarrolle su vida en un sector social urbano); pues él es quien por propia voluntad debería decidir educarse a través de la lectura, para así forjar un elevado desarrollo intelectual y la construcción de un pensamiento crítico. Sin embargo, la mayoría de las personas se muestran apáticas ante esto y prefieren vivir de manera superficial y entretenida, sin esforzarse mucho en hacer crecer su cultura y su educación.

Aunque no sea notable a simple vista, el hecho de no leer, ha resultado sumamente perjudicial para las mentes humanas, ya que ha limitado la capacidad de razonamiento, análisis, creatividad e imaginación, a través de las generaciones; motivo por el cual, muchas situaciones que padecen los individuos a lo largo de la vida, son producto de la propia incultura y deficiencia educativa que posee cada uno de ellos, ya sea por su propia decisión o por las desafortunadas circunstancias del entorno en el que se desarrolla. 

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7. 

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