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Cobijado por quienes te aman, eso es felicidad

Por Abel Pérez Rojas

“Si estás rodeado de quienes te aman, 
aún en medio del dolor y de frente a la muerte,
eso es felicidad”.
Abel Pérez Rojas 

Cuando vives rodeado de quienes amas y te aman se genera un entorno que reconforta y, sin lugar a duda, se genera un espacio de esos que entrarían indiscutiblemente en los indicadores para conceptualizar y entender qué es la felicidad.

Independientemente de nuestra formación y de nuestros grados de toma de conciencia, el sentirse arropado permite encarar las problemáticas de otra manera, con otro carácter… con más fuerza.

Todo eso lo experimentamos día con día.

Experiencias que nos permiten entendernos en el otro y con el otro, es como una especie de verse al espejo para entender que somos seres individuales, pero necesariamente sociales, porque si no, no entenderíamos parte del súmmun de esta vida.

Por ejemplo, que somos lo que somos gracias a que no vivimos solos, y en el recorrido nos vamos encontrando con quienes queremos andar la vida.

A veces es la familia consanguínea, otras veces -más de las que se cree- son las personas con quienes nos vamos topando en nuestro andar  con  las que establecemos alianzas, complicidades, amistad y hasta fraternidad.

Pero ya sean unas u otras, ese entramado emocional, intelectual y por qué no decirlo,  espiritual, es lo que nos permite asumir las decisiones y las etapas de la vida no sólo como algo ineludible, sino como algo que trasciende al hecho en sí.

Pienso todo esto mientras veo a mi padre convalecer en una etapa que sé terminará como todas: con la muerte.

Unos días más, semanas, tal vez meses, pero con el mismo desenlace.

Veo como su familia, mi familia, se organiza para atenderle, para cuidarle… para arroparle.

El pasado queda en un segundo plano, tal vez tercero. Y los agravios se hacen a un lado, quizá temporalmente, ojalá en un lugar que permita digerirlos, comprenderlos, sumarlos a nuestra experiencia, pero no para cargarlos ni que sirvan de armas que lastimen.

En ese reducto del cual no hay retorno, ahí en el lecho del dolor está el hombre encarando sus propios sufrimientos. Su situación que no es endosable. Hecha mano de sus recuerdos y de sus creencias para vivir lo que tiene que vivir.

Pero ahí, en esa soledad está encendida una luz al saberse que no está solo, que hay quienes están al pendiente, que hay quienes le prodigan el cobijo que sólo se entiende cuando se ama y se es amado.

En ese entorno de dolor, tristeza y aparente incertidumbre, en ese contexto de médicos y enfermeras confirmo: eso es felicidad.

Felicidad cuando se tiene en mente aquellas muertes repentinas que arrebatan vidas jóvenes, felicidad al tener presentes los casos de quienes mueren abandonados y olvidados.

Felicidad en la aparente oscuridad.

¿O no?

 

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es doctor en Educación Permanente.

Dirige: Sabersinfin.com. 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

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