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Disipan (o eso parece) a los fantasmas de la traición

Jorge Rodríguez Corona /A puerta Cerrada/ El Sol de Puebla

Quizá sin proponérselo, Javier López Zavala vino a remover entre los priistas un asunto que en apariencia había sido enterrado hace algunos años: el de las traiciones u omisiones que padeció cuando fue candidato a gobernador en 2010.

Seguramente sin querer, el ex diputado federal ha llevado a los tricolores de hoy a reflexionar acerca de los errores de aquella elección para impedir que un fenómeno político de similares características irrumpa, y lesione, la próxima campaña de Blanca Alcalá Ruiz.

Para bien de la senadora, quienes se han detenido a recordar aquella historia, la de 2010, han concluido que las condiciones de entonces no son las de ahora, y que por tanto Blanca Alcalá se encuentra lejos de convertirse en blanco de sus propios compañeros de partido.

Seis años atrás, López Zavala fue designado candidato por decisión unilateral del entonces gobernador Mario Marín Torres.

Seis años atrás también, personajes priistas como el ex gobernador Melquiades Morales Flores, Enrique Doger Guerrero y la misma Alcalá ya cargaban sobre la espalda una historia de desencuentros con Marín que los condujo a pasarle la factura, costosa factura, a Zavala.

Habrá quienes digan que las traiciones y omisiones de 2010 no pueden ser de ninguna manera justificables, pero más allá del juicio ético o moral que acompañe a aquel episodio de la vida priista, esas acciones tuvieron una razón de ser: la obsesión de Mario Marín por quedarse con todo el poder (además de imponer candidato a la gubernatura lo hizo a la presidencia municipal de Puebla, con Mario Montero Serrano), aun después de terminado su sexenio.

Las personas que revisan con lupa el escenario electoral de 2016, y que han sido encomendadas desde la estructura federal para arropar a Blanca Alcalá, se muestran optimistas en torno a este tema.

Asumen que la senadora no ha generado ni remotamente el encono que sembró el ex gobernador Marín para provocar una revuelta silenciosa en su contra.

Junto con eso, tampoco parece haber dudas acerca de su posición de privilegio en las encuestas, frente al resto de los aspirantes o ex aspirantes tricolores.

Así las cosas, más que traiciones, lo que ven como una posibilidad, y un riesgo, es que algunos de los llamados cuadros distinguidos del PRI, de Puebla, opten por la falta de acción, que prefieran mantenerse a raya durante la contienda para no apoyar a la candidata.

Incluso para eso ya tienen el antídoto.

Vea usted.

Como ha trascendido esta semana en algunas columnas políticas, el Comité Ejecutivo Nacional de Manlio Fabio Beltrones, la Secretaría de Gobernación de Miguel Ángel Osorio Chong y la propia Blanca Alcalá han venido cocinando la puesta en marcha de una renovada estructura político-partidista que le permita a ella y al tricolor forjar una candidatura competitiva. 

Alcalá terminará por colocar a priistas de su máxima confianza en el Comité Directivo Estatal del partido y en la coordinación de su campaña, al margen de lo que harán Beltrones y Osorio, con todos los recursos de los que disponen, para apoyarla.

Eso disipará a los fantasmas de la traición y el engaño.

Y volverá poco relevante lo que quieran o no quieran hacer los precandidatos perdedores.

En eso ha trabajado la candidata.

Sus constantes y permanentes viajes a la capital del país han tenido como fin armar el equipo de batalla con que irá a la arena electoral. 

 

Para mayor información:http://www.oem.com.mx/elsoldepuebla/notas/o_elsoldepuebla.htm

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