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¿Y la certeza?

Por Jesús Manuel Hernández

Extraña que hasta “Templo Mayor” del diario Reforma se asombre de que el Organismo Público Local Electoral de Puebla, OPLE, esté controlado por el gobernador y tenga mayoría de consejeros en combinación con el PRI.

Extraña, porque las elecciones en Puebla siempre han estado organizadas por personajes ligados al grupo político en el poder.

Lo que debiera extrañar ciertamente es que, por segunda o tercera ocasión, se opta por enviar a personas sin experiencia a desempeñarse en cargos que serán fuertemente condicionados y sometidos a la observación pública desde varios ángulos, sobre todo el nacional.

Si algún proceso electoral del país en 2016 será observado con lupa será el de Puebla, pues Rafael Moreno Valle es el principal actor del evento.

No se recuerda a ningún consejero presidente de organismo electoral que haya sido contrario al gobernador, alguno tal vez llegó con disfraz, pero se descubrió en el corto plazo. Por tanto, en Puebla no ha pasado nada diferente de lo que siempre ha sucedido en cuanto a quienes organizan las elecciones.

¿O es que acaso Toxqui, Jiménez Morales, Piña Olaya, Bartlett, Morales Flores o Marín han actuado diferente?

Uno de los privilegios de gobernar es ejercer el poder, y una de las mañas para retenerlo es actuar veladamente detrás de las instituciones sin perder el control.

Y eso, Rafael lo ha aprendido muy bien. Desde la vez primera en que su maestro le permitió “operar” en Tehuacan, descubrió una debilidad, “tirar la bola y esconder la mano”, decía a sus íntimos, “eso de operar” es muy fácil, presumía.

Y qué mejor que aparte de operar las elecciones tenga en la nómina al árbitro, a los jueces de línea, a los camarógrafos y a los comentaristas del partido.

Pero he aquí que todo eso le resta certidumbre al proceso y certeza a Antonio Gali de su futuro inmediato. ¿O no?

Y es que, en otras esferas, se contempla que Rafael ha firmado más compromisos con el peñismo que con el panismo, y de ser así, la organización de las elecciones sólo será creíble si pierde el candidato oficial, y para ello debe ser ejecutada con aliados, afines, controlables. Pues finalmente Moreno Valle no se juega sólo una minigubernatura, o una presidencia o la garantía de no ser molestado en los siguientes años y para eso necesita que alguien le cuide las espaldas, como el PRI de Puebla lo ha venido haciendo desde hace cinco años.

O por lo menos así me lo parece.

losperiodistas.com.mx@gmail.com

 

 

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