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Festejo tricolor

Jorge Rodríguez Corona /A Puerta Cerrada /El Sol de Puebla

 

Después de Ana Teresa Aranda Orozco, quienes más festejaron por el ingreso de la ex panista a la elección de minigobernador fueron los dirigentes del PRI y su candidata, Blanca Alcalá Ruiz.

En el búnker tricolor esperaban con ansias el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que se dio el viernes, para conocer por fin cuál sería el rol que desempeñaría Aranda en la sucesión de gobernador que se encuentra en marcha.

Sabe usted que ocurriera lo que ocurriera, al interior del PRI se debatían diferentes opciones para incorporar a la entonces aspirante a candidata independiente en su “batalla Blanca”, en contra de la alianza Sigamos Adelante y de José Antonio Gali Fayad.

Al final ocurrió el mejor de los escenarios previstos por el tricolor.

Con Aranda como abanderada formal, los priistas creen que podrán arrebatar algunos miles de votos a Gali, buenos -quién sabe si suficientes-para el resultado.

Las primeras dos semanas de campaña le sirvieron al PRI para confirmar que Roxana Luna Porquillo, candidata del PRD, no será una aliada, ni directa ni indirecta, de sus intereses.

La ex diputada federal se ha lanzado en contra del morenovallismo y el PAN, sí, pero también lo ha hecho en contra del priismo y su abanderada.

El discurso de Luna, sumado al perfil de seguidores del partido que la postula, llevaron a concluir, en el PRI, que su presencia podría resultarles más perjudicial que favorable, a diferencia de lo que esperaban.

Eso tiene sentido.

A fin de cuentas, y pese a un pasado reciente de alianzas entre PAN y PRD, primero en 2010 y luego en 2013, el priismo y el perredismo tienen más en común que el perredismo y el panismo.

Por eso es que allá en el edificio de la Diagonal Defensores de la República requerían de la incorporación de Aranda, una candidata que, por su origen, podría arrebatarle más simpatías al partido blanquiazul que al tricolor.

Eso es lo que concluyeron en el PRI y lo que condujo a sus dirigentes a realizar una discreta celebración el pasado viernes.

Ahora habrá que ver qué tanto puede la ex panista influir en la campaña y saber en contra de quién o quiénes dirigirá sus misiles discursivos.

Sin duda que atacará, por encima del resto, al rival más fuerte, el que aventaja en esta contienda, Gali y el PAN, pero también tendrá que hacerlo con Alcalá y el PRI, y puede que en una de esas hasta eche por tierra las previsiones tricolores.

Hay tiempo para confirmar o desechar hipótesis como las que tratan de prever el impacto de Aranda Orozco y Luna Porquillo en la disputa electoral.

Todavía quedan seis semanas de campaña por delante.

Fuera de las posibilidades competitivas de cada una, y del sitio que vayan a ocupar al final de la elección, lo que sí hay que celebrar, como ciudadanos, es la participación de tres mujeres en una competencia que anteriormente estuvo dominada por hombres.

Los tiempos han cambiado.

 

***

No se llame sorprendido si Fernando Manzanilla Prieto regresa a ocupar un cargo de primer nivel dentro de la administración estatal, el año que viene, siempre y cuando ‘Tony’ Gali resulte vencedor en la contienda por la minigubernatura.

Cuentan que los escarceos políticos llevados a cabo hace un par de semanas entre el candidato panista y el cuñado del gobernador Rafael Moreno Valle podrían terminar con la incorporación del segundo al equipo de trabajo del primero, pero no en campaña, como se pensó en primera instancia, sino hasta que el panista asuma el poder en febrero próximo, en caso de ganar la elección.

La apuesta de Gali Fayad, de ser cierta, llevaría un doble propósito.

El primero y más importante, sumar a uno más de los cuadros distanciados del morenovallismo, un cuadro que por capacidad y experiencia podría ser muy provechoso para la campaña.

El segundo propósito tiene que ver con un futuro más lejano: la sucesión de 2018.

Incrustado en un bando político rival, ya fuese como cerebro y motor de lucha o como mero integrante de una bien conformada organización opositora, Manzanilla podría convertirse en un obstáculo para los objetivos sucesorios del grupo en el poder.

Dejarlo suelto implicaría riesgos, como el permitirle madurar la idea de una candidatura independiente hasta convertirla en un proyecto serio.

Del lado de Gali, en el gobierno, el peligro disminuiría.

Por eso no se extrañe si es que, ante un hipotético triunfo del partido blanquiazul, el ex secretario general de gobierno vuelve a la gestión pública.

Para mayor información:http://www.oem.com.mx/elsoldepuebla/notas/o_elsoldepuebla.htm

 

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