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El México que recibirá al Papa Francisco

Por Juan Carlos Lastiri

Muchas cosas han pasado desde que Juan Pablo II visitara por primera vez nuestro país. 37 años han trasformado a México y somos una nación diferente, que ha cambiado y que ha madurado política y socialmente. Hitos que desencadenaron trasformaciones estructurales se dieron precisamente en las décadas trascurridas en este periodo.  

Uno de los sucesos más dramáticos, sufrido por los mexicanos, fue el terremoto de 1985, en donde junto con lo lamentable de la tragedia se dio el surgimiento de una sociedad más organizada y combativa, que reaccionó frente a los vacíos que dejo la autoridad en el momento. Así, de la misma forma, las décadas pasadas fueron testigos de la alternancia del poder, al llegar un partido distinto la Presidencia de la República, después de una larga estancia del PRI. Y en consonancia, el regreso al gobierno de este partido, pero con un ánimo renovado y reformador, muy distante del PRI de López Portillo.

Esto hechos, entre otros, han dado un rostro diferente a la nación mexicana. Hoy estamos frente al México resultante de la revolución tecnológica y de la informática. Somos actualmente un país de jóvenes, con tendencia a crecer y envejecer paulatinamente, hasta llegar el momento que se invierta la pirámide poblacional.

También, el México de 2016 ya es un país urbanizado, ya que cerca del 70% de la población habita en una ciudad.  El mexicano y la mexicana del siglo XXI participan más activamente en la vida pública. Y por supuesto, estamos ante una sociedad más equitativa en el tema de género.

Hoy somos un país que ha atravesado crisis económicas muy grandes, aprendiendo de éstas, para volverse más disciplinado en materia macroeconómica, lo cual le permite enfrentar y soportar los negros nubarrones del actual entorno internacional. Un país, en fin, que trata de ser tolerante, dentro de una polarización política y que cree en el camino democrático como el medio para lograr el entendimiento entre nuestros connacionales. Un país con grandes enemigos comunes, como la pobreza y la violencia.

 Éste es el México que recibirá el próximo viernes al Sumo Pontífice de la Iglesia Romana, el Papa Francisco.

Cada uno de los viajes papales, a tierras mexicanas, ha sido siempre de gran trascendencia. El poder de convocatoria de la figura papal ha encontrado, en esto lares, las movilizaciones más impresionantes. Siendo el antecedente de Juan Pablo II,  el primer Obispo de Roma en llegar a México, en lograr todo un paradigma que se hizo ya normal en sus posteriores visitas, siguiendo con Benedicto y, como es de esperarse hoy, con el actual Papa Francisco. Multitudes de gente anhelante de creer.

También es cierto que esta capacidad de atracción nunca estará exenta de un interés político, por lo que cada palabra y cada mensaje de Su Santidad deberán ser analizados minuciosamente, más allá de lo dicho en su papel de líder religioso. Y más este Papa, que en cierta forma vino a revolucionar a la Iglesia. Ha sido el primero en hablar libremente de temas espinosos para la estructura clerical y en general para la población católica. Pero su valentía y honestidad ha sido bien recibida, dándole aire fresco a un Iglesia milenaria y conservadora.

Es así que, este viernes por la tarde, al aterrizar en la Ciudad de México, Francisco será recibido por el Presidente de México, en el carácter de un jefe de estado que recibe a otro jefe de estado, pero indudablemente, en un acto protocolario que será visto por millones, criticado por lo eternos enemigos de todo, pero siendo muy reconocido por los que tienen fe, y no hablo solo de la fe religiosa, sino de todos aquellos que creemos y tenemos confianza en el futuro, de que a pesar de los graves embates económicos que vivimos, los que habitamos en México creemos en nuestro país y que debemos salir adelante.

A esto ha apostado el gobierno de Peña Nieto, el poder construir un mejor futuro, desterrando las trabas del paso y creando oportunidades para que todos puedan llegar a construir su propia historia de éxito. Ese es el país que va a encontrar el Papa, un país fuerte, noble, generoso y lleno de fe en su propio destino.

Bienvenido Francisco.

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7. 

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