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Mercados tradicionales: viajes multisensoriales.

Por Abel Pérez Rojas

“Recorrer los tianguis mexicanos
es una ocasión de viajar multisensorialmente”.
Abel Pérez Rojas 

Las teorías económicas modernas dictan que la compra viene acompañada de la experiencia. Por eso, amigo lector, quiero proponerle que se dé la oportunidad de realizar un viaje multisensorial.

Sin advertirlo nos vamos acostumbrando a sólo ser estimulados por las estrategias del marketing con orientación norteamericana, cuyos principales mensajeros son la apariencia artificiosa, muy lejano a todo lo natural.

Para hacer un viaje multisensorial basta con recorrer un mercado tradicional mexicano, de esos que se niegan a morir ante los embates de los comúnmente llamados supermercados, modernos centros comerciales pertenecientes a grandes cadenas trasnacionales.

Hasta hace muy pocos años, al menos cada semana, generalmente acompañado, casi siempre en familia, y rara vez solos, podíamos realizar esos senderos con los cinco sentidos abiertos a embriagarse con los aromas, colores, texturas, formas y sinfonías lingüísticas.

Todavía esos tianguis (del náhuatl tiānquiz (tli) ‘mercado’) son verdaderos centros de aprendizaje con variadas vertientes: gastronómica, herbolaria, de fauna doméstica, de convivencia vecinal y de encuentro con otras costumbres de nuestro país, cualidades que revelan su origen ancestral y sus matices autóctonos.

Esta tradición prehispánica mesoamericana tuvo grandes exponentes en territorio nacional, como los mercados de Cuautinchan, Tepeaca, Huejotzingo, Tenochtitlan, Texcoco, Tlaxcala y Xochimilco, sólo por traer a colación unos cuantos.

Vistos en su contexto histórico y sociológico, los tianguis son una extensión del contacto tan cercano del hombre con la naturaleza, no sólo por sus productos sino por sus envolturas biodegradables.

Como se cita en Villela F.,  Samuel (s.f) Mercados indígenas en México. Revista de Arqueología Mexicana No. 122. Recuperable en http://www.arqueomex.com/S2N3nIndigena122.html, sobre el mercado de Tlatelolco, uno de los más característicos de la antigüedad: 

“Y desde que llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían. Y los principales que iban con nosotros nos lo iban mostrando; cada género de mercaderías estaban por sí, y tenían situados y señalados sus asientos”. (Díaz del Castillo, Bernal (1575) Historia verdadera de la conquista de Nueva España).

Además de cumplir con la misión de dotar de provisiones a las comunidades, sus raíces culturales se convierten en puentes de convivencia intergeneracional, por ejemplo a través de extraños alimentos como los caracoles, los ajolotes, los gusanos de maguey o las hormigas chicatanas.

La embestida de la llamada “modernidad”, cuya invasión con mercancías de procedencia extranjera, suele uniformar lo que es tan diverso por naturaleza y poco a poco borra nuestra riqueza cultural, vestigios del patrimonio histórico.

Cuando desaparece o pierde su identidad un tianguis, también desaparece un centro de estimulación multisensorial, centrado en los productos de la madre tierra, y es ese punto en realidad lo que ocasiona  un empobrecimiento de la vida y de la especie.

¡Visitemos  nuestros mercados tradicionales para mantenerlos vivos!  

 

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com. 

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7. 

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