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Reforma del DF: para el 2018, no para la capital

Por Carlos Ramírez

Sin debate, sin conocimiento ciudadano, sin consulta, el congreso podría aprobar esta semana, con las prisas de negociaciones en lo oscurito, intercambiando una ley por otra, la reforma política del Distrito Federal para convertirlo, sin decirlo, en el estado 32.

La idea no sólo no es mala sino que será inevitable, pero el problema radica en que se trata de una propuesta del actual jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, que eludió un debate social más amplio. Y lo peor radica en el hecho de que las reformas incluidas en nada resuelven los problemas de la ciudad, pero sí la convierten en un botín político.

Ya ahora la reforma es una moneda de cambio en el congreso: el PRI y el PAN la apoyarían a cambio de que el PRD a su vez vote por alguna ley priísta o panista. Los ciudadanos que habitan el Distrito Federal ignoran casi en su totalidad los cambios que contiene la reforma.

Un dato: la redacción de la Constitución será hecha por un congreso constituyente mixto formado por partidos políticos y por ciudadanos designados; por tanto, el documento será producto de una negociación. Lo ideal hubiera sido encargar el documento a una comisión de juristas de las principales universidades del país. Si la Constitución la redactan los partidos, entonces será un mamotreto peor que la Constitución federal, que ya nadie entiende por los más de 550 parches.

Otro problema estará en el cambio de nombre a la capital de la república: el DF pasará a ser Ciudad de México, una caracterización que hace imposible el gentilicio: ¿ciudaddemexiquenses, ciudaddemexicanos? Si ya hay un Estado de México, la Ciudad será de menor jerarquía si al final no hubo el atrevimiento de declarar el Estado 32. El gentilicio distritofederalense era largo pero identificable o resumido en capitalino.

En Posdata de 1970, el ensayista Octavio Paz hace un análisis crítico de la historia. “Hay un hecho que posee una significación particular y en el cual, que yo sepa, nadie ha reparado: la capital ha dado su nombre al país”, la ciudad de México. El nombre de México viene del imperio de México-Tenochtitlan que afianzó el centralismo, luego pasó a ser el Ayuntamiento de México en la colonia española. A finales de 1824 se creó el Distrito Federal por ser la sede de los poderes federales.

Paz recuerda que hay una “regla universal” que “exige distinguir cuidadosamente entre la realidad particular de una ciudad y la realidad plural y más vasta de una nación”, y el asunto se complica cuando las capitales son parte de la dominación centralista sobre la debilidad federal. “Ni siquiera los centralistas castellanos se atrevieron a violar la regla; Madrid, España”. Al final, agrega Paz, el dominio de la palabra México “evocaba la idea de la dominación azteca”, la “realidad terrible de esa dominación”. “Haber llamado al país entero con el nombre de la ciudad de sus opresores es una de las claves de la historia de México”. A ver cómo se acomoda con el debate pendiente: pasar de Estados Unidos Mexicanos a República de México, con dos entidades con el nombre de México.

Al final, la reforma política no ayudará al DF sino que será un trampolín de Mancera para el 2018. Por eso urge posponer su aprobación y abrir un debate capitalino.

Sólo para sus ojos:

•¿Y ahora? El problema educativo es de filosofía de la educación, no de evaluaciones. El país necesita una educación para la producción y la del 3º Constitucional sigue siendo cardenista.

•El salario mínimo no es cuestión de decisión política: todo aumento en la demanda vía salarios necesita de aumento en la oferta o el efecto será inflacionario.

•Pues dirán lo que quieran pero el empresario Donald Trump sigue subiendo en las encuestas. Y del lado demócrata sólo tienen a una Hillary Clinton que representa todo lo malo de su esposo Bill. Por ahora las encuestas darían empate técnico en la competencia Trump-Clinton.

•No pierdan de vista las elecciones del domingo en España: se prevé que siga la derecha del partido Popular y que se caiga el PSOE y que suban dos partidos nuevos, Ciudadanos y Podemos. La España de la transición será sólo historia.

•Jaloneos por la titularidad de la Secretaría de Cultura: el exrector José Narro exige su premio por controlar a la UNAM ocho años, pero la burocracia intelectual ya ha comenzado a mover sus piezas.

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