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La mala imagen de Peña Nieto fue un lastre para Blanca Alcalá

Fermín Alejandro García/Cuitlatlán/La Jornada de Oriente

 

La única apuesta que tienen el PRI y su candidata Blanca Alcalá Ruiz para ganar los comicios dentro de dos domingos es que salga a sufragar entre 85 y 90 por ciento de la estructura del partido, porque fuera del voto duro del tricolor la aspirante no logró penetrar en otros sectores de la población. Entre los factores que influyeron para crear esa limitación, uno de los que más pesó es la pésima imagen del presidente Enrique Peña Nieto, quien lejos de haber sido una fortaleza para la abanderada se acabó convirtiendo en un fuerte lastre.

Se supone que la bandera de Alcalá y su campaña iba a ser denunciar la corrupción, los abusos de poder y la falta de combate a la desigualdad social de parte del morenovallismo, pero resulta que donde más cojea el gobierno de Enrique Peña Nieto es en el combate a la corrupción, en el aumento de la violencia y que sus reformas en nada ayudaron a reducir la lacerante pobreza que sufren la mayoría de los mexicanos.

Por esa razón el discurso de Blanca Alcalá, aparte de estar mal estructurado, resultó vacío, sin ser atractivo para la población y se acabó topando con la realidad de un presidente frívolo, cuya familia política –que creó con la actriz telenovela Angélica Rivera– se la pasa luciéndose en revistas populares y exponiendo su nueva –e insultante– riqueza, frente a la situación de millones de familias que sobreviven con unos cuantos pesos.

Alcalá nunca pudo entrar en el ánimo de la población del voto verde, del sector más informado y crítico, ya que su mensaje de abusos del morenovallismo contrasta con la negativa de Enrique Peña Nieto de crear un sistema nacional de anticorrupción independiente, que sea creíble y ofrezca resultados reales en contra del enriquecimiento inexplicable de las élites políticas del país.

En la encuesta que publicó Reforma el pasado 19 de mayo, más allá del resultado de la intención del voto, hay dos datos más importantes, que son:

Casi 7 de cada 10 ciudadanos de Puebla dicen estar insatisfechos con el resultado que arrojó el gobierno de Rafael Moreno Valle, que fue fruto de una alianza electoral entre el PAN y el PRD. Esa calificación haría suponer que existe un ánimo de cambio político en el estado.

Tal vez si existe ese ánimo de cambio, pero la gente no quiere que lo encabece el PRI. Ya que en otra respuesta de la misma encuesta, 59 por ciento de los electores manifiestan que les gustaría que el estado siga siendo gobernado por una fuerza política distinta al Partido Revolucionario Institucional y solo 24 por ciento se pronuncia por el regreso del tricolor a la titularidad del Poder Ejecutivo.

El principal responsable de ese rechazo al PRI se llama: Enrique Peña Nieto y su gobierno lleno de frivolidades, abusos de poder y que tiene estancado al país en una severa crisis social.

Enrique Peña Nieto lleva 27 meses continuos con calificaciones reprobatorias de parte de la mayor parte de la población del país.

En marzo de 2014, por primera vez, el mandatario federal obtuvo un resultado por debajo de 6 en la aceptación de su gobierno y de ahí en adelante cada trimestre se reduce su aceptación.

Puebla no es la excepción, ya que casi 6 de cada 10 ciudadanos no están a gusto con los resultados de Peña Nieto.

Ese rechazo es consecuencia de la farsa de reformas estructurales que impuso el Peña Nieto bajo la promesa de que generarían más empleo, más inversión privada, un abaratamiento de los combustibles y la energía eléctrica, así como una mejor educación pública, aunado a un programa que prometía abatir los índices de hambre en las zonas rurales y urbanas de la República Mexicana. Nada de eso ha pasado.

Por el contrario, en el país no se hace nada efectivo por los pobres, por los pequeños y medianos contribuyentes, por los pueblos indios. Se percibe que se tiene un país más endeudado y con más desigualdad social, con más violencia y con millones de ciudadanos sin empleo o que sobreviven de la informalidad. Las escuelas siguen llenas de carencias y desde hace 20 años los salarios están contraídos.

Frente a esta realidad, Blanca Alcalá se mostró incapaz de poder zanjar la mala percepción hacia el PRI y Peña.

Nunca adoptó un discurso de confrontación abierta y directa contra los abusos cometidos en el actual sexenio, para lo cual tenía que iniciar con un buen diagnóstico.

Tampoco pudo ofrecer propuestas que trasmitieran un verdadero ánimo de que las cosas podían cambiar en materia de combate a la corrupción, los abusos de poder y la desigualdad social.

La mayoría de sus propuestas fueron lugares comunes o verdaderas frivolidades, como ofrecer crear salas de conferencia en Casa Puebla, que no le permitieron librarse del lastre llamado Enrique Peña Nieto, que nunca le dejó crecer en el ánimo del electorado que no es parte del PRI.

 

Para mayor información:http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2016/05/25/la-mala-imagen-de-pena-nieto-fue-un-lastre-para-blanca-alcala/

 

 

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