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¿Quién traiciona a Blanca Alcalá?

Por Omar Carreón Abud

Javier Arellano Ramírez, Ricardo Morales y Alejandro Mondragón, entre otros, son tres de los mozos de estribo de los priistas del estado de Puebla, que han sido los encargados de inmolarse en aras de los intereses superiores de sus amos. Ésos que pregonan la tolerancia, el pluralismo y la reflexión seria sobre los grandes problemas nacionales están ahora, cagados sensu stricto de la ira, porque el inmenso Maestro Aquiles Córdova Morán, Secretario General del Movimiento Antorchista, se atrevió a criticar al Partido Revolucionario Institucional en un memorable discurso pronunciado durante la visita de campaña de la candidata Blanca Alcalá a Tecomatlán, Puebla, el pasado 10 de abril y, a decir, públicamente, unas cuantas verdades. 

Veamos una de esas verdades gigantescas pero inquietantes para los priistas poblanos: “José López Portillo, entre tantas tonterías que dijo, dijo una verdad: ‘yo fui el último presidente de la Revolución Mexicana’, y es cierto, eso es cierto, después de López Portillo, la Revolución Mexicana ha sido muerta y enterrada, ya nadie habla de eso, ya nadie se acuerda de los mártires de la revolución, ya nadie se acuerda de las demandas del pueblo en la revolución, ya nadie se compromete con las demandas del pueblo y la revolución pero no porque ya se hayan resuelto, porque entonces estaríamos felices, es simple cambio de rumbo, simple golpe de timón hacia la derecha, ésa es la verdad; las demandas, las carencias ahí están, y ahora son más graves probablemente que antes”.

¿Quién es el valiente que se atreve a entrarle con datos en la mano, enumerando las declaraciones públicas de los propios priistas encumbrados gracias a la revolución, hablando en defensa de los ideales de la revolución? ¿Quién, el que enumera uno a uno algunos de los logros más importantes del ideario de la revolución en los años recientes? No conozco ninguno. Casi cualquiera podría testificar y documentar cómo la Revolución Mexicana ha desaparecido de los discursos oficiales y partidarios y se le considera poco menos que un estorbo. ¿Quién se atrevería a demostrar en serio que, si bien la revolución ya no se mienta, ya es un antepasado incómodo, la realidad actual ya no necesita citarla porque los problemas de las mayorías están básicamente resueltos o en vías de solución? ¿Quién puede, pues, demostrar con datos contantes y sonantes que el Maestro Aquiles Córdova Morán falta a la verdad? Tampoco veo ningún valiente. Máxime que en el discurso de Tecomatlán al que me refiero, él sí dio datos. Y no de su propia investigación. Veamos nuevamente.

“El 22 de marzo, la Comisión Económica para América Latina, la Cepal, organismo dependiente de la ONU, publicó su “Panorama latinoamericano para el año 2015”, y ahí dice que México es uno de los países más pobres de América Latina, que en los años de 2012 a 2014 la pobreza en México aumentó 4.1 por ciento, (que) pasó de 37 y cacho a casi 42 por ciento el porcentaje de pobres en el país. Y dice también que la pobreza extrema subió no menos de 2 puntos y fracción; aumentó la pobreza total y aumentó la pobreza extrema en México de 2012 a 2014, es decir, los años de este sexenio. Dice que sólo en Guatemala, en Venezuela (cosa que dudo, me huele a calumnia, pero eso dice) y en México, la pobreza en vez de disminuir, aumentó; y lo dice la Cepal, un organismo absolutamente irreprochable desde el punto de vista de su capacidad para manejar estadísticas. La pobreza en México ha seguido creciendo”. Eso dijo el Maestro Aquiles Córdova Morán.

¿Falso o verdadero? ¿Y por qué no lo desmienten o refutan Javier Arellano Ramírez, Ricardo Morales y Alejandro Mondragón, el sicariato del PRI? Porque no les pagan por pensar tanto y, en el hipotético y remoto caso de que a sus amos sí les interesara el pensamiento crítico, tendrían que buscar a otros menos sandios… y más caritos. Por ello precisamente estos tipos se limitaron a echar mano de los recursos más bajos, desprestigiados y desprestigiadores del periodismo, a enseñar su vulgaridad y procedieron a insultar a quien arrostra el peligro de decir la verdad. 

“La verdad está en marcha y nada la detendrá –escribió Zola en “Yo acuso”–, cuando se entierra la verdad, la verdad se concentra, adquiere tal fuerza explosiva que, el día en que salta, hace volar todo con ella”.

Pero el lector tiene derecho a saber la verdad. ¿Qué traen los priistas poblanos prominentes? Desgraciadamente, eso sólo lo pueden responder con certeza los propios priistas prominentes poblanos o, en todo caso, los nacionales. Nosotros sólo podemos tratar de analizar lo que vemos y atenernos a lo que tiene de cierto la repetida frase de que, en política, lo que parece, es. ¿Y qué ve el gran público poblano? Que los más destacados priistas poblanos, aquellos que son todo lo que son gracias al partido y a los puestos de gobierno que han detentado, no aparecen, no figuran respaldando y accionando, como saben hacerlo cuando les interesa, la campaña proselitista de Blanca Alcalá.

Pero el caso es que, o no aparecen o aparecen sólo para cubrir las apariencias (que, por lo que la gente dice, no alcanzan a cubrir). Ahora bien, cuando Antorcha, cumpliendo lealmente su compromiso histórico con sus militantes, dice la verdad, aprovechan para arrojar sobre la organización y sobre su líder bolas de excremento, haciendo énfasis en que, por ello, traiciona a Blanca Alcalá. ¡“Al ladrón”!, gritan, para confundir a los perseguidores, los que llevan el botín y corren para el otro lado. No dude usted, amigo, que al final de cuentas, estos artistas de la maniobra -que son en realidad quienes en la época actual y con la democracia como hasta ahora existe, deciden quién gana y quién pierde- quieran hacer responsable al Movimiento Antorchista de la derrota de Blanca Alcalá, preparan un culpable de la traición que tramaron, instrumentan y conducen.

Ítem más. El mencionado Alejandro Mondragón, en un arranque que cualquiera catalogaría o como el de un delirio fascista o como el de un peligroso ataque de histeria, en plena transmisión radial, les mentó la madre a todos los antorchistas (sin que los veladores del espacio radioeléctrico se dieran por enterados) pero, que, bien visto, es en realidad una abierta provocación, una jugada para provocar desprecio general y alejar cualquier probabilidad de simpatía para un o una candidata de su partido. “No me ayudes compadre”, suplicaría quienquiera que estuviese en medio de una batalla, entendiendo bien que esos supuestos exabruptos son, en realidad, parte integrante del necesario alejamiento de votos para cuajar una maniobra traidora. En fin, amigo lector, espero haber ayudado, aunque sea un poco, a entender las majaderías de priistas y sus lazzaronis quienes, como se aprecia, no se detienen ante nada para defender sus despreciables  intereses. Vale. 

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