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¿Blanca Alcalá no quiso o no pudo ganar?

Fermín Alejandro García/Cuitlatlán/La Jornada de Oriente

Solo una rebelión silenciosa de los electores evitaría –el próximo domingo– el triunfo de Antonio Gali Fayad, el candidato de la coalición Sigamos Adelante. Más allá del dispendio de recursos económicos, los abusos y el uso de la violencia por parte de los morenovallistas, se puede concluir que la muy posible derrota del PRI se debe a un factor dominante: la aspirante Blanca Alcalá Ruiz y la cúpula del tricolor nunca quisieron ganar la contienda, por lo que desaprovecharon el potencial que significaba ser oposición frente al gobierno de Rafael Moreno Valle, que generó cientos de agravios, frustraciones y abusos, así como ambientes de crispación social, miedo, marginación y desencanto.

Con el tiempo se sabrá si esa debilidad priista fue producto de una negociación entre Moreno Valle y Los Pinos, junto con la candidata, o si únicamente fue consecuencia del miedo, la soberbia y las limitaciones políticas que Blanca Alcalá exhibió en su campaña electoral.

Siendo el PRI la mejor maquinaría electoral del país se antoja poco probable que hayan sido la ingenuidad y la negligencia los factores decisivos para que este partido llegue las votaciones del 5 de junio en el segundo lugar de casi todos los sondeos de opinión pública.

Guardando las proporciones y las circunstancias, pareciera que se repitió un escenario similar al proceso electoral de 2010 –cuando el PRI perdió Casa Puebla–, en el cual el entonces gobernador Mario Marín Torres eligió a los peores candidatos a alcaldes –empezando por Mario Montero Serrano, quien contendió por la capital– y a diputados locales, quienes se acabaron convirtiendo en un lastre para el aspirante priista a la titularidad del Poder Ejecutivo, Javier López Zavala.

Al dejar fuera de la contienda a los mejores prospectos para ser candidatos del PRI, en 2010 Mario Marín asumió una actitud que despertó la sospecha de que el mandatario negoció una derrota frente al PAN o se atemorizó ante el poder abrumador de la entonces presidenta del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales, y su pupilo Rafael Moreno Valle Rosas.

Ahora Blanca Alcalá fue una candidata que desaprovechó todas las oportunidades para ser una abanderada de oposición fuerte. Pareciera que no quiso o le dio miedo llegar a una confrontación directa y a fondo con el gobernador Moreno Valle.

Eso no quiere decir que todo esté perdido. En el PRI se tiene la expectativa de que el domingo habrá una contienda cerrada. Si eso ocurre es porque la gente saldrá a sufragar por voluntad propia, a dar un voto de castigo al gobierno de Moreno Valle, pese a los yerros de Blanca Alcalá.

Los cuestionamientos a la candidata se concentraron en cuatro factores claves:

Primero: nunca aprovechó los agravios que cometió Rafael Moreno Valle Rosas, al utilizar siempre un discurso timorato, poco comunicativo, nada claro y siempre fuera de tiempo.

Me explico:

Blanca Alcalá nunca pudo decir que iba a cancelar la privatización del agua, pese al enorme malestar que provocó concesionar ese servicio público.

No pudo ofrecer restituir las plazas a los 14 mil burocráticos despedidos del gobierno del estado. Siempre les ofreció a los afectados por la represión laboral una propuesta ambigua consistente en que “revisará sus expedientes”.

La candidata nunca pudo explicarle a la gente el tamaño de la deuda pública que va a heredar Moreno Valle y lo principal, que ese pasivo todos los ciudadanos poblanos vamos a pagarlo con nuestros impuestos. Tampoco pudo exponer lo negativo que esa situación va a generar a futuros gobiernos que quedarán limitados para hacer nuevas obras y servicios públicos.

Alcalá nunca se atrevió a exponer con cifras acusaciones directas o con mensajes contundentes la crisis de seguridad pública y descomposición social que priva en Puebla y, sobre todo, no se aventuró a exponer la responsabilidad directa que funcionarios morenovallistas tienen en el crecimiento de algunos ilícitos, como es el robo de combustible.

Mucho antes de que Blanca Alcalá empezara a hablar de estos temas, el PAN ya había lanzado una agresiva campaña en la cual la exhibió como una mujer corrupta, que se enriqueció cuando fue edil de la capital, que no hizo obra pública en su periodo de presidente municipal y que es parte del engranaje de abusos del PRI, al tener su propia “casa blanca”.

Hasta el último tercio de la campaña, Blanca Alcalá se puso hablar de muchos de los abusos del gobierno morenovallista, con una buena, clara y agresiva campaña mediática, pero que llegó muy pero muy tarde, pues la sensación que quedó en una buena parte del electorado es que ella ha sido corrupta y mal gobernante.

Segundo: nunca echó mano de todos los recursos que puede ofrecer la Federación y otros gobierno del PRI. Tampoco tomó las aportaciones que le ofrecieron empresarios, sindicatos y agrupaciones religiosas.

En 2010, siendo de oposición, Moreno Valle tuvo el respaldo de 500 policías federales y cientos de golpeadores –que le proporcionó Felipe Calderón Hinojosa– para contrarrestar la compra de votos del PRI, así como 3 mil operadores del SNTE y muchos millones de pesos de ese sindicato; además contó con el respaldo o complicidad de docenas de grupos priistas que estaban enemistados con el marinismo.

En el presente Blanca Alcalá no tiene asegurada la presencia de la Policía Federal, carece de grupos de choque y no hay certeza de que el domingo vayan a operar todas las estructuras del PRI. No logró nunca cohesionar a su equipo de campaña. Un ejemplo es que Alejandro Armenta, su coordinador de actividades, había renunciado antes de tomar posesión del cargo. De manera poco comprensible, la candidata nunca aceptó las aportaciones económicas de empresarios y otros gobiernos priistas.

Tercero: si algo le dio mucho poder a la campaña de Moreno Valle en 2010 fue haber sido el primer político que unió al PRD y al PAN, al SNTE y la derecha –que odia la educación pública–, a El Yunque y los cristianos, a los académicos y los caciques. El entonces candidato de la coalición abusó de la ingenuidad de quienes se aliaron con él para que creyeran que ese frente iba a impulsar un cambio democrático en el estado, lo que al final nunca ocurrió.

En esta ocasión, Blanca Alcalá no hizo nada para sumar a la campaña del PRI a otras fuerzas políticas o agrupaciones sociales que le pudieron dar fuerza a su proyecto. Sumó a Antorcha Campesina, una organización que genera miedo –de manera justificada– en amplios sectores de la población y que lo mismo jugó con el PRI, que con el PAN.

La abanderada priista no aprovechó el divorcio del PRD poblano con Moreno Valle, ya que nunca quiso tener un acercamiento con la candidata perredista Roxana Luna Porquillo, o con los líderes del instituto del sol azteca.

Tampoco movió un dedo para evitar que el Panal, el partido del SNTE, se aliara con el PAN, siendo Puebla el único estado en donde dicha agrupación se negó a sumarse al PRI.

Lo más inaudito es que muchos grupos del PRI y organizaciones opositoras al morenovallismo se quisieron acercar a Blanca Alcalá y las respuestas fueron que luego los llamarían, que no era necesario hacer acuerdos, que alguien se encargaría de incorporarlos a la campaña, y al final esas promesas nunca se concretaron.

Una prueba de lo anterior es que los integrantes del Movimiento de Alternativa Social, que es una agrupación rabiosamente antimorenovallista, buscaron dialogar con Blanca Alcalá y nunca se los permitió Alejandro Armenta Mier, quien bajo el membrete de coordinador de campaña les dijo que con él podían acordar cualquier cosa sin pasar por la candidata. Al final nada se pudo hacer por la soberbia del político priista.

Cuarto: en 2007, cuando Blanca Alcalá fue la candidata del PRI a la alcaldía de Puebla, había preocupación de que su personalidad desorganizada, su falta de arrojo y su miedo a la confrontación la convirtieran en una aspirante débil. Eso se evitó por la intervención de por lo menos dos operadoras del más alto nivel: la priista María Esther Sherman y la ex perredista Rosario Robles Berlanga.

La pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué Blanca Alcalá aspirando a un cargo mayor que la alcaldía de Puebla y enfrentando a un violento gobernador, no buscó la incorporación a su campaña de poderosos operadores electorales del PRI?

Nadie entiende la razón por la cual nunca formó un buen equipo de campaña.

La operación y las decisiones importantes se las dejó a su yerno Édgar Chumacero, famoso por su carácter irascible y su inexperiencia electoral.

Y en Víctor Manuel Giorgana Jiménez, un político experimentado, pero cuya arrogancia y mezquindad son aborrecidas por muchos priistas.

 

Para mayor información:http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2016/06/02/blanca-alcala-no-quiso-o-no-pudo-ganar-2/

 

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