Ajalpan

Por Jesús Manuel Hernández

Después de los triunfos, imaginemos las escenas.

El jefe consiguió lo que ningún antecesor en sus mejores momentos. Controló al partido, sacó a los enemigos, cooptó a los disidentes luego de tenerlos boca abajo y con el pie encima.

Y por su fuera poco le encargan la comisión más importante del partido, la que lleva las relaciones políticas.

Acto seguido, su candidato se siente reforzado, empieza a recibir respaldos de propios y extraños. Los afines, por demás descontados, pero los inseguros, doblan la cabeza y acuden al apoyo. Todo sea por continuar con el gobierno de seis, ocho o catorce años, lo que soñó Ávila Camacho.

Todos están felices. Todos organizan festejos, comidas, cenas, tertulias triunfadoras, corre el alcohol, crecen las expresiones de triunfo y se alimentan los sueños en conjunto.

Un Presidente Municipal festeja con afines los nuevos proyectos mientras en su municipio son detenidos dos “encuestadores” confundidos semánticamente con “secuestradores”. La gente está cansada de tantas burlas, de tanto desapego de la autoridad con el pueblo, hay rencillas, polvos de viejos lodos.

Los pobladores se encienden por la confusión de las respuestas a ¿quiénes son, qué hacen? Son los “encuestadores”. ¿Secuestradores? Nadie corrige o si lo hace no se escucha, y entonces la turba crece y se cobra la justicia por propia mano. No había de otra forma, las autoridades nunca hacen justicia.

El encargado del despacho le avisa el munícipe en fiesta, éste le llama al responsable del área que también festeja, está hinchado de alegría, de Casa Aguayo a Los Pinos hay un paso, todo camina de maravilla.

En otra oficina reciben la información de la turba y los dos detenidos en Ajalpan. ¿En dónde pregunta el secretario jefe? ¿Jolalpan, Jalpan, dónde queda eso? Buscan en el mapa. Los datos no coinciden, pasa el tiempo. Cuando se ubica Ajalpan es demasiado tarde.

Dos mexicanos habían sido torturados, asesinados por la turba, fotografiados, subidas las escenas a las redes sociales, la policía incapaz.

La solución para Franco Rodríguez y su jefe es muy simple: El mando único.

La sincronicidad de los hechos demuestra nuevamente que la ceguera de la luz de Los Pinos opaca la realidad de Puebla.

¿Y por qué la turba asalta los archivos de la Presidencia Municipal de Ajalpan, por qué hubo saqueo de documentos, por qué nadie ha investigado sobre el tema?

No es un “mando único” lo que falta, es un gobierno dedicado únicamente a gobernar Puebla.

Por suerte para el grupo en el poder apareció “Patricia” y se llevó con los vientos los reflectores sobre Ajalpan.

O por lo menos así me lo parece.

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial del portal de noticias Ángulo 7. 

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