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De moda linchar a delincuentes

Por Guillermo Alberto Hidalgo Montes
Frente al hartazgo de la ciudadanía y la impotencia de algunas autoridades de los tres niveles de gobierno, en muchas latitudes del territorio mexicano, para poder desempeñar sus funciones en pro de la seguridad ciudadana (aunque esto no es ajeno a muchos países latinoamericanos, como más adelante veremos), se ha vuelto a poner lastimosamente de moda el hacerse justicia por la propia mano, contraviniendo lo establecido en el artículo 17 constitucional.

Algo a luces demasiado arriesgado. Ya el sociólogo alemán Max Weber sentenciaba: “Al Estado pertenece el monopolio de la violencia”, es decir, el Estado es el único facultado de dar castigo a los trasgresores de lo socialmente establecido, es decir, las leyes, desgraciadamente la impunidad y muchas veces la ignorancia han generado un caldo de cultivo propicio para justificar la violencia buscando “justicia”.

Pese a todas las filias y fobias que pueden existir en este tema algo es seguro, se corre el riesgo de cometer grandes equivocaciones, más grandes que la impunidad de los mismos delitos, expondré dos ejemplos:

Centenares de pobladores de Ajalpan, un municipio del estado mexicano de Puebla, lincharon a dos encuestadores tras ser señalados como probables secuestradores. Los agentes municipales detuvieron a los dos encuestadores, quienes se identificaron con credenciales del Instituto Nacional Electoral (INE) y de la empresa para la que trabajan.

Sin embargo, los pobladores enardecidos comenzaron a detonar cohetones y a repicar campanas para alertar a la comunidad, logrando congregar a más de mil personas.

Golpearon puertas y ventanas hasta que consiguieron entrar a la comandancia policial y sacar a los presuntos secuestradores. Tras golpearlos hasta la muerte, los quemaron en la plaza principal.

Esto se repite en un sinnúmero de regiones en México. Guatemala también ha sido escenario de crueles acontecimientos mediatizados por las redes sociales. Otro ejemplo es lo ocurrido en Perú, el 15 de enero del 2015, donde el empresario Feliciano Ituzaca Colla, de 42 años de edad, fue linchado y quemado vivo por pobladores de la urbanización Tambopata, distrito de Juliaca, provincia de San Román (Puno).

Este hecho ocurrió cuando Feliciano Ituzaca salía de un bar del Óvalo Vilcapaza con sus amigos al promediar la 1 de la mañana de ayer, y tomó una mototaxi para dirigirse a su domicilio.

Antes de llegar a su casa, el mototaxista, aún no identificado, intentó asaltarlo. El empresario sacó su arma y lanzó disparos al aire. En ese momento, vecinos de la zona que oyeron los tiros salieron de sus casas y se sumaron a la trifulca.

Tras reducirlo lo ataron a un poste y lo golpearon hasta dejarlo inconsciente. Le rociaron gasolina por todo el cuerpo y le prendieron fuego. Cuando los efectivos del serenazgo (policía de barrio) llegaron a la avenida Huancané y jirón Abraham Valdelomar evidenciaron que el 50% de su cuerpo presentaba graves quemaduras. El hombre no resistió y murió en el lugar. Su abogado, Darío Portillo Calsina, manifestó que no se trataba de un ladrón y señaló que era dueño de una empresa de transportes y de un taller de reparaciones automotriz, pero que fue confundido con un delincuente.

Sin duda alguna vivimos socialmente días muy obscuros, donde efectivamente existe una desconfianza en los aparatos del Estado, pero también la falta de objetividad y la creencia a ciegas de redes sociales generan psicosis colectiva. Ello causa zozobra y muchas veces dejamos de ser testigos de linchamientos mediáticos y reales para volvernos cómplices que, si no ejercemos violencia física, sí generamos violencia “virtual” que puede tener el mismo alcance, ya reza el dicho: “Tanto peca el que mata la vaca, como el que le jala la pata”.

hidalgomontes@gmail.com

 

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7.

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