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Nubarrones

Por Jesús Manuel Hernández

La noticia le cayó como balde de agua fría en día nublado, frío, el más frío en lo que va del año. Además, el Popocatépetl había lanzado erupciones y por tanto el cielo estaba no sólo nublado, también lleno de ceniza, opaco, el “sol azteca” no apareció y el Agusta no podía volar con seguridad.

¿Qué más le podía pasar aquél día?

Rafael Moreno Valle ha sido finalmente presa de sus propias ambiciones. Se cumple la sentencia de algún cercano colaborador en las épocas de Finanzas; “es el reflejo del caos y el desorden en el que Rafael mete a todo lo que toca” dijo uno de los integrantes del llamado grupo de los “jóvenes” cuando la obsesión de Rafael pudo más que la cohesión interna por la sucesión del amigo de su abuelo.

Y por si fuera poco, Ricardo Anaya le envió otro mensaje desde el PAN: no habrá alianza en Tlaxcala, con lo cual se cancela toda posibilidad de negociar en México el fracaso del consejo en la ex hacienda de Chautla.

La izquierda poblana no había mostrado tal división en muchas décadas. Los “neo perredistas” encabezados por Luis Maldonado y Jorge Benito Cruz Bermúdez, no poblanos y vecinos del exclusivo fraccionamiento “La Vista”, enfrentaron a la rebelión de la izquierda tradicional.

En otras épocas, la cabeza noticiosa del zafarrancho hubiera sido “Burgueses y proletarios se pelean por el PRD”. Ni más, ni menos.

De balde las gestiones económicas con “Los Chuchos”, de balde la apuesta a una alianza para levantar el porcentaje de aceptación del candidato oficial a la minigubernatura cuyo activo se ve disminuido y su pasivo aumentado con la actitud autoritaria del gobernador.

Los nubarrones nunca se habían sentido tanto en Casa Puebla en lo que va del sexenio, ni siquiera cuando el niño asesinado en Chalchihuapan o la masacre en Ajalpan.

Y curiosamente hubo un común denominador: Luis Maldonado y Cruz Bermúdez, los expriístas, exzedillistas, ex de Convergencia, ex de Compromiso por Puebla y ahora investidos como neo perredistas en una ciudad donde la lucha ideológica parece estar de vuelta gracias a que el gobernador sigue obsesionado en un proyecto que ya nadie avala.

Los nubarrones están presentes en Casa Puebla, pareciera que el lunes, Ricardo Anaya se quitó un competidor y la izquierda un obstáculo, o sea, murió el proyecto.

O por lo menos así me lo parece.

 

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