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La realidad del trabajo docente

Por Nahir González Sosa

¿Qué significa ser docente? Para mucha gente esto puede implicar simplemente trabajar en una escuela impartiendo clases dentro de un salón, sin embargo, la mayoría de las personas no saben el esfuerzo y la responsabilidad que este ejercicio conlleva; es por ello que en muchas ocasiones, menosprecian dicha labor y le dan mínima importancia, puesto que creen que atender alumnos es sencillo.

Según varios individuos, ésta es una tarea muy fácil, ya que sólo se necesita: pararse frente a un grupo, hablar, dar órdenes, dejar tareas y se acabó; por tanto, desde ese punto de vista, ¿qué grado de dificultad puede tener dicha acción? Tristemente, este es el razonamiento de mucha gente que en realidad no sabe lo que significa educar y como consecuencia, no reconoce la importancia de esta labor.

Ciertas personas piensan que los profesores son sólo una especie de capataces que no hacen más que poner en orden a sus alumnos con unos cuantos gritos y regaños; sin embargo, eso es una total irrealidad cuando se tiene el firme compromiso de educar verdaderamente.

La labor de los mentores es algo que va mucho más allá. Ser un profesional de la educación no significa ser un juez que ejerce su autoridad, significa ser un guía de pensamientos y de acciones, que habla con la verdad y que aporta las opiniones que considera convenientes para influir positivamente en las acciones y pensamientos de los individuos, con la esperanza de que lleguen a ser personas con valores éticos e intelectuales capaces de mejorar el entorno en el que viven. 

Ser docente no simplemente significa trabajar para ganar dinero, significa trabajar por el alto grado de compromiso y responsabilidad que se tiene con la sociedad; pues el pensamiento de los profesores comprometidos con su labor, se sustenta en convicciones profundas respecto al valor de la educación y su trascendencia en la vida humana.

Trabajar como maestro no sólo implica cubrir un horario por obligación, es estar abierto a compartir el tiempo desinteresadamente con una enorme cantidad de personas que tienen gran diversidad de ideologías y personalidades, sólo por el simple hecho de ayudar a forjar mentes más brillantes y consciencias más capaces de mejorar su entorno.

Educar académicamente no es simplemente cubrir un programa escolar, implica compartir conocimientos sustentados en la firme creencia de que esta acción tiene sentido y valor, pues a partir de sembrar una pequeña semilla en la mente y en el corazón de los estudiantes, nacerá un gran fruto que servirá para crear mejores ciudadanos que puedan dar una aportación importante al mundo. 

Además de lo comentado, se podrían mencionar muchas más aportaciones que realizan los profesores en pro del bien común, sin embargo, todo se reduce a una única acción grata y relevante: formar personas valiosas y capaces de afrontar los retos de este mundo. Más allá de todo, esa es su verdadera y gran aportación. 

Todos hablan de la docencia pero casi nadie conoce la realidad de esta labor. Pocos saben que los profesores –haciendo referencia a los que verdaderamente ejercen su oficio y no son sólo a los que son portadores del nombre asignado a su cargo- comienzan su trabajo mucho antes de entrar al aula; que para ellos la clase termina mucho después de la hora de salida; que pasan noches de desvelo preparando material para lograr motivar a los alumnos en el salón; que su tiempo libre no es para pasatiempos, sino para preparar lo que darán en clase; que se despiertan pensando en todo lo que harán en el aula para proporcionarle un rato ameno a los alumnos; que los estudios de los docentes no terminan con una Licenciatura ni con un Posgrado, pues viven estudiando eternamente para ofrecer lo mejor a su estudiantes; que se preocupan mucho por elegir las palabras justas para cada alumno sin herir susceptibilidades; que deben volverse abiertos, sensibles y perceptivos para poder saber cuándo un alumno necesita de su apoyo; que su legado no son sólo conocimientos, sino valores; pero lo más importante: que además de ser especialistas en enseñar lo referente a sus respectivas materias, deben ser especialistas en enseñar a los estudiantes a compartir, a respetar, a luchar, a esforzarse, a superar el fracaso, a superar los miedos, a caminar por el lugar correcto, a soñar cuando sea necesario; pero principalmente, deben ser especialistas en enseñar a los alumnos a valorarse y a creer en sí mismos para sentirse capaces de lograr todo lo que se propongan, pues más allá de instruir respecto a teorías y ciencias, la principal misión de los maestros es enseñar a los estudiantes cómo afrontar los retos de la vida.

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

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